"Martes negro"
Francia se preparaba el lunes para una jornada de huelgas y manifestaciones contra el Contrato del Primer Empleo (CPE) que amenazan hoy martes con nuevos disturbios en las calles y trastornos en la economía y los transportes, en medio de un clima de anquilosamiento político.
Los responsables políticos y sindicales consideran crucial la próxima jornada de protesta, la primera de huelgas, pero la cuarta de manifestaciones multitudinarias durante las últimas ocho semanas.
El polémico contrato, destinado a menores de 26 años y que prevé el despido sin justificación durante dos años, es motivo de enfrentamientos entre el gobierno, que sólo está dispuesto a hacer algunas modificaciones en el texto legal, y los sindicatos y movimientos estudiantiles, que exigen su retiro.
Las nuevas movilizaciones llegan en un momento de estancamiento en el diálogo y de creciente preocupación por el aumento de la tensión social en zonas periféricas y desfavorecidas de la capital francesa, que ya fueron escenario de una ola de violencia en noviembre de 2005.
Para el principal sindicato francés, la Confederación General de Trabajadores (CGT), el martes será un «momento decisivo».
Como ejemplo de que el conflicto se está radicalizando, la Coordinadora Nacional Estudiantil ha convocado una huelga general para el 4 de abril si el gobierno del primer ministro, Dominique de Villepin, no retira el CPE.
A pesar del fracaso de una reunión el pasado viernes, Villepin ha invitado el lunes a los sindicatos y los estudiantes a un nuevo encuentro el miércoles para abordar los posibles «arreglos» que se pueden hacer al CPE, una propuesta que ya hizo anteriormente y que cayó en saco roto, ya que las fuerzas sociales ponen como condición previa su retiro.
Adelantándose unas horas al «martes negro», los empleados de la compañía ferroviaria francesa SNCF ya comenzaron la huelga a las 20H00 locales (18H00 GMT).
Además, se anuncian para el martes 135 manifestaciones en toda Francia y una serie de huelgas que afectarán a los servicios ferroviarios, el transporte aéreo y el público –metro y autobús– de más de 70 ciudades de todo el país, con París a la cabeza.
En la capital francesa está previsto que el metro y los trenes de cercanías funcionen sólo al 50% de su capacidad, con el consiguiente riesgo de caos en los desplazamientos en una ciudad de más de 11 millones de habitantes, entre el centro y sus barrios periféricos.
Los sindicatos cuentan con la movilización de los funcionarios (unos 5 millones de personas) y del sector privado para intentar superar la participación en las últimas manifestaciones, en particular la del 18 de marzo, cuando se lanzaron a las calles entre 530.000 y 1,5 millones de personas.
La gran incógnita del «martes negro», y motivo de preocupación, es el estallido de actos violentos como los registrados en días pasados.
En previsión de disturbios, se ha movilizado a miles de policías, de los que 4.000 velarán por la seguridad en París, donde la manifestación más importante arrancará a primeras horas de la tarde.
Manifestantes y policías temen que los agitadores, a veces menores de edad procedentes de los barrios periféricos parisinos, vuelvan a la carga como el jueves pasado, para robar, destrozar escaparates o quemar coches.
Estas acciones alimentan el temor de un rebrote de la violencia como la de noviembre en barrios periféricos de las principales ciudades francesas, donde viven numerosos jóvenes nacidos en Francia, pero originarios del Africa negra y del Magreb y entre los que el índice de desempleo alcanza hasta un 50%. *
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