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Francia hacia la gran pulseada del 4 de abril

CON SU DECISIÓN de promulgar la ley sobre Contrato de Primer Empleo (CPE), el presidente Chirac cosechó una repulsa generalizada, en particular de los sectores militants contra este engendro discriminatorio: los estudiantes universitarios y liceales, las 5 centrales sindicales y los partidos de izquierda en conjunto. Estos últimos volvieron a reunirse ayer para unificar su acción. Todo desembocará en la jornada de paro general y manifestaciones del martes 4, coordinada entre todas estas organizaciones, que promete superar los 3 millones de manifestantes del 28 de marzo y mantiene su consigna básica: Retiro del CPE.

 

La estruendosa silbatina contra Chirac

En su alocución televisada que vimos en directo, el presidente intentó una maniobra de corto vuelo, rápidamente desenmascarada. Empezó por afirmar que la ley había sido votada por la Asamblea Nacional, que no había merecido objeciones al Tribunal Constitucional y que él la iba a promulgar. Punto y aparte. En un segundo plano, dijo que comprendía las aspiraciones de los jóvenes y de los opositores, y en consecuencia propondría preparar otra ley que introdujera dos modificaciones a la promulgada: bajar de dos años a uno el período en que la empresa podía despedir a su arbitrio al joven trabajador, sin ninguna compensación, y que la misma debía proporcionar alguna explicación del despido.

Una estruendosa rechifla de la multitud congregada en la histórica Place de la Bastille fue la respuesta a la burda propuesta. El reclamo que movilizó a millones en todo el país y fue considerado justo por dos de cada tres ciudadanos, planteaba el retiro del CPE para después entrar a considerar otra ley. Desde esa base, se promovía una nueva discusión en la Asamblea Nacional de la CPE (lo que se llama una segunda lectura), ya que había sido aprobada a tambor batiente el 9 de marzo en base a una argucia reglamentaria. En cambio, si Chirac promulga la ley, como lo anunció, ésta entra a aplicarse de inmediato, y todo el resto es literatura.

Es lo que se le dijo en todos los tonos al presidente, en la plaza pública y en la catarata de declaraciones que sucedieron a sus palabras. Para Jean-Claude Mailly, responsable de FO (Force Ouvrière), la propuesta era incomprensible e inaceptable, desde el momento en que se promulgaba la CPE. El secretario general de la CGT, Bernard Thibault, opinó que «en ningún caso el presidente aportó siquiera un atisbo de respuesta» por lo que se mantenía a plenitud la jornada de paros y manifestaciones del martes. Maryse Dumas, de la misma central, señaló que «Chirac quiso darnos una lección y está más aislado que nunca». (El único que salió a su favor fue Nicolas Sarkozy, para posicionarse en la disputada candidatura presidencial con el primer ministro Dominique de Villepin).

 

Todas las voces todas

Hablando desde Toulouse, el secretario general del PS, François Hollande, declaró que Chirac había estado sumamente confuso y no respondió a lo único que se le pedía: el retiro del CPE, en particular del artículo 8º sobre los despidos.

Anunció la reunión de toda la izquierda para ayer y dijo que se mantenían todos unidos hacia la jornada del martes, junto a las cinco confederaciones sindicales y los sindicatos de los estudiantes.

En nombre de estos últimos habló su secretario general Bruno Julliard desde la sede de la UNEF. A la pregunta de si el discurso había abierto una perspectiva de solución, respondió: «Desgraciadamente, no». Dijo que los estudiantes se sentían «despreciados» (méprisés) por el presidente, que rechazaban «la legislación de la precariedad» y que había una contradicción manifiesta entre promulgar el texto y alegar que no se habría de aplicar de inmediato. Apostó a la movilización con los sindicatos por el retiro de la CPE. En el mismo sentido se expresó el presidente de la Unión Nacional de estudiantes liceales (UNL), Karl Spoeckel.

 

Otras formas de lucha

Una frase del presidente tuvo cierta resonancia chantajista, cuando habló de los riesgos de «delocalización», o sea la posibilidad de que las empresas se mudaran a otros países donde obtuvieran mejores condiciones. La conclusión sería que había que resignarse a aceptar dichas condiciones en Francia. Amansarse para vivir. Aunque significara el retroceso de la legislación social y una discriminación contra los jóvenes (cosa que al parecer no entendió la unanimidad del Consejo Constitucional, que no halló mérito a la denuncia de violación flagrante del principio de igualdad ante la ley).

En estas condiciones cobra una significación mayor la jornada del martes, en que sin duda aparecerán nuevas formas de lucha, tal cual sucedió en vísperas del discurso de Chirac, como el bloqueo de rutas o de estaciones de metro y ferrocarril. *

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