Las frías relaciones entre Colombia y EEUU quedaron atrás

"Una visita simbólica"

Bogotá, Reuters

Clinton, el primer mandatario estadounidense en viajar a Colombia en un decenio, visitó la ciudad colonial de Cartagena el miércoles para presentar un paquete de ayuda de 1.300 millones de dólares destinado al combate al narcotráfico.

Clinton vino acompañado de una nutrida delegación de más de 100 personas, entre congresistas e importantes hombres de negocios de su país, quienes se entrevistaron con el presidente colombiano, Andrés Pastrana.

Ello contrasta con el distanciamiento que caracterizó las relaciones bilaterales entre 1994 y 1998, despues que Washington acusó al entonces presidente Ernesto Samper de financiar su campaña electoral con dinero proveniente del Cártel de la droga de Cali.

«La visita de Clinton fue simbólica. Por un lado supone la transformación de Colombia en sus relaciones con Estados Unidos y por otro lado habla de lo importante que Colombia y el narcotráfico se ha convertido en Estados Unidos», dijo a Reuters Eduardo Gamarra, profesor de la Universidad Internacional de la Florida.

Plan Colombia deja interrogantes

Pero otros analistas dijeron que el desembolso de Clinton al llamado Plan Colombia deja también algunos interrogantes, sobre todo en la dificultad de establecer el límite entre operaciones antidrogas y operaciones contra la guerrilla izquierdista.

Clinton aseguró en Cartagena que la ayuda de Washington, que incluye el envío de 60 helicópteros de combate y el entrenamiento por parte de asesores norteamericanos de batallones antidrogas, será utilizado sólo para la lucha contra el narcotráfico.

Colombia produce el ochenta por ciento de la cocaína que se consume en Estados Unidos y es su máximo proveedor de heroína.

Autoridades de Washington y Bogotá acusan a las poderosas guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de financiar su campaña militar con cientos de millones de dólares al año provenientes del narcotráfico. «La guerra contra las drogas y la lucha antisubversiva se han vuelto virtualmente inseparables», escribió el jueves en el diario El Espectador Arlene Tickner, profesora de la Universidad de los Andes en Bogotá. «La visita (de Clinton) plantea una serie de interrogantes sobre los cuales no ha existido un debate serio y responsable».

Cuatro países vecinos de Colombia –Brasil, Ecuador, Perú y Venezuela– han expresado su temor de que el Plan Colombia desplazará el narcotráfico a sus territorios y provocará una ola de refugiados a través de sus fronteras, lo que militarizará la región.

«Nosotros estamos dispuestos a apoyar el Plan Colombia siempre y cuando no suponga una militarización de los países de la región», dijo el jueves el presidente venezolano, Hugo Chávez, desde Brasilia, adonde viajó para atender una cumbre de 12 presidentes de Sudamérica.

Grupos de derechos humanos de Colombia han criticado la ayuda de Washington, diciendo que supone un cheque en blanco para un ejército que cuenta con uno de los peores registros de derechos humanos en el hemisferio.

Partidos de izquierda y sindicalistas afirman que la contribución de Washington incrementará la violencia de un conflicto que ha costado la vida de 35.000 civiles en la última década.

Clinton bailó cumbia mientras rebeldes lanzaban ataques

La visita de Clinton estuvo marcada por una oleada de ataques guerrilleros y de protestas antinorteamericanas en todo el país que dejaron al menos veinte personas muertas, entre ellos civiles, efectivos de seguridad del Estado y rebeldes.

Mientras tanto, en Cartagena, y bajo un estricto dispositivo de seguridad, Clinton inspeccionó centros de lucha antidrogas, habló con viudas de policías, bailó la cumbia en una céntrica plaza y hasta se fotografió con Juan Valdez y su burro, el símbolo internacional del café de Colombia.

El Partido Comunista Colombiano, en un comunicado difundido el jueves, tachó su visita de «cursilería», añadiendo que el objetivo de su viaje era «convencer del humanismo de las bombas» y «la ternura de los batallones de mercenarios».

«No parecía Clinton el visitante. Parecía el mismísimo Papa. O Santa Teresa de Calcuta», dijo el comunicado.

Para Gamarra, el profesor de la Universidad Internacional de la Florida, la visita de Clinton fue un éxito en términos de imagen «pero ahora tiene que dar resultados».

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