Anarquía en una monarquía

En estos días Nepal se siente como si viviera inmersa en una doble trama temporal. Un rey medieval que quiere ser un soberano absoluto está en guerra con guerrillas inspiradas en la China maoísta de los años sesenta.

En medio de ambos oponentes se asoma el rostro moderado, moderno de Nepal, promovido por los partidos políticos pro-democráticos, la sociedad civil y los medios de comunicación. Pero están siendo acosados, se encuentran en plena lucha por su sobrevivencia.

Esta semana, una alianza de siete partidos políticos ha liderado protestas callejeras para presionar al rey Gyanendra para que reestablezca la democracia, dando marcha atrás a su golpe militar del 1 de febrero de 2005.

Los manifestantes se han enfrascado en batallas campales con la policía anti-disturbios durante cinco días sin tregua. Cuatro personas han muerto, y hay docenas de heridos. Y cientos de activistas y periodistas han sido arrestados en todo el país.

Durante el pasado año, la mayoría de los nepalíes se mantuvieron apartados de las protestas anti-monárquicas. No confiaban en los partidos políticos a los que culpaban de la mala administración y de la corrupción de los gobiernos sucesivos al levantamiento popular en 1990.

A su vez, desilusionados con la democracia, los maoístas se lanzaron a la lucha armada en 1996 para convertir a Nepal en una república popular.

El rey Gyanendra asumió el poder absoluto el año pasado diciendo que los partidos eran un desastre, y que es su deber «domar» a los maoístas y reestablecer la paz. Pero en vez de perseguir a los rebeldes, ha desmantelado sistemáticamente las instituciones democráticas y enviado a la cárcel a los líderes políticos. Esta situación ha forzado a los partidos a formar a regañadientes una alianza con los maoístas. Los rebeldes respaldan las protestas encabezadas por los partidos presionando así al monarca para que restaure la democracia.

Desde la pasada semana, Nepal vive una nueva situación.

La gente común que hasta hace un mes estaba al margen de los acontecimientos, salió a las calles a dar su apoyo a las protestas encabezadas por los partidos pro-democráticos. Médicos, académicos, periodistas, empleados públicos y ciudadanos en general afrontaron las amenazas y los toques de queda para unirse a las manifestaciones.

Una encuesta de opinión el pasado mes mostraba que los nepalíes desean mayoritariamente que los maoístas renuncien a la violencia, rechazan tanto a la monarquía absoluta como a la república, y prefieren una monarquía constitucional, aunque no les guste el actual monarca. Pero el rey no les presta atención.

La cúpula maoísta, bajo la presión de los partidos políticos y de la vecina y poderosa India, parece ahora dispuesta a un cambio de estrategia.

Todo parece indicar que los camaradas se han convencido de que una completa victoria militar sobre el ejército no es factible tras diez años de lucha y 13.000 muertos, y que tendrían más posibilidades de acceder al poder a través de una alianza con los partidos políticos.

Para el rey Gyanendra y su ejército la alianza entre los partidos y los maoístas es el enemigo principal, y advierten a los políticos que serán tratados como «terroristas» si no se apartan de los rebeldes armados. Por su parte, el embajador de EE.UU. en Nepal mira con desconfianza a la alianza y dice que se trata de una cobertura urdida por los rebeldes para ocupar la capital y asumir el gobierno.

Los líderes partidistas responden que están convencidos de que los rebeldes quieren una salida digna y acusan al rey de intentar sabotear un posible alto al fuego y al proceso de paz. De hecho, Gyanendra ha militarizado el país y lo ha sometido a una represión que ha puesto a Nepal en los primeros puestos de las listas sobre violaciones de los derechos humanos y de personas desaparecidas.

Este es un momento crucial para la resolución del enfrentamiento a tres bandas por el poder entre el rey Gyanendra, los partidos democráticos y los maoístas. Este fin de semana el monarca tiene la oportunidad de ofrecer una rama de olivo durante su tradicional discurso del año nuevo nepalí.

Si no lo hace, sólo será cuestión de tiempo cuando la monarquía será sustituida por una república. *

 

(*) Kunda Dixit es el editor y director del periódico Nepali Times de Katmandú.(COPYRIGHT IPS)

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