Los primeros difíciles pasos de Evo
ROMPIENDO TODOS los pronósticos, Evo Morales al frente del MAS (Movimiento al Socialismo) ganó la presidencia de Bolivia en el primer turno de las elecciones del 18 de diciembre pasado con más del 54% de los votos, superando a todos los demás partidos juntos y frustrando cualquier posibilidad de componenda en la elección de presidente por parte de la Cámara de Diputados. El 22 de enero inició la difícil tarea de gobernar. Cuenta con un elevado índice de aprobación, pero a la vez se han acumulado difíciles problemas en varios órdenes.
A poco más de dos meses de iniciada, su labor registra una aceptación del orden del 80% a nivel nacional. Se reproduce así un aspecto notable de la elección, en que la popularidad del hoy presidente se expresó en todo el país, más allá de las diferencias notorias entre los departamentos y regiones. Su labor, desde el inicio, estuvo centrada en la recuperación para la soberanía boliviana de las riquezas de petróleo y gas. Pero esto no transcurre en terreno llano, y enfrenta la obstinada resistencia de los antiguos detentadores del poder, sean éstos empresas extranjeras acostumbradas a fáciles regalías, entidades de los sectores oligárquicos vernáculos y viejos partidos desalojados del gobierno por la marejada de la votación popular. Esto es lo que subyace en las ríspidas confrontaciones que sacuden el panorama de la nueva Bolivia. A ellas se agregan múltiples problemas puntuales.
En primer plano aparecen demandas y reivindicaciones de quienes consideran que éste es SU gobierno. La Central Obrera Boliviana (COB) reclama un salario tres veces superior al vigente, los maestros y trabajadores de la salud aspiran a mejores remuneraciones y más puestos de trabajo. En otro plano, el poderoso gremio de los propietarios de vehículos de transporte interprovincial hicieron paro ayer porque se niegan a pagar impuestos y en cambio solicitan mayores beneficios. Ha trascendido el complejo problema existente en el Lloyd Aéreo Boliviano: los trabajadores fueron a la huelga en reclamo de salarios devengados, la empresa se negó, el gobierno decretó una intervención temporal y la empresa interpuso el recurso de inconstitucionalidad. En el departamento del Beni se anuncia un paro cívico en reclamo de la solución del añejo problema de la electricidad. La lista sigue: protestas de comerciantes minoristas por el régimen impositivo, reclamos territoriales de indígenas, aspectos vinculados al viceministerio de la Mujer. «Diariamente el gobierno dialoga con estos sectores, y es frecuente que Evo Morales intervenga en busca de soluciones concertadas», dice una nota de Antonio Peredo.
El aspecto de fondo de la actual confrontación está descrito en los siguientes términos en dicha nota: «Los distritos donde están los mayores yacimientos de gas descubiertos hasta ahora exigen ser reconocidos como un nuevo departamento. Los prefectos, elegidos por primera vez, reclaman atribuciones poco menos que de soberanía territorial. De los nueve prefectos elegidos también el pasado 18 de diciembre, seis son opositores al gobierno. Entre ellos, y sólo entre ellos, han formado una suerte de cofradía cuyo único propósito es idear las formas en que recortarle atribuciones al gobierno central. Intentan adelantar el marco jurídico de las autonomías departamentales, que debe establecer la Asamblea Constituyente». Y agrega: «Los comités cívicos de los departamentos que concentran la explotación de hidrocarburos han devenido en ávidos demandantes de la propiedad de estos recursos. Tales comités son representativos de los grupos empresariales. Así, mientras el prefecto de Santa Cruz firma ‘decretos prefecturales’ y se hace llamar ‘presidente’, el de Tarija se apresura en buscar entendimientos internacionales basados en el gas y hasta el petróleo. No hay dudas sobre las intenciones de esas élites regionales».
Para impulsar estos planes coordinadamente se ha desatada una furibunda campaña mediática, análoga a la desplegada contra los gobiernos de Chávez y de Lula, a través de los medios de prensa, radio y TV que a menudo están en manos de los mismos grupos empresarios. Los cuales estuvieron comprometidos con los gobiernos anteriores y sacaron buenos réditos de las últimas administraciones de cuño neoliberal. Todo esto desemboca en la próxima Asamblea Constituyente, que será electa el próximo 2 de julio, simultáneamente con un referéndum vinculante sobre las autonomías. Es probable que, a pesar de la reconcentrada campaña mediática, en las mismas se refleje la confianza en el presidente y que a los viejos partidos y a sus agrupamientos camuflados les suceda lo mismo que el 18 de diciembre. *
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