A cuatro años de derrocado el régimen talibán

Resurge la resistencia en el sur de Afganistán

«Este invierno hemos contabilizado tres veces más incidentes que en los tres inviernos anteriores en total», destacó un responsable occidental encargado de las cuestiones de seguridad en Kabul.

Incluso los estadounidenses, que hasta ahora estaban muy optimistas, reconocen que la situación se deteriora y amenaza al frágil Estado afgano que, a duras penas, trata de extender su poder con ayuda de la comunidad internacional.

«Nunca desde fines de 2001 los rebeldes habían representado una amenaza tal para la expansión del gobierno afgano» en las provincias, declaró a fines de febrero el general Michael Maples, director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) estadounidense, durante una audición en el Senado en Washington.

El lunes le correspondió a la misión de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) manifestarse «inquieta» por el deterioro de la seguridad en el sur, donde los ataques son casi diarios, destacando «doce atentados suicidas desde comienzos de año».

Más allá del número de ataques, los aliados internacionales del gobierno se inquietan por la creciente eficacia de los rebeldes, que eligen cuidadosamente sus objetivos, atacados «a la iraquí» (bombas, asesinatos…).

«La rebelión se hace más inteligente, evitando los ataques frontales y aterrorizando o eliminando todo enlace del gobierno central a nivel local», destacó el responsable occidental.

En unos meses, casi 200 escuelas han cerrado o fueron quemadas por centenares, en particular en las provincias de Zabul y de Helmand, y varias decenas de responsables locales fueron atacados o muertos.

El resultado es que son diezmados los restos del Estado que trata de instalarse en las regiones pashtún, la etnia originaria de los talibanes, muy marcada por la autonomía tribal.

Los responsables afganos temen que la estrategia de los rebeldes, alimentada por la inseguridad para impedir toda reconstrucción y desacreditar al gobierno y sus aliados frente a la población, termine por triunfar.

Nadie sabe exactamente cuantos son los rebeldes. «Algunos cientos, apoyados por los traficantes de droga en particular y de las redes islamistas del Pakistán o de ciertos países árabes», según las autoridades afganas.

«Esas organizaciones reclutan a jóvenes afganos desorientados, armados y pagados para atacar al gobierno y a sus aliados», destacó el responsable occidental.

«Algunos distritos están llenos de talibanes. En otros, envían cartas anónimas para amenazar a la gente», lamentó Haji Mohammed Qasem, jefe del distrito de Nad Ali, cercano a Lashkar Gah.

«Vamos a tener que volver a ganar la confianza de la población y garantizar un cierto desarrollo», reconoció el teniente Henry Worsley, uno de los resposnables del contingente británico (3.500 hombres), desplegado en Helmand, hasta ahora abandonado por las fuerzas de seguridad.

Este es también el objetivo de los canadienses, que llegaron ayer a Kandahar y que en cuatro días sufrieron dos ataques que dejaron una decena de heridos. *

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