"Esta revolución puede autodestruirse si no somos capaces de corregir nuestros errores"
El presidente cubano, próximo a cumplir 80 años, también encara el tema de su sucesión y explica porque no cree que Cuba seguirá el camino de la Unión Soviética aunque reconoce los peligros que la acechan. Este es precisamente el tema que aquí se transcribe gracias a la concesión de su autor. El libro de Ramonet agotó en quince días su primera edición original en castellano y pronto aparecerá en otros nueve idiomas.
-Si usted por cualquier circunstancia desapareciera, ¿su hermano Raúl sería su sustituto indiscutible?
-Si a mí me pasa algo mañana, con toda seguridad que se reúne la Asamblea Nacional y lo eligen a él, no le quepa la menor duda. Se reúne el buró político y lo eligen. Pero ya él me va alcanzando en años, van llegando, ya es problema más bien generacional. Ha sido una suerte que los que hicieron la revolución hayan tenido tres generaciones. También los que nos precedieron, los antiguos militantes y dirigentes del Partido Socialista Popular, que era el partido marxista-leninista, y con nosotros vino una nueva generación. Ya después, la que viene detrás de nosotros, e inmediatamente después, las de la campaña de alfabetización, la lucha contra bandidos, la lucha contra el bloqueo, la lucha contra el terrorismo, la lucha en Girón, los que vivieron la crisis de octubre, las misiones internacionalistas… Mucha gente con muchos méritos. Y mucha gente en la ciencia, en la técnica, héroes del trabajo, intelectuales, maestros… El país tiene un caudal de talento enorme… Esa es otra generación. Súmele los que ahora son de la juventud y estudiantes universitarios y trabajadores sociales, con quienes hay las relaciones más estrechas.
-Veo que no está usted preocupado por el porvenir de la revolución cubana; sin embargo, ha sido usted testigo en estos últimos años del derrumbe de la Unión Soviética, del derrumbe de Yugoslavia, del derrumbe de la revolución albanesa, Corea del Norte en esa situación tan triste, Camboya, que se hundió también en el horror, o la propia China, donde la revolución ha tomado un cariz muy diferente. ¿No le angustia a usted todo eso?
-Pienso que la experiencia del primer Estado socialista, la URSS, Estado que debió arreglarse y nunca destruirse, ha sido muy amarga. No crea que no hemos pensado muchas veces en ese fenómeno increíble mediante el cual una de las más poderosas potencias del mundo, que había logrado equiparar su fuerza con la otra superpotencia, un país que aplastó al fascismo, se derrumbara como se derrumbó. Hubo quienes creyeron que con métodos capitalistas iban a construir el socialismo. Es uno de los grandes errores históricos. No quiero hablar de eso, no quiero teorizar; pero tengo infinidad de ejemplos de que no se dio pie con bola en muchas cosas que hicieron quienes se suponían teóricos, que se habían empanfletado hasta el tuétano de los huesos en los libros de Marx, Engels, Lenin y todos los demás.He dicho en una ocasión que uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construía el socialismo. Hoy tenemos ideas, a mi juicio, bastante claras, de cómo se debe construir el socialismo, pero necesitamos muchas ideas bien claras y muchas preguntas acerca de cómo se puede preservar o se preservará en el futuro el socialismo. En cuanto a China es otra cosa, una gran potencia que emerge y que no destruyó la historia, que mantuvo determinados principios fundamentales, que buscó la unidad, que no fragmentó sus fuerzas. (…)
Entonces yo le puedo decir, y no deja de ser una cosa por lo menos digna de curiosidad, que cuando enormes potencias como la URSS, cuando tantos regímenes que usted cita y tantas cosas se destruyeron, este país bloqueado y todavía sin haber salido del «periodo especial», comparte, ayuda, forma, por miles, profesionales universitarios del tercer mundo -sin cobrarles un centavo-, y avanza realmente por todos los campos. Pero la pregunta que algunos se hacen es: ¿el proceso revolucionario, socialista, en Cuba, puede también derrumbarse?
¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben?
-Yo me he hecho a menudo estas preguntas. Y mire lo que le digo: los yanquis no pueden destruir este proceso revolucionario, porque tenemos todo un pueblo que ha aprendido a manejar las armas; todo un pueblo que, a pesar de nuestros errores, posee tal nivel de cultura, conocimiento y conciencia que jamás permitiría que vuelva a ser una colonia de ellos.
Pero este país puede autodestruirse por sí mismo. Esta revolución puede destruirse. Nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra. Si no somos capaces de corregir nuestros errores. Si no conseguimos poner fin a muchos vicios: mucho robo, muchos desvíos y muchas fuentes de suministro de dinero de los nuevos ricos. Por eso estamos actuando, estamos marchando hacia un cambio total de nuestra sociedad. Hay que volver a cambiar, porque tuvimos tiempos muy difíciles, se crearon desigualdades, injusticias. Y lo vamos a cambiar sin cometer el más mínimo abuso. *
(Exclusivo de IPS).
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