Francia: divorcio entre electores y clase política
La revuelta en Francia contra el nuevo contrato laboral para los jóvenes se lleva a cabo en un contexto de crisis del sistema político que, según los analistas, se traduce en una brecha creciente entre los electores y sus representantes.
Este divorcio entre el pueblo y los políticos tradicionales desembocó en los últimos años en dos sismos: la eliminación en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2002 del candidato socialista Lionel Jospin, reemplazado por el líder de extrema derecha Jean-Marie Le Pen, y la amplia victoria del «no» (55%) en mayo pasado en el referéndum sobre la Constitución europea a pesar del consenso de las elites en su favor.
Esta crisis de confianza, que alienta a los franceses a salir a las calles para manifestar su descontento sin pasar por intermediarios, se refiere en primer lugar a los partidos, destaca Alain Bergougnioux, un historiador y miembro de la dirección del Partido Socialista (PS, oposición).
Francia, «donde siempre hubo desconfianza respecto a los partidos, y tradiciones individualistas, nunca tuvo, exceptuando al Partido Comunista en los años 1950-60, verdaderos partidos de masas», recordó. *
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