Irán divide a la comunidad mundial
«Consideramos importante que (todos) los países cesen su cooperación con Irán en el terreno nuclear y también en lo que concierne a los proyectos nucleares civiles como la central de Buchehr», declaró en Moscú el número tres del departamento estadounidense de Estado, Nicholas Burns.
Burns se refería a la central nuclear civil de Buchehr, que los rusos construyen en el sur de Irán, y que según Washington puede servir para encubrir un proyecto militar atómico.
El negociador estadounidense hizo sus declaraciones tras participar en una reunión de los directores políticos de las cancillerías del G8 (los siete países más industrializados del mundo más Rusia), programada de cara a la cumbre de San Petersburgo de julio próximo, pero que también trató el tema iraní.
El llamamiento de Burns a Moscú reiteró las peticiones de Washington para que los rusos pongan fin a su cooperación nuclear con Teherán y supuso, además, una señal del posible impacto de la crisis nuclear iraní en la cumbre de julio.
«Es evidente que Irán será uno de los principales problemas, primero para los ministros de Relaciones Exteriores y, muy probablemente, para los jefes de Estado» del G8, afirmó Burns.
El martes, el número tres del departamento de Estado acusó a Irán de «intentar fabricar en secreto un arma nuclear» y de «financiar a muchos de los principales grupos terroristas de Oriente Medio».
Burns alzó así el tono de las acusaciones de Washington contra Teherán tras la reunión sobre la crisis nuclear iraní mantenida en la capital rusa, también el martes, por los cinco miembros permanentes -con derecho de veto- del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania, que no produjo resultado alguno.
Moscú trató de limitar la impresión de fracaso este miércoles por boca del ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, según el cual no se adoptó «ninguna decisión» ya que no era ése el objetivo de la reunión.
«Todos estuvieron de acuerdo en que hay que reclamar medidas constructivas urgentes a Irán», añadió Lavrov, que ya descartó en días pasados la posibilidad de una intervención militar contra Irán, tal como preconizaba la prensa estadounidense con referencia a las intenciones de Washington.
La posición del canciller ruso se vio apoyada este miércoles por el jefe de Estado Mayor del ejército, el general Yuri Baluyevski, según el cual Rusia no intervendrá «ni de un lado, ni del otro» en caso de que se lance una ofensiva militar contra Irán por la crisis nuclear.
Mientras tanto, la actividad diplomática siguió siendo intensa este miércoles en Moscú, con la llegada de una delegación iraní encabezada por el viceministro de Relaciones Extranjeras, Abas Araghchi, y varios vicesecretarios del Consejo Supremo de la Seguridad Nacional, que dirige Ali Larijani.
Por su parte, el primer ministro británico, Tony Blair, declaró este miércoles que llegó el momento para el mundo de «enviar un mensaje claro y unido» a Irán, incluso si «no es cuestión de una invasión militar».
Blair sin embargo se mostró, como es habitual, condescendiente con su aliado estadounidense, el presidente George W. Bush, al agregar que en todo caso es «perfectamente razonable» que Bush no excluya ninguna opción.
El Consejo de Seguridad de la ONU dio de plazo hasta el 28 de abril para que Irán interrumpa sus actividades de enriquecimiento de uranio.
El director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Mohamed ElBaradei, deberá informar ese día al Consejo de Seguridad y a la AIEA sobre si Teherán cumple o no sus obligaciones. *
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