El desafío insoslayable: la distribución del ingreso

El poder político argentino no puede con la Asamblea de Entre Ríos

Kirchner llegó al primero de marzo con su mochila cargada por el voto de la cámara baja de reformar al Consejo de la Magistratura, ese órgano de poder que designa y saca jueces, ahora, según la oposición, como herramienta para el oficialismo de turno para controlar ambos procesos.

El Presidente se defiende: él que ha ayudado a conformar la Suprema Corte más independiente de que se tenga memoria, que saco del medio a menemistas escasamente legos y mala gente. O puso su poder para que se eliminaran las leyes de impunidad para los violadores de los derechos humanos, que este año, a 30 años del golpe de estado terrorista, serán sometidos a juicios orales, no puede ser atacado de querer dirigir al Poder Judicial.

La tentación de querer digitar jueces y camaristas es parte de la cultura política que abarca a todos los partidos que estuvieron en el gobierno y si bien el actual Consejo no era un dechado de virtudes, en varias ocasiones, actuales kirchneristas, hicieron lo imposible para que jueces acusados de corrupción no llegaran al juicio político.

Kirchner enviará al nuevo Consejo que recién funcionará para fines de año, entre otros por el oficialismo, a dos cuadros como la diputada nacional Diana Conti, de currícula envidiable en defensa de los derechos humanos y a Carlos Kunkel, también diputado, que es considerado un «jacobino». Para algunos sectores, las obsesiones de la oposición no tienen (total) asidero y más bien creen, o se ilusionan, con un tiempo de depuración del plantel de jueces y otros críticos iniciales a la reforma suponen que por vía reglamentaria se pueden dar mayores garantías.

La lectura política de lo ocurrido cuando esa norma se votó explica la euforia del mensaje de inauguración de las sesiones ordinarias del Parlamento. Entonces, Kirchner reunió un número impensable de apoyos, que lo acercan a los dos tercios del cuerpo, situación ideal ya que en la Cámara alta tiene esa positiva relación de fuerzas que arrincona a la oposición. Para peor, los opositores de ese proyecto, y que en su mayoría son sistemáticos críticos del Presidente, sea por centro-derecha o de un ala del progresismo, exhibieron tanta desorientación que puede tentar a instalar hegemonía para un proyecto de largo alcance.

Por lo pronto está planteada la cuestión de la sucesión el año próximo, donde Kirchner elude una definición, más bien niega que vaya a ir a un segundo turno constitucional y su poder por el espacio variado del peronismo (donde junta la Biblia y el Calefón, alejándose del proyecto de renovación) más la construcción a ritmo de hormiga pero consecuente de bases propias en todo el país, le da márgenes de movimiento para definir el tema cuando él lo crea oportuno.

 

El aura del ciclo económico, base de la popularidad presidencial

En gran parte esta fuerza está dada por la performance económica. El PBI en 2005 es un 5,5% más alto que el de 1998, el pico más alto de la historia. De eso se ufanó en el mensaje y además por el crecimiento de las exportaciones y reservas de divisas; que la deuda externa que llegaba al 147,6% del PBI ha caído, con el canje de la deuda en defualt y el pago anticipado al FMI, al 67%.

Aunque Kirchner dio datos sobre caída de la indigencia y pobreza, lo cierto es que el PBI per capita es ahora igual al de 1974 y la pobreza es mayor que entonces. Existen pocas experiencia de países, si las hay, donde marchen en dirección opuesta crecimiento económico y equidad distributiva. Aún el Banco Mundial reconoce que no hay evaluación estadística que sugiera que el aumento de la pobreza sea bueno para el crecimiento. La distancia entre el comportamiento de los índices económicos y los sociales ponen de relieve que está ausente una política tendiente a revertir, como se proclama, esta realidad.

¿Entonces?. Entonces la gran cuestión de las próximas semanas será la (mal) llamada «puja distributiva» que tendrá como escenario centenares de convenciones colectivas. El gobierno ha puesto un tope del 20% de incrementos, que podrían estar acorde (no del todo) con los trabajadores en blanco, o sea los legalmente registrados que son la mitad de la masa laboral. Con todo, en esta columna, casi un 43% recibe salarios iguales a la canasta familiar oficial, que no es la necesaria. Los trabajadores en negro están muy relegadas no sólo en salarios sino en seguridad social. Este espacio no presiona igual que en el pasado como «ejército de reserva» dada su baja calificación.

