El piquetero Raúl Castells abrió comedor en el barrio más opulento
Acosado por juicios incoados por grandes empresas, entre ellas la especializada en comidas rápidas McDonald’s o YPF-Repsol, la petrolera, mediático hasta con sus varias y prolongadas huelgas de hambre, el comedero de Puerto Madero da lugar a lecturas de distintos tenor pero por sobre todo pone de relieve el pánico que genera en los dueños de negocios y departamentos en la zona donde la tierra puede llegar a 2.500 dólares el metro cuadrado. La historia del comedor de Castells es reciente y su origen un disgusto entre la administración de Puerto Madero con el dueño de un restaurante especializado en cocina cubana. En venganza a la clausura de su delicado especializado en «Moros y Cristianos», por caso, Miguel Doñate, que controla navieras y tiene negocios con La Habana, entregó en comodato una de sus propiedades, pequeña porque sólo había un kiosco, a Castells donde ahora reparte 100 almuerzos y cenas muy frugales y baratas en su realización a desposeídos, especialmente niños, embarazadas y ancianos. Frugal, es mucho: tortas fritas y agua.
Inauguró su patriada con casi mil asistentes en el local que está justo al frente donde está apostada la Fragata Sarmiento, que fuera la escuela naval a principios del siglo XX, un lugar de atracción turística fuerte en estos tiempos de mucha presencia de extranjeros que añaden a su agenda, o las que preparan las empresas del ramo, la visita para conocer cómo viven los pobres en la opulenta Argentina. Nada mejor que Puerto Madero para el contraste. Castells prometió no presionar a los elegantes restaurantes de la zona para que donen alimentos, opta por dietas sencillas porque «no quiere sushi». De paso, vende a los turistas remeras con su barbada cara y otros souvenires. A Castells, cineastas australianos le hicieron un documental laudatorio que no se exhibió aún aquí y ahora pululan los pedidos para que participe en otros filmes.
Con razón o no, lo cierto que el alicaído espacio piquetero deplora el «oportunismo» de Castells, a quien jamás quisieron porque no saben qué quiere en su vida y si es realmente independiente. El se proclama socialista de matriz trosquista e incluso tuvo un pequeño contacto algo más que formal con el Partido Obrero, la principal agrupación trosquista del país.
Lo que nadie puede discutir es el éxito propagandístico de la iniciativa. Para el empresario, acaso, una manera de tener aliados que lo defiendan. Curiosamente, a horas de anunciarse su acuerdo con Castells, el diario «La Nación» lo vinculó a negocios turbios con un ex embajador de Cuba que sería, dijo, «uno de los hombres más ricos» de su país. Sus fuentes: los vinculados al exilio de Miami. Usar a los necesitados para tours turísticos no parece ser lo más indicado. Y, dicen los piqueteros duros, una manera de levantarlo a Castells y promover la desmovilización. Con todo, el caso desnuda las contradicciones existentes entre los poderosos y los humildes que tienen en Puerto Madero una simplificación ilustrativa. Los dueños de la mayoría de edificios y comercios quieren sacarlo mediante una resolución judicial. Temen que el valor de la propiedad caiga. Hasta ahora, los pobres llenos de pobreza no se atrevían siquiera a pasear por el barrio. Un camino que lo atraviesa por el sur, que conduce a un paseo popular, la Costanera Sur, precisamente, nunca había sido «violado» con desvíos hacia uno u otro costado del sendero, como si existiera un acuerdo tácito no «invasor» que vigilan con afán los efectivos de la Prefectura Marítima, que tiene jurisdicción en la zona por estar en las cercanías del Río de la Plata y previenen del contrabando potencial, pero sobre todo que no haya problemas en el barrio más seguro de la Capital Federal. *
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