Un fundador de ETA advierte que la paz necesitará "paciencia" para "borrar el mal" que se ha hecho
El proceso de paz que comienza en el País vasco necesitará una «paciencia histórica para borrar el mal que unos y otros se han hecho», declaró a la AFP Julen Madariaga, uno de los fundadores de ETA en 1959.
«Creo que esta vez hablan en serio», afirmó este abogado jubilado de 73 años, que se enteró igual que todo el mundo el miércoles del «alto el fuego permanente» declarado por la organización independentista.
«Estaba muy contento, se esperaba esta noticia desde el otoño (boreal), pero no llegaba», añadió Julen Madariaga, que hoy vive «en la parte norte» del País vasco, es decir en Francia.
«Creo que el proceso es irreversible. El terreno fue preparado más seriamente, más en profundidad que en las precedentes treguas de ETA (1989, 1998-99) para evitar una repetición de los fiascos anteriores», añadió.
También recuerda con optimismo que el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, «forma parte del ala liberal del Partido socialista».
«Pero después de tantos años de choques enormes entre dos sociedades que no se comprenden, no hay que creer que la situación se arreglará en un par de meses. Habrá que demostrar una paciencia histórica para borrar el mal que se hicieron unos y otros».
Madariaga tenía una veintena de años cuando fundó ETA en 1959, con un puñado de jóvenes marxistas de la asociación cultural Ekin, tras el fracaso de un intento de acercamiento con los democristianos del todopoderoso Partido nacionalista vasco (PNV).
Encarnó la «rama tercermundista» de la organización, pero afirma que su participación en la lucha armada (más de 800 muertos desde 1968), se limitó a la «formación de los primeros comandos».
Poco a poco fue tomando distancias y actualmente milita en Aralar, una disidencia no violenta de Batasuna, brazo político de ETA.
ETA anunció un alto el fuego «porque fue acorralada por la presión de las policías española y francesa pero sobre todo por toda la sociedad vasca», declaró.
«Una gran parte apoyó a ETA al principio de los años 1990″, explica. «Con la caída del imperio soviético, los vascos vieron que numerosos países satélites de Moscú recuperaban su soberanía sin un disparo. Y se preguntaron ‘¿por qué nosotros no?’. *
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