DESDE TAILANDIA - Tailandia: atentados, tensión social y la amenaza del estado de emergencia

Oposición acampa en terreno de la Casa Real y aguarda

En el norte, de donde el primer ministro Thaksin es originario, la enorme mayoría de casas y aldeas tiene la bandera del primer ministro.

Hay tranquilidad y se da por segura una victoria electoral para el próximo 2 de abril. Nadie imagina siquiera otro escenario.

 

Bangkok en alerta

Dos atentados, me recibieron en Bangkok. Uno simplemente con petardos contra la casa de un intelectual que presentó una carta con la firma de 100 personalidades del mundo científico pidiendo la intervención del rey para lograr el alejamiento del primer ministro Thaksin.

El otro atentado, con algo de TNT y que dejó dos turistas heridos, fue perpetrado frente a la casa de un consejero del rey, sospechoso de haber sugerido en un informe reemplazar al primer ministro.

Ambos atentados abren las puertas a la eventualidad de declaración del Estado de Emergencia, la concentración de poderes en el primer ministro hasta las elecciones, incluyendo el poder de disolver toda manifestación y encarcelar opositores.

Pocos piensan que se llegue a ese extremo, pero Bangkok está en estado de shock, como al borde de una guerra civil, donde lo gestual y lo simbólico tienen más peso que lo real.

La Alianza del Pueblo por la Democracia, nombre oficial de la amplia coalición de oposición a Thaksin, ha rechazado la convocatoria a elecciones y reclama directamente la salida del primer ministro.

Han instalado un campamento en el Campo Real de Saman Luang, donde usualmente se desarrollan las ceremonias oficiales de la casa real. Allí se congrega la gente después del trabajo y se queda hasta altas horas de la madrugada. La elección del lugar no fue hecha al azar.

La prensa opositora destaca en grandes titulares cada personalidad que se suma a la campaña o las declaraciones de militares que se declaran «neutrales» pero dispuestos a intervenir para salvar al país si la «situación» se prolonga.

¿Qué situación? El primer ministro aceptó la presión, disolvió el Parlamento y llamó a elecciones en acuerdo con la Constitución vigente, tiene apoyo popular y mayoría parlamentaria asegurada. ¿Cuál es entonces la gravedad de la «situación»?

La oposición –ante una derrota electoral anunciada– declara que no son los votos los que lavan la corrupción, y declaró que no presentará listas a los próximos comicios.

Parecería lejos de ser una situación de empate, es obvia la desigualdad de los contendientes, la legitimidad que ostenta uno de ellos (Thaksin) y la falta de recursos y votos efectivos de la oposición.

A mi llegada a Bangkok Thaksin había reunido una multitud calculada en 300.000 personas. La oposición señala que Thaksin dio a los participantes transporte y comida gratis (¡sí, a 300.000 personas!) lo cual estaría dentro de las más clásicas tradiciones asiáticas, donde el dueño de casa debe ofrecer una atención o un refrigerio a los visitantes, sean estos 3 o 300.000).

No sé sobre el transporte porque fui por mis propios medios, pero la comida estaba muy bien. Tenía interés en ver y escuchar a Thaksin.

Sin duda hay en este gobierno construido sobre las bases del liberalismo (entendido como ausencia de controles sociales) y de las recetas del Fondo Monetario un componente de corrupción más allá de los límites de la imaginación.

Pero no toda la oposición puede levantar la bandera de la ética. Hasta hace pocos días allí encontrábamos no solo demócratas bienintencionados sino políticos y ex ministros desplazados del gobierno bajo acusaciones similares a las que hoy se le hacen a Thaksin. Incluyendo en el paquete a sectores de la ultraderecha tradicional que denuncian que el actual sistema de reformas «a la occidental» socava el sistema de círculos de poder y relaciones construido durante generaciones en el país. Algo así como un discurso fundamentalista de la TFP.

Nadie había en todo ese paquete opositor que quitara el sueño al primer ministro luego de su convocatoria a elecciones que lo presentó como el gran defensor del sistema democrático.

Había y hay en la oposición a Thaksin demócratas y «demócratas».

No puedo evitar encontrar un cierto paralelismo con la oposición venezolana, donde los «demócratas» que no tienen talla, vocación ni apoyo electoral hacen guiñadas a diestra y siniestra para encontrar una forma de derribar el gobierno legítimamente electo, por caminos inconstitucionales (para encaramarse ellos). El paralelismo termina allí, porque las diferencias entre Chávez y Thaksin ocupan más espacio y más tiempo del que disponemos. Basta decir que a mi juicio Chávez usa los recursos del Estado en beneficio de la población venezolana, mientras que Thaksin ha convertido el Estado en una empresa familiar.

