Miles de seguidores de Milosevic le rinden homenaje en Belgrado
El féretro, recibido por unos 1.000 fieles, fue colocado sobre una alfombra roja y cubierto con la bandera serbia y rosas rojas. A partir del mediodía del jueves fue expuesto en una gran sala del Museo de la Revolución, que data de la época comunista, donde comenzaron a desfilar los admiradores del ex mandatario. Algunos de ellos lloraban y otros se limitaban a inclinarse.
El museo, dedicado al mariscal Tito y situado en el barrio residencial de Dedinje, se encuentra cerca de la residencia de Slobodan Milosevic, donde se atrincheró en abril de 2001 para resistir a los policías que fueron a detenerlo.
De cada lado del ataúd, cerrado, rodeado por los dirigentes del Partido Socialista (SPS), que formaron una guardia de honor, había dos coronas de rosas rojas, banderas serbias y otras con los colores del Estado de Serbia-Montenegro. Adelante, un retrato de Slobodan Milosevic.
«Serbia seguirá inconsolable, ya que no hay nadie más patriota que él, que defendió al país como lo hizo», declaró Milovan Majic, una jubilada de 72 años que esperaba en la multitud.
El ex hombre fuerte de Yugoslavia, que falleció el 11 de marzo en prisión en La Haya, donde era juzgado por genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en el Tribunal Penal Internacional (TPI), regresará el sábado a la tierra que lo vio nacer.
Será enterrado -«conforme a su deseo», según sus allegados- a la sombra de un tilo centenario en la inmensa propiedad del clan Milosevic, que incluye cinco casas repartidas en un terreno de 5.500 metros cuadrados, donde vive todavía su nuera, la esposa de su hijo Marko.
A Pozarevac, una ciudad de 60.000 habitantes situada a 70 km al sudeste de Belgrado, es donde su hoy exiliada esposa Mirjana Markovic, conocida como «Mira», deseaba verle regresar. Fue el lugar donde ambos crecieron y donde se conocieron en el instituto.
El lugar del entierro de Slobodan Milosevic fue objeto de oscuras negociaciones entre la familia y unas autoridades poco dispuestas a recibir en su territorio al responsable de la muerte de 200.000 personas durante la sangrienta década de los 90, pero cuyos aliados, socialistas y radicales, siguen constituyendo una poderosa fuerza política en Serbia.
El Estado descartó todo homenaje nacional, pero sus partidarios del SPS, del que Milosevic seguía siendo el jefe casi cinco años después de su detención, se movilizaron para organizar su retorno y darle, en la medida de sus posibilidades, un carácter oficial.
Socialistas y nacionalistas se sienten vencedores y esperan demostrar su fuerza al reunir el mayor número de simpatizantes posible en los funerales. *
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