Los rituales de admisión

Cada pandilla tiene sus rituales y sus reglas de funcionamiento. Aunque siempre se refieren a la igualdad en el grupo, las pandillas también pueden ser más o menos jerárquicas. Casi siempre hay jefes que dan instrucciones. Pero sólo son reconocidos mientras demuestran las cualidades que favorecen al grupo y mientras negocian en interés y en favor de toda la pandilla.

El ritual de admisión posibilita el reconocer si el miembro es capaz de cumplir los requerimientos del grupo. Son importantes los requerimientos para la lucha: fuerza corporal, habilidad, rapidez de reacción y estar preparado a no quebrarse ante los peligros. La M-13, por ejemplo, elige unos cuantos compañeros que le pegan al nuevo miembro durante 13 segundos esperando de él que se sepa defender. En la M-18 son 18 segundos. La Mara Morazán exige a los nuevos miembros que lleven a cabo una pelea con cuchillos con el jefe de la pandilla a fin de medir su astucia y habilidad, y sobre todo para reconocer si tiene o no miedo a las disputas duras. En el caso de las mujeres, el ritual de admisión tiene variaciones. Se les exige que lleven a cabo peleas, pero también existe la práctica de «el trencito», del «donando amor».

«Una vez yo andaba bien loca, y cuatro batos de la clica me dijeron que me soltara la greña. Yo les dije que no, que para eso me había brincado a golpes, y uno de ellos me dijo: Mira loquita si no soltás te vamos a descontar, mejor que sea por las buenas. Y pues, yo bien drogada, ¿qué hacía? Ni modo, ya me tocaba y pasaron los cuatro por mí», relató una ex pandillera. *

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