Amnistía: en América Latina se avanzó contra la impunidad
El 2005 ha sido un año de contradicciones, en el que «los signos de esperanza» para los derechos humanos «se han visto menoscabados por el engaño y las promesas incumplidas de las grandes potencias», afirmó la organización no gubernamental, con sede en Londres.
AI destaca, entre las «señales de esperanza», que en el 2005 se presenció «una de las mayores movilizaciones de la sociedad civil en la lucha contra la pobreza y a favor de los derechos económicos y sociales».
«Las personas corrientes se echaron a la calle para exigir sus derechos y pedir cambios políticos,» subrayó la directora de AI, Irene Khan, en un prólogo del informe 2006 sobre el estado de los derechos humanos en el mundo.
«Protestas multitudinarias sorprendieron a gobiernos represivos, obligándolos a hacer concesiones», señala Khan para explicar su «optimismo» al afirmar que se han registrado avances en la defensa de los derechos humanos.
Cita, entre otros, el caso de Bolivia, el país más pobre de Sudamérica, donde «protestas multitudinarias de campesinos, mineros y comunidades indígenas provocaron la dimisión del presidente y la elección del primer jefe de Estado indígena del país», Evo Morales.
AI se congratula además que en Latinoamérica «se quebró la inmunidad de anteriores jefes de Estado con el arresto domiciliario» impuesto al ex dictador chileno Augusto Pinochet y la orden de detención internacional cursada contra el ex presidente de Perú, Alberto Fujimori.
El informe deja claro sin embargo que, pese a estas señales de esperanza, la situación de los derechos humanos en el mundo sigue siendo bastante sombría, y que en todos los continentes persisten las violaciones, la represión, el terror y los atropellos de los los derechos más elementales.
Irak sigue sumiéndose en una espiral de violencia cotidiana, los palestinos y los israelíes continúan sufriendo y «la población más desprotegida y pobre del planeta sigue pagando el precio de la guerra contra el terror», denunció el informe de AI, de 400 páginas.
En Colombia, en China, en Sudán, y en Rusia, se violan a diario los derechos humanos, comprobó AI, que denuncia la pobreza, exclusión y desatención que sigue golpeando a la mayoría de la población del planeta.
Apunta también un dedo acusador contra la actuación de los gobiernos de las grandes potencias que, con la excusa de la guerra contra el terror, «secuestraron la atención del mundo apartándola de las graves crisis de derechos humanos que tienen lugar en otros lugares», como en Africa.
«Hubo gobiernos que, tanto colectiva como individualmente, paralizaron instituciones internacionales y malgastaron recursos públicos en pos de mezquinos intereses de seguridad», criticó AI.
Esos gobiernos «sacrificaron principios en nombre de la ‘guerra contra el terror’ y no se dieron por enterados de las violaciones generalizadas de derechos humanos» en varias zonas del planeta, como Darfur, afirmó Khan en el prólogo del documento.
AI pidió nuevamente a Washington que cierre la base norteamericana de Guantánamo, en Cuba, reiterando sus fuertes críticas contra Estados Unidos y Gran Bretaña defender el uso de la tortura, en nombre de este combate contra el terrorismo.
«Como consecuencia de ello, el mundo ha pagado un alto precio en términos de erosión de los principios fundamentales y también en la forma de un daño enorme a la vida y los medios de vida de la gente corriente», denunció AI, que critica con fuerza a los Estados «que pusieron, antes de todo, sus estrategias de seguridad nacional».
«Con la misma contundencia que condenamos los atentados terroristas contra la población civil, debemos oponernos al argumento esgrimido por los gobiernos de que es posible combatir el terror mediante la tortura. Semejante argumento es engañoso, peligroso y erróneo: no se puede apagar un fuego con gasolina», opina Khan.
AI reprocha también a los gobiernos la falta de avances y su incumplimiento con respecto a los objetivos de Desarrollo del Milenio, definidos por la ONU en la cumbre del 2000, que le dan prioridad al combate contra la pobreza y en favor de la salud y la educación de los más pobres del mundo.
AI Fustiga por eso a tantos gobiernos que dicen por ejemplo que defienden los derechos humanos de las mujeres, «pero que no cumplieron los objetivos internacionales de igualdad de acceso a la educación para las niñas».
El mundo requiere «una visión más amplia del significado de seguridad, así como un sentimiento compartido de responsabilidad» de los derechos humanos, concluyó AI. Amnistía Internacional (AI) denunció que en Venezuela continúa la polarización como «factor de desestabilización», el «acoso» a los detractores del gobierno «incluso por la vía de la justicia penal» y la brutalidad policial en el combate a la delincuencia.
En su informe anual, el organismo de derechos humanos indica: «la polarización política continuó como un factor de desestabilización. Hubo una preocupación constante por el hecho de que los detractores del gobierno estaban siendo sometidos a acoso, incluso por la vía de la justicia penal». *
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