Los generales acusan al jefe del Pentágono por el fracaso en Irak
Las reclamos han generado otra crisis en la Casa Blanca -en medio de la creciente baja de popularidad del presidente George Bush- y de la preocupación en filas republicanas por la próxima elección al Congreso. Bush respalda por ahora a su ministro. Al menos siete generales retirados, de una organización influyente en la sociedad estadounidense que cuenta con cientos de miles de hombres, han hecho críticas públicas o piden la renuncia de Rumsfeld. Sin embargo, poco a poco, otros oficiales de relevancia han comenzado a deslizar sus cuestionamientos en la prensa o en forma reservada, incluso dentro del Pentágono.
La actual ronda de ataques contra Rumsfeld comenzó el mes pasado, cuando el general retirado del ejército Paul Eaton, encargado del entrenamiento de las nuevas Fuerzas Armadas iraquíes en el primer año de ocupación estadounidense, criticó a su ex jefe.
En una columna que escribió para el diario The New York Times, Eaton calificó al secretario de Defensa de llevar adelante una política «estratégica, operativa y tácticamente incompetente».
Al general Eaton le siguió el general retirado de la marina de guerra Gregory Newbold, principal oficial operativo del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas estadounidenses antes de la invasión a Irak.
Newbold se criticó a sí mismo por no cuestionar la operación militar y criticó la falta de experiencia en el frente de batalla de la mayoría de los denominado halcones del gobierno de Bush.
En declaraciones a la revista Time, el general Newbold cuestionó «los pasos equivocados y los errores de juicio» de la Casa Blanca y el Pentágono. «Lo que vemos ahora es consecuencia de sucesivos errores políticos», aseguró.
Otros generales retirados, entre ellos John Batiste quien sirvió en Irak y colaboró con el ex subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz-, Charles Swannock Jr. -comandante de la 82 División Aerotransportada en Irak- y John Riggs formularon también sus propias y agudas críticas.
El general Batiste indicó que se necesita «una dirección que respete a los militares «. Batiste tuvo la oportunidad de que lo ascendieran a teniente general de tres estrellas para que retornara a Irak, pero rehusó la promoción porque no quería servir a las órdenes de Rufmsfeld, según el diario The Washington Post.
Sin embargo, durante una visita de Rumsfeld a Bagdad en diciembre de 2004, el general Batiste se había referido al jefe del Pentágono como «un hombre de coraje y convicción».
«Realmente creo que necesitamos un nuevo secretario de Defensa, porque Rumsfeld tiene una carga muy pesada», aseguró por su parte a la cadena de televisión CNN el general Charles Swannock Jr. «Creo que necesitamos líderes militares que entiendan los principios de la guerra y los apliquen sin miramientos», añadió.
El malestar va en aumento y, según afirmó al diario The New York Times el ex secretario del Ejército, Thomas White, «Rumsfeld ha desdeñado las opiniones de los mandos militares desde que asumió como secretario de Defensa». Aseguró que «era hora» de que los militares «se hartaran».
«Una guerra que seguirán librando nuestros nietos»
En declaraciones que publicó el diario The Washington Times, el general retirado Robert Scales, ex comandante del Colegio de Guerra del Ejército, se sumó a las criticas a Rumsfeld, aunque no pidió su renuncia. Scales opinó que el Ejército, la Infantería de Marina y las unidades de operaciones especiales necesitan 100 mil soldados más. «Si estamos en una guerra larga, una guerra que seguirán librando nuestros nietos, es obvio que necesitaremos una fuerza de infantería mayor que la que tenemos», explicó.
El general Jack Keane, ex subjefe de Estado Mayor del Ejército hasta su retiro en 2003, fue algo más indulgente y señaló a The New York Times que en la planificación de la invasión de Irak tanto los oficiales militares como los responsables civiles del Pentágono subestimaron la amenaza de una insurgencia duradera.
Por eso, en su opinión, «en esto hay una responsabilidad compartida» y «no se puede culpar sólo a los funcionarios civiles».
Lo que iniciaron las críticas contra el jefe del Pentágono fueron dos generales retirados de peso. El ex jefe del Comando Central, Anthony Zinni, y el ex comandante de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Wesley Clark, habían pedido el cese de Rumsfeld hace ya dos años.
«El mayor error de Rumsfeld fue que desechó 10 años de planificación para ocupar Irak, y allá fuimos sin un plan», dijo Zinni, que estuvo al frente del Mando Central desde 1997 a 2000. En su opinión, el secretario de Defensa tiene «un estilo prepotente y una falta de disposición a escuchar» el consejo de los mandos militares.
Zinni recordó que el general Eric Shinseki dijo al Congreso que para la operación se necesitaría una fuerza de por lo menos 300.000 soldados. Rumsfeld refutó esa idea y se invadió Irak con unos 160.000 soldados. Tres años después, Washington mantiene en Irak más de 130.000 soldados y sin un calendario de salida del país.