Pero algo ha cambiado y ahora las preocupaciones de Thaksin aumentaron. En los últimos días se han sumado en su contra los miembros del llamado Palang Drama (fuerza moral), desinteresados del tema electoral. Reclaman la renuncia de Thaksin sin nada que ganar. Es el caso del general Chamlong.

Aproveché mi estadía en Bangkok para visitar a Chamlong Srimuang, a quien conocí cuatro años atrás cuando nos tocó estar juntos en una campaña contra la deforestación y la erosión de la cuenca del río Mekong. Sabía dónde encontrarlo, porque salió en todos los diarios el ingreso del general asceta al Campo Real de Saman Luang, acompañado de 3.000 seguidores, hoy en su mayoría monjes budistas, llevando banderas y distintivos amarillos, el color de la Casa Real.

Fui entonces hasta Saman Luang, donde constaté que la oposición también daba un refrigerio –con mucho curry y picantes varios– a los visitantes.

 

El general asceta

Chamlong Srimuang, de 70 años, asceta, ex militar y líder religioso conservador, me decía que hay periodistas que son enviados todos los días a hacer entrevistas a militares, buscando generar «ambiente» para un golpe contra Thaksin. «No es así como nosotros lo queremos sacar», me aseguró, «sólo hay algo peor que Thaksin y eso es un golpe militar».

Prometí ir a visitarlo a Kanchaburi, donde vive, en algún futuro no lejano, hablamos de tomates y del cultivo natural de vegetales, la política no es el eje de su vida.

El apoyo de Chamlong dio un vuelo hasta entonces impensable a la campaña contra Thaksin. Entre otras cosas, fue el propio Chamlong quien le dio impulso en su carrera política.

Considerado uno de los líderes espirituales de la nación, y con una conocida buena relación con el rey, Chamlong encabezó en 1992 una exitosa –aunque sangrienta– revuelta contra el gobierno militar. La intervención del rey a favor de Chamlong puso fin a la era militar en Tailandia.

Fue el ingreso de Chamlong a la campaña lo que obligó a Thaksin a subir las apuestas y prometer ante la multitud (y todo el país, por televisión) que de no lograr su partido más del 50% de los votos emitidos, no aceptaría ser primer ministro nuevamente.

En Tailandia el voto es obligatorio, por lo que Thaksin abre otra puerta para que sus enemigos –aún en el boicot y sin listas propias– puedan expresarse.

«La oposición está demostrando que no cree en la democracia, está demostrando que no tiene respeto por la Constitución aprobada por el pueblo», acusó entonces Thaksin, convertido en defensor de la democracia.

Permaneceremos aquí…

Como respuesta en la Plaza Saman Luang, Chamlong declaró: «Permaneceremos aquí hasta que Thaksin se vaya».

Para entender el significado de estas palabras hay que entrar un poco en la historia de Tailandia.

En 1992, bajo intensa presión militar, el parlamento eligió como primer ministro al general
Suchinda, que no era miembro del Cuerpo. Chamlong, dos veces alcalde de Bangkok, difundió una carta anunciando el inicio de una huelga de hambre en el Campo Real de Saman Luang hasta que se aceptara una modificación de la Constitución prohibiendo que los no integrantes del Parlamento pudieran ser jefes de gobierno. «Permaneceré aquí…», fueron también entonces sus palabras.

En torno a él en mayo de 1992 se congregaron los estudiantes universitarios y los trabajadores.

Intensas jornadas de manifestaciones, sangrienta represión y decenas de muertos terminaron con la convocatoria de ambos, Suchinda y Chamlong al palacio real, donde la televisión los mostró de rodillas ante el rey, quien les reclamó el fin de la violencia y que ambos se comprometieran a trabajar juntos para la democratización de la Constitución. Chamlong convocó a sus simpatizantes a dispersarse. Suchinda, humillado y desautorizado, renunció cuatro días después.

Chamlong, agobiado por las muertes, reclamó para sí parte de la responsabilidad y pidió perdón a las familias de las víctimas, siempre señalando la justeza de la causa. Se retiró de la vida política a vivir en una choza de paja, dedicándose a la agricultura natural, al estudio del budismo y la ecología.

Apoyoó a Thaksin, candidato surgido del norte del país y que contaba con el apoyo de las clases más desposeídas.

 

¿Entonces quién?

Aun con todo el poder que le da la Constitución y una cómoda mayoría parlamentaria, Thaksin comienza a perder espacio de maniobra y tiene motivos para inquietarse.

Entretanto el rey guarda silencio.

En el mundo diplomático local es conocida la posición de la Casa Real contra la corrupción en general y Thaksin en particular y, sin embargo… también se sabe que el hijo del rey ha contraído deudas… con empresas propiedad del primer ministro.

Aún faltan varias movidas para que alguno de los jugadores pueda declarar el jaque mate.

Entre otras cosas, la pregunta en ambos bandos es: si no es Thaksin, ¿entonces quién? *

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