Cada 24 de marzo, día del golpe de Estado de 1976, será feriado nacional inamovible

Decisión dividió a organismos de DDHH

Será un día feriado, pero inamovible, porque, justifican en el oficialismo, no puede, no debe, tomarse como un día festivo, útil sobre todo cuando cae viernes, como en esta ocasión, para los fines de semanas largos, esos que sectores medios y ricos aprovechan para un paréntesis en sus actividades. Pero el asunto dividió a organismos de derechos humanos porque consideran que es ley aún aquel que destina al 24 de marzo como jornada de rememoración de lo ocurrido en los años del terror. O dicho de otro modo, un día activo, no feriado, para que en escuelas, fábricas, medios de comunicación, se hablara con intensidad de lo que pasó en la Argentina. Esta era la postura por caso, de Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz y un activista relevante en la defensa de los derechos humanos.

En un principio, una de las alas de las Madres de Plaza de Mayo, la «Línea Fundadora», también cuestionó el pedido echo por Néstor Kirchner que lo hizo andar a tambor batiente, pero cuando supo que el feriado sería no móvil, apoyo la postura al igual que la líder de otra rama de la entidad con el mismo nombre, Hebe de Bonafini. Asimismo, Ester de Carlotto, la combativa líder de Abuelas de Plaza de Mayo, respaldó el feriado.

También otras entidades de gran trayectoria, como la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) criticó la propuesta que le valió denuestos de parte del titular kirchnerista de la Cámara alta, Miguel Pichetto, que la ubicó como controlada por el Partido Comunista. La APDH nació antes del golpe del 76, con la activa participación de socialistas, radicales, comunistas, religiosos que se preparaban para lo que sabían que se venía y para ayudar a los perseguidos duramente por el gobierno de Isabel Perón. Entre los fundadores de esta entidad, estuvo el luego presidente Raúl Alfonsín, por caso y su primer titular fue el maestro socialista Alfredo Bravo, más tarde diputado nacional.

Por motivos en algunos casos parecidos a los planteados por Pérez Esquivel y en otro nada santos, los partidos de la oposición se opusieron en las dos cámaras a declarar feriado el día del golpe de Estado. Para el senador socialista Rubén Giustiniani es una manera de «desmovilizar», según le dijo a este diario ayer.

«Este proyecto es una herramienta del presente por el cumplimiento de los 30 años, y una señal clara para las nuevas generaciones que apunta a consolidar el ‘Nunca Más’, porque la memoria es un acto colectivo que se consolida cotidianamente», argumentó el diputado kirchnerista Remo Carlotto. Señaló que el golpe «marcó un punto de inflexión en la historia argentina, y trajo desaparición, persecución, secuestro, tortura y muerte, adulteración de identidad y la búsqueda incesante de los familiares. Y destacó que la «reivindicación de la memoria» no está en contradicción con la «búsqueda y demanda de justicia», en alusión al pedido del ARI para que sea tratada sobre tablas la nulidad de los indultos con los que Carlos Menem en 1990 permitió la libertad de los capos de la dictadura que habían sido condenados por los tribunales de la Constitución

Los que viven, están detenidos por esos resquicios de la legislación y esperan detenidos (gran parte en sus casas) ser procesados por sus crímenes. «Nadie cuestiona que el 1° de mayo es un día de lucha de los trabajadores y no un día festivo», agregó Carlotto a guisa de respuesta a las críticas.

Mal ejemplo: bajo el peronismo se rebanó la esencia clasista del Día Internacional de los Trabajadores, por el de la «Fiesta del Trabajo». En la Cámara alta, el senador radical aunque disidente, Rodolfo Terragno, criticó la decisión porque feriado, explicó, viene de «festivo, fiesta», lo que le valió una durísima réplica de Cristina Fernández de Kirchner. Interesante fue la intervención de la periodista cordobesa de Partido Nuevo, Norma Morandini. «No dudo de la intención ni de los fundamentos (del proyecto), pero me voy a oponer a establecer un colorado en el almanaque en donde tendría que haber todavía negro de duelo». El ARI, de Elisa Carrió, se abstuvo. Los del espacio de centro-derecha se opusieron, aunque no el menemismo.

Al cerrar el debate, el jefe del bloque oficialista en Diputados, Agustín Rossi, se sinceró: «Esperábamos más consenso». Tras inscribir «este hecho en la misma senda que el Juicio a las Juntas del gobierno de Raúl Alfonsín», en los ´80, el santafesino aseguró: «No cooptamos, no direccionamos a los organismos de derechos humanos, somos respetuosos de ellos, y nos pone orgullosos que Madres, Abuelas e Hijos (entidad de los descendientes de los desaparecidos) no encuentren en este gobierno a un enemigo sino a un aliado, un lugar donde se los escucha». Sigue la discusión.

En tanto, se iniciaron las jornadas de rememoración. La más importante fue el miércoles, cuando ya se definió legalmente que por ahora un sector de los predios donde estuvo la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) pase al programado Museo de la Memoria. Firmaron el acta el titular de la Armada, almirante Jorge Godoy, la ministra de Defensa, Nilda Garré, y el nuevo jefe del gobierno porteño, Jorge Telerman.

El 24 habrá concentraciones, y una de ellas será impulsada por los partidos de izquierda para otorgarle a la fecha, además, un fuerte sesgo anti-Kirchner. En este contexto, ayer, el jefe del Ejército, teniente general Roberto Bendini, reiteró la autocrítica por el desempeño de la fuerza durante la última dictadura, a la que calificó de «injustificable sistema represivo». A poco de cumplirse el 30° aniversario del golpe, sostuvo que «sólo el camino de la verdad y la justicia podrá librarnos de esa pesada carga». *

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