Espían e-mail de tres periodistas
Pero no descartó que el espionaje haya sido realizado por «sectores desplazados de los servicios» de inteligencia y aseguró que él mismo fue víctima en el pasado. Ayer el periodista Ernesto Tenembaum, quien se desempeña en radio Mitre, denunció que su cuenta de e-mail fue violada por hackers que le copiaron a distintas personas de su lista de contactos correspondencia privada que había mantenido con dirigentes políticos. La denuncia se suma a otras similares que formulado Daniel Santoro de Clarín, y Luis Majul, de radio La Red y programas de TV como La cornisa de Canal 2.
Fernández calificó de «tremendo» el espionaje y robo de los correos electrónicos, que representan una clara violación al derecho a la correspondencia privada y el secreto profesional periodístico. Por su lado Tenembaum comentó que colegas, funcionarios y ex funcionarios cuyas direcciones figuran en una cuenta personal que tiene en el correo de Hotmail recibieron, de su propia cuenta, mensajes de conversaciones que había mantenido con terceros, sin que él los haya enviado. A la vez Majul comentó en su programa televisivo La Cornisa que fue víctima de espionaje electrónico, pero con una cuenta de Yahoo. Y Santoro sufrió la violación de correspondencia que había mantenido con el juez federal Daniel Rafecas «off the record» sobre una causa judicial.
Hace pocas semanas el periodista de Clarín, Santoro, que encabeza el equipo de investigaciones de ese medio, denuncio que desconocidos espiaron y robaron correos electrónicos que él mantenía con el juez Rafecas en una clara violación al derecho a la correspondencia privada y al secreto profesional periodístico.
De esa intromisión informática sacaron copias de mensajes electrónicos en que el juez responde al periodista preguntas «off the record» sobre la causa en que se investiga a dos serbios millonarios por el intento de contrabando de 171 kilos de cocaína a Europa en un operativo conocido como «Viñas Blancas». A principios de marzo, esta causa no se encontraba bajo secreto de sumario.
Entre los mensajes figura una fotocopia de la pantalla del correo interno de Santoro en ese diario con la lista de todos los mensajes recibidos por el periodista del 27 de abril. El primero de los e-mails es el 1º de marzo, es decir cuatro días antes de que Clarín publicara la primera nota de una investigación sobre el casamiento de unos de los serbios sospechosos en una lujosa fiesta en el hotel Four Seasons, en esta Capital. Rafecas, además de haber investigado a los yugoslavos, está a cargo de una de las megacausas por violaciones a los derechos humanos cometidos durante la dictadura conocida como la del Primer Cuerpo de Ejército, en la cual tiene detenidos a decenas de militares, y del pago de sobornos en el Senado un expediente donde el magistrado tiene citado para la primera semana de junio al ex presidente Fernando de la Rúa, estos días de vacaciones en Europa. De la Rúa podría quedar detenido luego de la indagatoria como «imputado». Las fotocopias de los mensajes privados del periodista fueron entregadas al Tribunal Oral 5, que desde abril tiene la causa que investigó Rafecas, por el abogado José Manuel Ubeira, quien afirmó que las fotocopias le llegaron a su estudio en forma anónima. Ubeira y su socio Juan José Ribelli –un ex policía bonaerense declarado inocente en la causa de la mutual judeo-argentino AMIA y que ahora ejerce la abogacía– son los defensores de Dejan Trisc, uno de los yugoslavos imputados en la causa «Viñas Blancas».
El Tribunal Oral 5 dispuso que se abriera una causa para que se investigara si el juez Rafecas cometió algún delito a través de ese intercambio epistolar privado. La causa recayó en el juez federal Guillermo Montenegro. Con esta causa, Rafecas ya tiene 9 denuncias que buscan hacer caer la causa contra los yugoslavos.
El juez Montenegro tomó declaración testimonial a Santoro, quien confirmó que se trataban de mensajes suyos y dijo que sólo él conoce la clave secreta para abrir su correo electrónico en Clarín. Estimó que los desconocidos habrán usados algún «sistema especial» para hackear su correo electrónico desde la Web y señaló que consideraba que era «una víctima del delito de violación de correspondencia privada a través de Internet, como asimismo de violación del secreto profesional periodístico». Santoro se negó a dar al juez el nombre de sus fuentes de información amparándose en el secreto profesional periodístico establecido por la Constitución Nacional. Este derecho es un mecanismo esencial para ejercer la libertad de prensa. Si bien la violación de un correo electrónico no es un delito tipificado aún en el Código Penal, varios jueces lo equiparan con el delito de violación de la correspondencia postal. Grave. *
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