El ex secretario de Estado Colin Powell, otro general retirado que como jefe del Estado Mayor Conjunto condujo la guerra del Golfo en 1991, también acusó al Pentágono de cometer «algunos errores serios» en Irak, si bien no pidió la renuncia de Rumsfeld.
El coronel retirado Laird Anderson, quien prestó servicios en las Fuerzas de Operaciones especiales, dijo que los oficiales retirados «están en la mejor posición para criticar a la conducción civil» del Pentágono. «Son personas que saben de qué hablan», añadió.
«Rumsfeld debe escucharles con mucha atención» porque «son hombres que, desde el punto de vista de las operaciones, entienden cómo se conduce una guerra. Si no los escucha, está loco», dijo según declaraciones recogidas por la prensa estadounidense.
«Los militares no juzgan a sus jefes civiles»
Entre los generales retirados que lo defendieron figuran el ex jefe del Comando Central, Tommy Franks, y el ex presidente del Estado Mayor Conjunto, Richard Myers.
«Hay estándares profesionales que usted tiene cuando se está con el uniforme que continúan cuando usted se retira», señaló Myers, ex Jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense, a la cadena de televisión ABC. «Es inadecuado, porque los militares no juzgan a nuestros jefes civiles», dijo Myers, que dejó su puesto como consejero militar hace meses. Además, las continuas críticas de ex líderes militares contra Rumfeld dañan al presidente estadounidense George W. Bush, afirmó. «Cuando usted juzga al secretario Rumsfeld, también juzga al comandante en Jefe, porque esto es una cadena de mando», precisó.
Este año el jefe del Pentágono se ha reunido más de 60 veces con miembros del Estado Mayor Conjunto y los generales de cuatro estrellas que están al frente de los mandos combinados, según informes oficiales.
El senador republicano Mitch McConnell se sumó a los llamados en defensa de Rumsfeld y aseguró que es «un secretario espectacular de Defensa, uno de los mejores de la historia estadounidense».
Mientras, el secretario de Estado del gobierno del presidente Richard Nixon, Henry Kissinger, señaló también que Rumsfeld era «un funcionario distinguido que ha hecho un trabajo excepcional».
«Estoy extremadamente preocupado de haber visto un grupo de generales retirados intentado forzar a nuestro secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a que renuncie. El presidente Bush tiene razones de mantenerlo en su puesto», declaró Gerald Ford, el ex presidente estadounidense más veterano que aún vive.
«Permitir a generales retirados imponer la política y
la dirección de nuestro país constituiría un peligroso precedente que afectaría de forma grave la larga tradición de subordinación de los militares al poder político en nuestro país», agregó el ex mandatario.
Rumsfeld fue secretario general de la Presidencia y luego secretario de Defensa de la administración de Ford.
«Es obvio que si entre miles de almirantes y generales, cada vez que dos o tres están en desacuerdo, cambiáramos al secretario de Defensa de Estados Unidos, sería un juego», señaló Rumsfeld en su única reacción pública desde que comenzaron a sucederse las peticiones de renuncia.
Pero al apoyo que aún le permite dirigir a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos fue del presidente. «El liderazgo enérgico y decidido del secretario Rumsfeld es exactamente lo que necesitamos en este período crucial», dijo Bush en un comunicado difundido luego de dialogar con el jefe del Pentágono sobre operativos militares en la «guerra al terrorismo» que lleva adelante Estados Unidos.
«La decisión de mantener o no al secretario Rumsfeld depende del presidente», dijo el senador oficialista John Warner.
Pero como era de esperar, ni bien comenzaron las críticas y los pedidos de renuncia, la danza de nombres para un futuro jefe del Pentágono entro en escena.
La mayoría de los candidatos a suceder a Rumsfeld son considerados realistas, lo que en política exterior significa una visión más tradicionalista, vinculada con la gestión del ex presidente George W. Bush, padre del actual mandatario.
Entre ellos figuran el embajador en Alemania, Dan Coates, el presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, John Warner, y el ex subsecretario de Estado Richard Armitage, quien llamó hace pocos día a establecer un diálogo directo con Irán.
A pesar de ser conservadores, los realistas se muestran más proclives a contentar a los militares en actividad y a los funcionarios de carrera del Departamento de Estado. La única excepción es el senador Joseph Lieberman, del opositor Partido Demócrata y ex candidato a la vicepresidencia, quien tiene una posición tendiente al enfrentamiento con Irán, trascendió en Washington.
Esta batalla, inédita en Estados Unidos, entre los generales y el jefe del Pentágono también determinará cómo será la futura política de Washington respecto a Irán. Hoy Bush no descarta ninguna opción ante el gobierno de Teherán.
Mientras, los demócratas que también apoyaron la invasión a Irak- esperan que esta polémica le pueda redituar votos en detrimento de los republicanos en los próximos comicios legislativos, pensando además en la elección presidencial de 2008, en donde intentarán cortar la era republicana en la Casa Blanca. *
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