Destituyeron a Ibarra pero conserva sus derechos políticos
A Ibarra lo suplanta el vicejefe de gobierno Jorge Telerman que fue su compañero de fórmula en 2003 cuando fue reelecto derrotando en un segundo turno al actual líder del Pro (una alianza de centro-derecha ladeada para este último costado), Mauricio Macri.
En un momento al iniciarse la dramática reunión de la Sala Juzgadora pareció encenderse una lucecita para Ibarra cuando Beatriz Baltroc, legisladora del pequeño partido de izquierda Autonomía Popular había anticipado a uno de los dirigentes de los familiares de las víctimas que no estaba convencida con la destitución de Ibarra y votaría por su permanencia.
Pero de los tres legisladores del espacio kirchnerista, sólo uno sufragó por Ibarra, otro su abstuvo y fue casi decisivo el voto por su destitución del diputado Helio Rebot que es el jefe del bloque del Frente para la Victoria en la Legislatura.
Ibarra, así, únicamente consiguió el apoyo de dos de sus leales diputados de la coalición que lo llevó a la jefatura de gobierno en 2003. Los otros dos los dio la mencionada Baltroc y el kirchnerista Sebastián Gramajo. Pero el más esperado de los votos, que fue en definitiva definitorio, fue el del representante de Autodeterminación y Libertad, el partido del ex trosquista Luis Zamora, Gerardo Romagnoli.
Este había anunciado que no quería participar más de la Sala Juzgadora, por considerar al juicio político una «farsa» en tanto se limitaba a acusar a Ibarra y no a todo el liderazgo político y, además, a la misma Legislatura. Pero amenazado de ser expulsado de ese cuerpo Romagnoli participó de la votación y lo hizo, con esos argumentos confusos, en contra de Ibarra «en homenaje a los familiares» de las víctimas de la tragedia.
La alegría de los familiares de las víctimas
Varios miles de personas que rodearon a los familiares en las cercanías de la Legislatura, donde se destacaban pancartas de partidos de izquierda, fogoneros claves de las movilizaciones con el destituido funcionario, estallaron con vivas y abrazos y reclamos por, ahora, la condena judicial de Ibarra.
Por ahora, en los tribunales civiles donde se sustancia la causa de la tragedia, están con prisión preventiva el propietario o gerente del boliche, los musicantes de rock «Callejeros», varios policías y bomberos y funcionarios del sector de seguridad de los recitales y funcionamiento de los locales bailables. Pero ni en primera ni en segunda instancia, Ibarra ha sido citado ni como testigo.
Pero el argumento de la responsabilidad política del jefe de Gobierno sobre todo lo que sucede en la Ciudad fue clave, aunque varios de los que votaron en su contra le pasaron la factura también a su gestión incluso durante su primer mandato.
Aunque la izquierda dura fue la más solidaria con los familiares e impuso casi con los últimos suspiros de las víctimas, la consigna de «la culpa no fue de la bengala ni del rock, sino de la corrupción», quienes pergeñaron la idea del juicio político, pero sobre todo con fuerza para implementarlo, fueron los partidos de derecha.
Macri con su aliado López Murphy y en estas circunstancias de Elisa Carrió, dominan la Legislatura por la excelente elección de Pro y del ARI en la última elección de legisladores locales en octubre. Macri, además, ya tenía una activa primera minoría antes de ese comicio, pese a que muchos desertaron de sus filas. Entre ellos el mencionado Rebot que se pasó al kircherismo, y Florencia Pelimeni que tiene su propio sector, «Guardapolvos Blancos».
Ibarra logró en 2003 ser reelecto, pero la coalición, que entonces integraba el ARI, se desintegró, y ello explica el escaso apoyo de la propia tropa. Tampoco se la dio el kirchnerismo, pese a que el presidente Néstor Kirchner enviaba señales indirectas de respaldo al defenestrado político, que era hasta ayer su aliado en la Reina del Plata.
El futuro de Ibarra
Ibarra había remontado el aislamiento en que quedó tras la tragedia de Cromagnon, logrando apoyos públicos de sectores políticos, de organizaciones de derechos humanos, de ex presidentes como Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde, de ONGs, que se concretó en varias movilizaciones callejeras. Las encuestas exhibían una mayoría en contra de la destitución, pero ocurrió otra cosa.Se suponía que ese respaldo popular influiría en alguna fractura tanto en el ARI como en Pro y especialmente un respaldo total del kirchnerismo. El pronóstico no se cumplió.
En EEUU un presidente impopular por la crisis del Watergate renunció cuando se lo iba a destituir. Pero la popularidad de Bill Clinton fue más fuerte que la coalición legislativa que quiso sacarlo de la Casa Blanca.
Que la Sala Juzgadora le haya mantenido a Ibarra sus derechos políticos acaso le dé una oportunidad de rehabilitación. En los mentideros políticos se murmura hace rato que podría ir por una banca en la Cámara alta en 2007.
Por ahora es Telerman quien se queda al frente del gobierno local y debe moverse con soltura. Primero, porque gran parte de la administración le responde a Ibarra y luego, no tiene buenas relaciones con el jefe de Gabinete nacional, Alberto Fernández. En algún momento en alianza con un sector del kirchnerismo modificará su gabinete.
Ibarra anunció que irá en queja al Poder Judicial, basado en gran parte en vicios formales, como que la Sala Juzgadora fue modificada en su composición una vez iniciado el proceso y por haberse consumado «un golpe institucional».
La manipulación que Ibarra denunció como un verdadero «golpe institucional» enfureció a sus enemigos, pero de todas maneras el proceso exhibió falencias muy fuertes en la gestión de la Ciudad. Pero eso no estaba en la agenda del juicio político sino la responsabilidad de Ibarra en la tragedia. Y aquí, las acusaciones fueron débilmente fundamentadas. Como se dijo en algún momento, lo ocurrido ayer fue una crónica de una destitución anunciada. Y Kirchner recibe en el principal distrito electoral donde no le fue muy bien que digamos en octubre, donde los suyos salieron terceros en la renovación de legisladores nacionales y locales.
Hay mucha tela para cortar en lo ocurrido. El porqué de lo que pasó en Cromagnon no quedó aclarado en el juicio político ni en la investigación legislativa que llevó a los de ayer. Ahora deben hablar los jueces. *
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