A los israelíes le preocupa más la pobreza, la corrupción y la educación que el conflicto con los palestinos

Simon Peres versus Amir Peretz

Peretz, que nació en Marruecos hace 54 años, ha enarbolado la bandera socialdemócrata en un partido dominado en las últimas décadas por una burguesía elitista de origen centroeuropeo, más caracterizada por la intelectualidad de sus seguidores que por su defensa de los trabajadores.

«El Partido Laborista nunca ha sido un partido socialista propiamente dicho, ha sido un partido nacional en sus orígenes y más adelante pasó a estar dominado por una clase burguesa elitista», opinó el ex embajador israelí en España y ex ministro de Asuntos Exteriores Shlomo Ben Amí, en un programa de la televisión israelí. «Esta es la primera vez que alguien trata de devolverle un espíritu socialista y obrero», dijo al referirse a Peretz.

El origen obrero es quizás lo que más caracteriza al dirigente laborista nacido en Marruecos, que proviene de las clases más pobres y que hizo su camino hacia el liderazgo político israelí al frente de la central sindical de Israel, la Histadrut.

Peretz milita en el laborismo desde su juventud, aunque en la década del 90 se separó de sus filas -provocando la ira del por aquel entonces líder del partido, Isaac Rabin- para defender los intereses de los que, como él, no eran mimados dirigentes educados en el Ejército, en la burguesía intelectual, ni en las universidades, explican los analistas locales.

Miembro de una familia pobre llegada a Israel en los difíciles años cincuenta, cuando él tenía cuatro años, Peretz vivió siempre en la localidad de Sderot y su único logro político antes de convertirse en diputado el año 1988 fue llegar a ser alcalde de esa ciudad.

Su catapulta a la política fue la central sindical Histadrut, de la que fue su presidente desde diciembre del 95 hasta el 2005, período en el que afrontó la reforma de todo el aparato sindical para separarlo de la política y situarlo al frente de la lucha social por encima de los intereses del gobierno.

No es de extrañar que Peretz como jefe del Laborismo -partido al que regresó en 2004 y del que asumió la jefatura en noviembre de 2005 después de derrotar a Peres en las internas gracias al aparato sindical- haya alzado el estandarte de la lucha social y abogue por elevar el salario mínimo a los mil dólares, la introducción de un sistema de pensiones obligatorias y reducir la actividad de empresas de trabajo temporal que perjudican la calidad del empleo.

Mientras tanto, el octogenario e histórico Peres, que se fue al centrista Kadima fundado por Ariel Sharon, dice en sus discursos: «No he cambiado un ápice, me siento más laborista que nunca, con mis ideas de siempre, con mi apuesta personal y política por la paz, por la creación de un Estado palestino que nos permita finalmente vivir juntos en paz y seguridad. Pero esa apuesta no tenía futuro dentro del actual marco del laborismo, que ha perdido contacto con la realidad y no ha sabido adaptarse, como es debido, a los nuevos tiempos. Por eso he cambiado no de ideas, sino de marco».

«Nuestro programa para el día después de nuestra victoria electoral es diáfano», asegura el número dos del Kadima. «Lo primero que haremos será intentar negociar con los palestinos de manera bilateral, con el presidente Mahmud Abbas, quien recibió el apoyo del 62% de los votantes en enero de 2005 frente al 42% obtenido por Hamas en enero de 2006″.

 

«Palestinos prefirieron la senda de Saddam en lugar de la de Nelson Mandela»

Peres cree que es más factible a corto plazo una paz económica «con los jordanos, con los palestinos, con los egipcios en materia de turismo, de desarrollo medioambiental, de empresas mixtas fronterizas, de construcción de aeropuertos conjuntos, amparados por Estados Unidos y la Unión Europea» que una paz política.

La paz la ve imposible con Hamas y afirma que «los palestinos se han boicoteado a sí mismos, han preferido seguir la senda de Saddam Hussein en lugar de la de Nelson Mandela».

«El Estado de Israel lo que más necesita hoy es una Hoja de Ruta moral y social», sostiene por su parte Peretz en alusión al estancado plan de paz con los palestinos, cuya fórmula busca aplicar para solventar las cada vez más acentuadas diferencias sociales en Israel.

En una reciente entrevista con un diario israelí, Peretz se definió «como el nuevo israelí, el israelí que ha atravesado las penalidades más grandes en un país en el que se concentran diferentes pueblos y que aglutina esa mezcla social que puede convertirse en el catalizador de una sociedad fuerte».

