Rescatistas colombianos huelen el lodo para encontrar cadáveres de la avalancha
Agudizando su olfato, rescatistas orientaban ayer a operadores de maquinaria pesada para que al remover la tierra no afectaran a los cadáveres que emergían del fango, tras una avalancha que habría dejado unos 50 muertos en el suroeste de Colombia.
Arvinton López, coordinador del comité local de emergencias, dijo a la AFP que sus hombres están atentos, muy cerca de las tenazas de las enormes máquinas excavadoras, para dar la orden de «alto» tan pronto perciban el olor de los cuerpos en descomposición.
«Sacamos mucha tierra para recuperar los cadáveres. Queremos entregárselos a sus familiares en el mejor estado posible porque no queremos ahondar su sufrimiento», reflexiona, orgulloso de la rapidez y entrega con la que los hombres a su cargo rescatan los cuerpos.
La avalancha se produjo a las 03H00 del miércoles (08H00 GMT) con el desborde del río Dagua, y afectó a una región del departamento del Valle del Cauca, entre Cali -capital- y el puerto de Buenaventura, en el Pacífico colombiano.
En un amplio recorrido por la zona, la AFP se topó con decenas de angustiados pobladores incomunicados, que rehusaron salir de la zona con la esperanza de encontrar a sus familiares.
Es el caso de don Luis Riascos, de 63 años, que hasta ahora se ganaba la vida sacando y comercializando piedras y arena del río y ahora busca a los demás miembros de su familia. «No me voy. Si mis familiares están aquí, así sea debajo de la tierra, aquí me quedaré con ellos», señaló entristecido.
Por su parte, Abel Echeverri, que ejercía como registrador local, desempolvó un vetusto traje de bombero para tratar de ayudar a las víctimas. «Yo recibí formación como bombero y ahora estoy aquí viendo cómo le puedo tender una mano a mis hermanos que me necesitan», dijo.
En medio de la tragedia, sobresale el empuje de los trabajadores del balneario El Paraíso. En lugar de salir junto a los cerca de 800 damnificados trasladados en helicópteros militares hacia un refugio en el puerto de Buenaventura, decidieron quedarse a tratar de reconstruir el lugar.
«Estamos trabajando para levantar este negocio que nos ha dado de comer durante tantos años. En lugar de llorar, lo que debemos hacer es dejarlo pronto tan o más bonito a como estaba», asegura, sudorosa, doña Inés, una campesina de 60 años que levanta, incansable, el fango con una pala.
La Oficina de Atención y Prevención de Desastres del gobierno y la Cruz Roja reportaron que hasta el mediodía de ayer han encontrado 26 cadáveres. *
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