Kirchner y el peronismo ortodoxo
Es que pareciera que va ocurriendo todo lo contrario, ya que el Presidente le está otorgando a los abanderados de la ortodoxia justicialista cada vez más espacio en detrimento de aliados tempranos de quien fuera gobernador de Santa Cruz. La última, al menos por ahora, trifulca con el peronismo del pasado, fue la campaña contra Eduardo Duhalde, a quien demolió. Ahora una parte de ese espacio se alinea con el Presidente. Un dato: Graciela Caamaño, diputada por el duhaldismo, esposa del dirigente gastronómico Luis Barrionuevo, recibió el respaldo del oficialismo para ocupar un cargo directivo de fuste en la cámara baja. Aunque se niegue, la sombra de un acuerdo entre el kirchnerismo con las huestes de Barrionuevo, sinónimo de los peor, queda flotando, lo que es uno de los horribles mensajes que pueden recibir los que apostaron a una política de renovación que encabezaría Kirchner. Tan repudiable como el acuerdo del oficialismo con Ramón Saadi, en Catamarca, que es como pactar con la corrupción.
Una de las críticas que más hieren al Presidente es su falta de apego a las normas republicanas, un caballito de batalla de la oposición de centro-derecha pero también de segmentos del centro-izquierda, como el socialismo o el ARI, de Elisa Carrió. Normas republicanas no son únicamente la separación de poderes o darle al Parlamento el papel que debería tener en un sistema democrático. En rigor, Kirchner no viola la ley, está en su límite sobre todo en cuanto se refiere a aplicar con insistencia los decretos de necesidad y urgencia (DNU). Nadie como él apeló a ese mecanismo constitucional, pero que obliga a una revisión de cada decreto por los legisladores, cosa que (casi) nunca ha ocurrido. Normas irrenunciables son, también, el acatamiento a la ley, por caso a las Convenciones Colectivas de Trabajo. De hecho, Kirchner en reuniones privadas con las cabezas de los sindicatos de fuste, como el de camioneros o empleados de comercio, reemplaza la discusión sobre todo de los salarios.
A los que acatan el 19% escalonado, el Presidente les da su bendición, aunque los dirigentes sindicales no hayan hecho si quiera un simulacro de asambleas o de convocatoria de los delegados, para ver si está bien o no lo acordado, ya que, por ejemplo, a la parte empresaria no se le es exigida información sensible como son sus beneficios, en muchas ramas que estos días charlan sobre incrementos salariales, son francamente fenomenales.
Un caso lastimoso acaba de ocurrir con los empleados del Estado, el más atrasado en cuanto a remuneraciones desde que el peso fue devaluado. Es el sindicato que los agrupa mayoritariamente, Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) con los maestros, una de las columnas de la Central de Trabajadores Argentinos, CTA, que lidera Víctor De Gennaro. ATE como pide el 30% de aumentos salariales y el reclamo no es un señuelo para los afiliados que allí realmente son consultados, Kirchner pacto con el ex menemista Andrés Rodríguez, que dirige la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), en su despacho y sin debate algunos con las bases, un 19%, que es la meta que se ha dado, con el argumento que por encima de ello, los salarios pasan a ser un componente de la inflación.
A la CTA antes de las elecciones presidenciales de 2003, se le había prometido el reconocimiento como central sindical para discutir convenios laborales, un rito necesario sobre todo para sus sindicatos de base, muchos de ellos en pelea con sus direcciones nacionales, más apegada al gremialismo de conciliación. Ese reclamo está archivado, a pesar que hay una vieja exigencia de la OIT a favor de la CTA, pero sobre todo por que Kirchner prefirió pactar con el ala de la CGT que encabeza el camionero Hugo Moyano y una de sus condiciones era que CTA no tiene juego. Ahora el presidente va por más y alinea a los «gordos», llamados así por el numero elevado de trabajadores que engloban aunque en su mayoría no son afiliados, enfrentados a Moyano, tanto para acotar al camionero excesivamente ambicioso como atraerlos bajo su liderazgo. Los «gordos» fueron las base sindical de Menem.
«Kirchner nos cagó», gritaron los de ATE el jueves por millares en las calles porteñas, movilización en respaldo a las demandas no solo de más plata sino también de condiciones de trabajo, asunto del que no se habla en esos acuerdos en el despacho presidencial donde, incluso los cuerpos orgánicos de los gremios, son de palo.
