Kirchner no pone todo su peso para acordar con Tabaré Vázquez
El viernes por la mañana en la cancillería no daban crédito a lo que había anunciado el canciller Reinaldo Gargano en Montevideo. Por qué razones creyeron que lo del canciller oriental podría ser «cosa de él» o un globo de ensayo, habrá que recorrer las tensas relaciones que Gargano ha mantenido con sus pares locales.
Menos comprensible es la no respuesta de Néstor Kirchner al plan de Tabaré de iniciar ya los encuentros presidenciales, a pesar de la enojosa posición de Botnia y el irritante nuevo corte de ruta en Gualeguaychú. Kirchner se fue al sur, a combinar lo útil con lo agradable o sea seguir anunciando obras en su provincia, Santa Cruz para continuar afianzando el poder del nuevo gobernador, luego de la caída de Sergio Acevedo por la crisis social (no superada) en la zona petrolera de Las Heras, con un necesitado descanso semanal que le permita mantener el ritmo vertiginoso que él pone a sus faenas.
Ese rechazo de Kirchner a la propuesta de Tabaré, insufló nuevos bríos a la crisis. Está claro que cuando el Presidente le pone el diente a los problemas que le importan sea porque hacen al esquema de crecimiento actual, sea por prestigio y construcción política, en general obtiene sucesos. O aparentes.
Dejemos el objetivo político que en su momento le permitió sacar de la política a un rival como Eduardo Duhalde. Vayamos a lo ocurrido desde principios del año en toda una gama de concertación de precios, que deslucieron el papel de la ministro de economía, Felisa Micelli y que, a no ser por el caso de la carne, que incidió negativamente en el índice de precios, en general, los números han sido los que se pensaban.
La tilde de Kirchner aparecía desde cuanto debía costar el champú o el papel higiénico, en el mínimo detalle.
La semana que pasó con más bambolla que otra cosa, Kirchner en persona destrabó o encauzó lo que a criterio del gobierno y sus pautas económicas deben ser los incrementos de salarios, tema de primer orden en la agenda social. Asombroso en algunos sentidos, el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, que es a la vez el jefe máximo del sindicato de camioneros, sino el mayor el más influyentes de todos, aceptó un incremento del 19%, desdoblado en un 10% ahora y un 9% a mitad de año, reduciendo las pretensiones agitadas con movilizaciones.
Lo llamativo es que Moyano firmó el acuerdo sin que mediara siquiera una asamblea formal que lo avalara, tradición obrera que se desgasta con el tiempo, pese a que el camionero, no tiene una oposición de peso en su sindicato.
La democracia sindical no importa
Tanta violación de las formalidades, que se repite en casi todo el universo sindical, salvo donde actúan clasistas de distinto origen, tiene su explicación en que el porcentaje pactado hace lo de yegua madrina, tironea u orienta, en general, a la tropa de sindicatos que anda negociando incrementos salariales. Los hay lo que piden más, los hay los que se amoldan, ese es el desafío que Kirchner le puso en sus manos a Moyano.
Por ahora, la CGT lo avaló en un Comité Central Confederal, con el boicot de los «gordos», o sea, los sindicatos que sirvieron de sustentación a Carlos Menem, que son numerosos (de allí el apodo), pero que negocian todo.
Ahora al tandem Kirchner-Moyano, lo corren por izquierda. No es un capítulo cerrado, aunque para el gobierno, está encauzado y cuando surjan problemas, verá.
Aclaremos. Los incrementos otorgados o en camino, están lejos de una auténtica distribución democrática del ingreso, máxima cuando subsisten millones de trabajadores en «negro» que o no reciben las nuevas, o se las cercenan.
El caso del trabajo informal estalló estos días con la situación de la comunidad boliviana, conchabada en verdaderos infiernos laborales, donde sobrevive la super explotación, sobre todo entre los textiles que, a la manera del sudeste asiático de los 70, confeccionan para las firmas de marca. Aunque esto que se cuenta se universalizó por el incendió de uno de esos talleres, no se crea que era desconocido por los controles locales y nacionales. Basta concurrir a ferias de gran popularidad del Gran Buenos Aires, donde se vende ropa de marca «trucha», para saber que solo con mano de obra vil es posible su confección. Es la parte más terrible del trabajo en negro, pero tienen algo en común: no se denuncia por el temor al cierre de los establecimientos que en el caso de los bolivianos significa además de quedarse sin trabajo (pésimamente) remunerado, también pierden el sucucho donde dormir y comer.
Aunque con el crecimiento del PBI algo del trabajo ilegal se blanquea en cierto modo, se siguen abriendo talleres sin autorización, acaso por los trámite burocráticos, puede por ser la única manera de bajar los costos y competir en el mundo feroz de estos tiempos. Lo real es que socialmente, la Argentina está hoy en muchos sectores como cuando el capitalismo llegó a estas tierras.
Kirchner puso todo de sí, hasta algunos dicen horas de descanso, en terminar de arreglar con todos los factores que inciden en la producción de carne, que 11 cortes se vendan con rebajas de hasta el 20% desde los próximos días. En el gobierno destaparon champagne por haberle impuesto a ese factor de poder real que es mundo de los ganaderos, los intermediarios y los frigoríficos, un convenio que hace dos meses atrás se negaron a suscribir, sobre todo el sector ruralista.
Un acuerdo que dividió a los ganaderos irascibles
Había razones para que el Presidente pusiera todo su poder político. Una, las movilizaciones de ganaderos en el interior del país, con un programa de centro-derecha capaz de alimentar con cuadros al proyecto alternativo que se arma con ese color para 2007. Pero además, tenía el viernes un encuentro con el premier ruso, Mikhail Fradkov. Rusia es el principal comprador de carne argentina y en Moscú, que esta cubierta de nieve y los lobos aúllan de hambre (por la carne, claro), sino que existía la amenaza que el Kremlin buscara mercados alternativos. Vale la pena recordar que están suspendidas por 180 las exportaciones, aunque por maniobras bancarias en rigor se ha seguido vendiendo, pero ya comenzaba esa veda. El acuerdo de precios, allanó la visita con el ruso, calmó a los productores más modestos y les sacará por un tiempo una bandera de movilización a ganaderos más ricos a la espera de dos cosas: una, probable, de ir aumentando las cuotas que se pueden vender afuera y dos, difícil, reducir las retenciones a las exportaciones. Estas retenciones, no solo la carne, claro, es una de las claves de la política fiscal, y una manera indirecta de mejor la distribución del ingreso.
Llama la atención que el Presidente, tan preocupado (justamente por los precios) no haya puesto todo su cuerpo en abordar el litigio con Uruguay. Fue Kirchner quien pidió a las pasteas que suspendieran sus faenas como una manera de poder trabajar en la díscola Gualeguaychú, colocando en el mismo nivel acuerdos legales con los reclamos de las asambleas.
Aclaremos una vez más: la lucha por ambiente limpio es no solo legítima sino que justifica la inquietud y las movilizaciones. Pero la plaza pública no puede decidir la política externa.
Para los gobernantes argentinos la actitud de Bosnia en limitar a 10 días la clausura de faenas, no tiene explicación y menos cuando el documento que se iba a suscribir en Anchorena, ya estaba acordado. Sólo discutían si el argentino pernoctaría o no en esa estancia. Los suspicaces sostienen que la empresa de capital privado de Finlandia, teme confrontar con un comité de expertos. «Ocultan cosas», es lo que con mayor frecuencia se oye por aquí. Habrá tiempo para probarlo o no.
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