Su estigma marroquí no le supone ningún obstáculo en una sociedad liderada históricamente por los judíos de origen centroeuropeos, los askenazíes, dicen los laboristas.

«El estigma étnico es el enemigo número uno de la lucha social», sostiene Peretz, quien echa por tierra las predicciones que apuntan a que votantes tradicionales del laborismo no le votarán por su origen marroquí.

Peretz, según los sondeos, está en segunda lugar con 21 escaños, delante del derechista Likud de Benjamín Netanyahu que tiene 14, y a una considerable distancia del centrista Kadima de Ehud Olmert y Peres con 36, al que ya todos los analistas dan como ganador de los comicios.

 

A los israelíes les preocupa más la pobreza que el conflicto con los palestinos

Lo que más le preocupa a la población israelí, por este orden, es la pobreza, seguida de la corrupción y de la educación. Y solamente en cuarto lugar aparecería la cuestión de la seguridad y del conflicto con los palestinos. Eso indican la mayoría de los estudios.

Y en ese campo es donde Peretz se enfrenta a Peres, Olmert y el Kadima. A su experiencia social, como sindicalista. A su inversión electoral entre las capas de la sociedad más desfavorecidas. Claro está, sin olvidar la lucha contra los grupos terroristas palestinos.

Es la nueva clase social creada en Israel a lo largo de los últimos años, bautizada por el escritor A. B. Yehoshua, tradicional votante laborista, como «los trabajadores pobres», aquellos que cuentan con un puesto de trabajo, pero cuyos ingresos económicos son como los de un país del tercer mundo.

«Eso no es culpa de los palestinos, de Hamas, de Mahmud Abbas, sino del Gobierno de Sharon y Olmert, en el que Netanyahu era ministro de Finanzas y Peres aliado incondicional», explica Yehoshua .

El PIB fue de 120.000 millones de dólares en el 2005, con un crecimiento del 5,2 por ciento en ese año, y el PIB por habitante de 16.200 dólares.

La deuda exterior supera los 74.479 millones de dólares, según informes de 2004.

La inflación se sitúa en el 2,4% (2005) y el desempleo en el 8,8 (2005).

Las importaciones fueron de 43.978 millones de dólares (2005) y las exportaciones de 40.092 millones de dólares (2005).

Peretz exige la misma igualdad para los israelíes como para palestinos. En sus listas van israelíes y árabes israelíes. En la década de 1980, siendo alcalde de Sderot, abogó por el diálogo y la cooperación con los líderes municipales de Gaza, y siendo presidente de la Histadrut defendió a los obreros palestinos que trabajaban en Israel para equiparar sus condiciones laborales a las de los israelíes. En la sede de la central obrera las reuniones, seminario y cursos entre israelíes y árabes se suceden a diario.

Como nuevo líder del laborismo, defiende ahora la legalidad del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Abbas, como interlocutor para una paz negociada, porque «la desconexión unilateral debe ser la última opción», en referencia a los planes de sus rivales de Kadima, Olmert y Peres, para abandonar buena parte del territorio ocupado en Cisjordania.

«Judea y Samaria (Cisjordania) no son como Gaza o LÃ
­bano, con cuyas retiradas regresamos a las fronteras internacionales; nadie puede regresar a una frontera reconocida en Cisjordania debido a los bloques de asentamientos y por esta razón debemos hacer el esfuerzo y hacerlo mediante negociaciones», sostuvo Peretz en la campaña.

Al analizar la ruptura de Peres con laborismo, el ex general Ami Ayalon, ex jefe de la marina y de los servicios de seguridad general de Israel dijo que «le hizo muy bien al Partido Laborista».

«A pesar de que electoralmente puede ser malo, un partido debe renovarse. Un partido que no se renueva muere. Seguramente pagaremos esa renovación con menos bancas, pero tenemos futuro», manifestó. El candidato laborista al Parlamento y asesor de Peretz afirmó que en un país democrático, ordenado, «un líder que pierde las elecciones tres veces, se va a la casa. Y entonces crece un nuevo liderazgo. En Israel no hay esa cultura, por lo tanto el cambio de liderazgo es un proceso de rupturas dolorosos».

Pero, si las previsiones de las encuestas se cumplen, Olmert y Peres necesitarían a los laboristas y a Meretz, una formación de izquierda, y quizás a otros partidos menores para poder gobernar. Necesitan al menos 61 escaños de los 120 que tiene el Parlamento. Entonces, más allá de las disputas y visiones, Peres y Peretz, el pasado y el presente del laborismo se volvería a reunirse en el próximo gobierno israelí. *

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