De suyo este episodio puede hacer estallar la CTA que hace poco en un congreso con más de 8 mil delegados representando a un millón y pico de adherentes, logró un muy frágil acuerdo interno. Es que hay dirigentes que hoy son altos funcionarios públicos o legisladores nacionales, pero no solo por el kircherismo. Lo hay por el ARI o independientes y cada vez es más difícil compatibilizar sus diferentes opiniones frente a Kirchner aunque se le reconocieran cosas positivas sobre todo en la vieja lucha contra la impunidad para los responsables de violaciones a los derechos humanos.Hay otro hecho llamativo. Hebe Bonafini que es la mítica dirigente de Madres de Plaza de Mayo y tiene pase libre al despacho presidencial, dijo el jueves durante la semanal marcha de esas mujeres: «El gobierno del presidente Kirchner está rodeado de basura, está rodeado de chorros. Cuando uno ve la gentuza que entra a la Casa de Gobierno se asusta. Nosotros todos los días desde acá le decimos: ojo Presidente, que los que se cambian de hoy para mañana, que un día son duhaldistas, menemistas y ahora kirchneristas, también lo van a traicionar a usted… Y esos tipos no pueden tener cabida en la Casa de Gobierno. Y uno en estos días los ha visto desfilar. Y nos da miedo y nos preocupa que en la Casa de Gobierno todos somos iguales. No señor, Presidente, no somos todos iguales». Es que horas antes Kirchner se fotografió en una ceremonia donde se hizo una nueva concesión a un grupo privado del ferrocarril Belgrano. Al lado del Presidente quedó estampada la imagen del empresario Franco Macri, padre de Mauricio, la cabeza de la derecha porteña pero ese no es el tema, sino que aquel hizo sus grandes negocios bajo la dictadura y con el menemismo. En la mesa estaba el titular de la Unión Ferroviaria, José Pedraza: un día más tarde un juez federal lo acuso de defraudador por 50 millones de pesos a afiliados al gremio y anunció que será procesado. No hay explicación oficial, porque en esa canonjía también participa Hugo Moyano. ¿Paz social a cambios de negocios? Por primera vez la semana pasada un juez decidió el procesamiento de un alto funcionario. Se trata del secretario de agricultura y ganadería, Miguel Campos, acusado de corruptela en el reparto de la llamada cuota Hilton, es decir, los mercados para las carnes de primer nivel, un negocio por unos 200 millones dólares anuales. Al igual que durante Carlos Menem la orden oficial es no pedir la remoción del funcionario hasta que la sentencia no este firme.
Aquellos que no quieren perder la fe argumentan: «Para Kirchner lo importante ahora son dos asuntos. Uno, seguir creciendo a más del 8% y dos, mantener la inflación contenida al 10-11% y, claro, que a fin de año, la desocupación baje aunque sea por un pelito, a un dígito. Lo demás, esta supeditado a esos objetivos, incluso las alianzas o acuerdos pampas que se sale a luz estos días».
De paso hacen saber que kirchneristas de nueva horneada están haciendo pie en sindicatos importantes, como relevos a los gremialistas con el pasado sucio y más cerca de ser millonarios que pelear por los derechos de los trabajadores. También cuentan que el Presidente tiene cuadros hilvanando relevos en cada comuna con alcaldes más cerca de ser reclamados por los tribunales que por los diplomas de honor. Pero por ahora, «estos impresentables» hasta hace poco execrados p
or el primer mandatario, sonríen con él cuando posan para los chasiretes.
Si esta tendencia no es tal, si solo es una herramienta política de acumulación, pero que todo ira según el curso renovador prometido, acaso para las presidenciales de 2007 que no solo por el empleo mayor serán vitales sino que se renuevan casi todas las gobernaciones, así como la mitad de la cámara baja y un tercio de la alta, se puedan ver un cambio saludable. Sin embargo, como están ahora las cosas, puede haber otra vez sopa.
El diferendo argentino-uruguayo por aquello de las pasteras en Fray Bentos, debiera empequeñecer los relatos de cómo se va ladeando el oficialismo. No es cualquier momento; son tiempos donde la visión debe estar fijada en los emprendimientos de prosapia estratégica, como los gasoductos (el que se ha discutido en Asunción con el gas boliviano como estrella, el que impulsa Hugo Chávez con la riqueza venezolana sobre la mesa). Mirado el mundo en tensión y las posibilidades de crisis energética, dañar o debilitar la construcción de esos transportes de gas, sería un delito. Esta semana habrá una cumbre entre los dos más grandes del Mercosur, primero ellos solos, el martes, en San Pablo y el miércoles con su aliado rico, Venezuela donde el gasoducto será la prima dona y aunque Kirchner no quiera, ni Lula ni Chávez dejaran de decirle, nadie sabe como, que hay que encontrar una salida urgente al diferendo con Uruguay. Amén de asuntos bilaterales, los dos mayores abordaran una posición común en el Consejo de Seguridad sobre Irán, donde no están contemplados ni apoyo a Washington ni a Teherán. Al venezolano Kirchner le dirá que respalda la nominación de su país, a pesar de la oposición norteamericana, cuando se renueve el Consejo de Seguridad.
Sería odioso cargarle todo el peso a la Argentina. O a su Presidente. Este analista ha escrito positivamente sobre él cuando así lo consideró, pero intuye que hay un fuerte componente de prepotencia en la postura de Kirchner. Ningún experto, y los hay a favor y en contra de las pasteras, niega que el reclamado estudio de impacto ambiental no pueda realizarse si las obras continúan adelante. Pareciera que la necesidad de satisfacer al grupo duro de asambleístas de Gualeguychú, que no quiere en rigor ningún acuerdo porque el objetivo es que las papeleras no se construyan, parece obsesionar la posición oficial respecto a Botnia.
Kirchner que no quiere sacar el caso de lo bilateral, apeló públicamente al gobierno de Finlandia y ya se sabe por experiencia que la diplomacia no tiene lugar fuera de la discreción. Conclusión: así nunca hubo posibilidad de que Helsinski hiciese algo. Peor aún: el gobierno quedó más aislado internacionalmente, como lo reflejan las opiniones de la Unión Europea.
Vale la pena decirlo para que no haya equívocos: hay que darle seguridades a la gente, y no solo de Gualeguaychú de que la construcción no dañará el futuro de millones, pero ningún fundamentalismo en este asunto, puede acotar la política externa del país.
El daño a las relaciones humanas entre las dos naciones, ya es enorme, a no equivocarse. Y se tardará en repararlo, mucho más si como consecuencia de esta pelea inconcebible, todo el andamiaje integrador, en lo que vale, como es la construcción de emprendimientos de infraestructura, asegurarse energía que es lo garantizará desarrollo sustentable de todos, se desmorona. *
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