Berlusconi perdió en todos los terrenos: la Cámara, el Senado y la presidencia de la República

Giorgio Napolitano, presidente

DURANTE LA CAMPAÑA insultó a sus adversarios tildándolos de «coglioni» (boludos, huevones) y luego impugnó un cantidad de actas, lo que le valió la réplica oficial de que incurría en un grosero error. Pero ahora, tras la proclamación del presidente, «la commedia é finita», como dijo Romano Prodi, que será investido como primer ministro por Napolitano, el cual jurará mañana a la hora 17 en el Palacio del Quirinal, una de las siete colinas que rodean la Roma histórica.

 

El proceso de la elección

La feroz oposición de Berlusconi llegó, según un analista, a los límites de una guerra termonuclear, invocando un «complot comunista». En el programa Porta a Porta previo a la cuarta votación (dado que en las tres primeras se requería el inalcanzable guarismo de 2/3 de los integrantes) se leía en un enorme cartelón: Berlusconi: NO a Napolitano». Quiso arrastrar a esa tesitura a todos los aliados de Forza Italia en la Casa de la Libertad, ordenándoles votar en blanco, en actitud de patrón. Muchos se plegaron a su chantaje, pero no todos.

El miércoles 10 de mayo a las 12:50 se proclamó el resultado de la votación decisiva. Napolitano fue electo presidente de Italia por 543 votos. Se requerían 505, o sea la mayoría absoluta de los 1009 diputados, senadores y representantes regionales que la Constitución designa como «grandes electores». Allí estaban todos los votos de la coalición de centro izquierda L’Unione, más algunos de los democristianos de la UDC. (De paso sea dicho, la antigua democracia cristiana italiana, que durante más de medio siglo de posguerra estuvo al frente de sucesivos gobiernos, ha perdido gran parte de su poderío; el cuadro político se remodeló totalmente, y ha pasado al primer plano la coalición de centro izquierda ). El presidente de la Cámara de Diputados, Fausto Bertinotti, leyó los resultados. Hubo 347 votos en blanco, y una serie de sufragios por candidatos aberrantes, como 5 por Berlusconi o 42 por Umberto Bossi, de la Liga del Norte. Además, como consigna L’Unità, «molti deputati del centrodestra sono scapatti», o sea que se mandaron mudar. Los representantes de la UDC (5 de su ala izquierda votaron a favor) aplaudieron, y luego se plegaron los de Acción Nacional (AN) de Gianfranco Fini. En cambio, los de Forza Italia y los secesionistas xenófobos de la Liga del Norte no lo hicieron. Incluso el dirigente de la Liga Roberto Calderoli (ministro defenestrado que se despachó con inauditas declaraciones racistas contra todos los inmigrantes) manifestó que no reconocen a Napolitano, lo que fue considerado como «un disparate inédito en la vida de la República». Berlusconi tildó de traidores a los de UDC que votaron. El diputado Follini declaró públicamente su voto a favor, y el líder de la UDC, Pierferdinando Casini, dijo que la consigna del voto en blanco era «un error» y esperaba «ver madurar una amplia convergencia bajo el nombre de Giorgio Napolitano».

 

«Un ragazzo di Togliatti»

Son interesantes las reacciones de los diarios italiana ante el sucesor de Carlo Azeglio Ciampi. «Napolitano al Quirinale, garantía di tutti», decía uno. Otro destacaba que la centroizquierda había alcanzado todos los cargos de gobierno y Berlusconi había perdido todas las batallas. Para Il Manifesto, sobriamente, el electo es «Il Migliore» (el mejor). Otro, con filo político, lo designa como «un ragazzo di Togliatti», aludiendo al líder histórico del Partido Comunista Italiano (PCI) desde los años 20 y la posguerra. Se recuerda la conmoción que se produjo en Italia y en el mundo cuando Palmiro Togliatti fue víctima de un atentado a la entrada de la Cámara de Diputados.

«Del PCI al socialismo europeo» es el título de la reciente autobiografía en que el flamante presidente de 81 años rememora su larga trayectoria política. Licenciado en derecho en 1942, fundó un grupo comunista y antifascista que participó en numerosas acciones guerrilleras contra los ocupantes nazis. Afiliado al PCI en 1945, fue electo miembro de su dirección nacional y diputado por primera vez en 1953. Representó a Nápoles en la Cámara durante 43 años en sucesivas legislaturas, presidió el grupo comunista en el Parlamento, en 1989 fue electo eurodiputado, en 1992 asumió la presidencia de la Cámara y en 1996 el ministerio del Interior. Siguió al PCI en sus diversas transformaciones: PDS y hoy Demócratas de Izquierda, DS, dirigida por Massimo D’Alema, y asumió las relaciones internacionales del partido (fue algo así como el canciller «en la sombra»). L’Unità recuerda su participación en las fiestas anuales del periódico, sus vínculos estrechos con el pueblo, particularmente de su Nápoles natal y de Roma, su respeto por los militantes de base, lo describe como «mesurado, racional, convincente y realizador» y cita esta declaración suya: «No habría podido superar los momentos duros y amargos (…) si no hubiera mantenido y renovado un vínculo humano y no sólo áridamente político». .

 

Bertinotti en la Cámara, Marini en el Senado

Con la elección del presidente se cierra esta etapa. Previamente, la Cámara de Diputados había electo presidente a Fausto Bertinott, líder del Partido de la Refundación Comunista (que aumentó considerablemente su votación y su representación) y a la vez presidente del Partido de la Izquierda Europea (PIE), uno de los tres grandes bloques del Parlamento Europeo. Para el Senado, ha sido electo como titular Franco Marini, también de la coalición izquierdista.

Mientras tanto, Berlusconi va cuesta abajo en la rodada. Se suma a los gobernantes de derecha que pasan por el peor momento. La popularidad de Bush cayó a 29%, similar a la de Nixon cuando Watergate. Blair tuvo una votación municipal catastrófica, y varios ya se están probando las pilchas. Chirac está jaqueado por los cuatro costados, y asoma la candidatura de Segolène Royal para las presidenciales. Quizá el tema merezca otra nota. *

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