Kirchner cuenta con ese poder político descrito y el alineamiento de la CGT, a pesar que viejos sindicalistas de gemios numerosos y en su momento, menemistas, pueden «correr por izquierda» a Hugo Moyano, el secretario general de esa central.

Con todo, ni el Presidente ni el sindicalismo, pueden desconocer el crecimiento de corrientes clasistas, no siempre marxistas, que han demostrado capacidad de poner en jaque no sólo a la CGT sino también, en menor medida, a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), que, además, esta forcejeada por corrientes muy cercanas al oficialismo y que son parte de la propuesta no peronista del primer mandatario.

En este proceso, se entiende que Kirchner haya dedicado tiempo a morigerar la incipiente inflación. Los datos de febrero, 0,4%, son bajos, lo que lo justificaría. Pero parece más estadístico que el reflejo real de las góndolas y del poder adquisitivo.

La inflación impacta además sobre uno de los ejes del rumbo económico: la estabilidad cambiaria. De hecho hubo una depreciación del peso, en tanto las monedas de varios de sus socios sudamericanos, se apreciaron.

 

El conflicto y como abordarlo

En lo inmediato la cuestión básica pasa por resolver el diferendo con Uruguay. Por ahora, todo el poder político exhibido por el Presidente, no alcanzó para desarmar el mayor problema inmediato, que los ciudadanos de Gualeguaychú acepten levantar los cortes de la ruta. Kirchner rogó en su mensaje a la Nación a Tabaré Vázquez para que influya sobre las empresas para que suspendan los trabajos en tanto, una comisión de notables a convenir su integración, define la mejor tecnología a aplicar y no está en juego el derecho uruguayo de seguir con el proceso. Lo hizo por varias razones, entre otras, por el descontento que crece en los socios sudamericanos el bloqueo de caminos por percepción, acaso, del escaso interés oficial en revertir la situación. Los cortes de puentes fue el gran ausente del discurso.

Dicen en el oficialismo que ahora está decidido a lograr que cese el bloqueo de las rutas, decisión no sencilla ya que durante meses, el propio gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, que el viernes, por orden presidencial llamó a los celulares de los referentes de las asambleas, fue el que le dio aire a los cortes. Están llenos los diarios de declaraciones justificando el bloqueo de camiones de Chile porque «transportaban elementos para la muerte» y bobadas de tenor parecido. Los asambleístas dijeron nones lo que es para Busti un bochorno y un toque de atención para el Presidente.

Es probable que para Montevideo el levantamiento eventual del bloqueo a los puentes debería ser sine die, como única manera de encarar un enfoque realista para el control y monitoreo de la construcción y funcionamiento de las plantas. Se insiste aquí que las empresas pueden en condiciones de seguridad jurídica aportar a la solución con una suspensión transitoria de las obras.

La experiencia asambleísta es muy rica, pero la política externa no puede estar sujeta a sus reclamos, por más justos que fueran. Pedir controles y no contaminación es una justa reivindicación, pero la consigna de «no a las papeleras», va a un callejón sin
salida. Ya hay daños en la política exterior: la suspensión de una cumbre entre Kirchner, Lula y Hugo Chávez, que, con todo, sus expertos ratificaron la realización del estratégico gasoducto sudamericano. Debía realizarse en Mendoza, dentro de los tiempos de la transmisión del mando en Chile: no pudo ser atento al clima generado por la controversia en el río Uruguay.

Las dificultades para levantar los cortes no son sólo por desconfianza hacia Kirchner. Está vinculada a la idea del «doble poder», muy afín a sectores de izquierda dura (que en principio no tienen presencia notable) pero también al ecologismo fundamentalista, que visualizan a esta controversia como de ensayo general a nivel mundial. Esto explica la solidaridad expresada por Greenpace en el puerto chileno de Talcahuano, la semana que pasó y que dio aire a una mala interpretación del papel de Ricardo Lagos cuando transmita el mando a Michelle Bachelet.

Esto de la asambleas deliberativas recoge en parte uno de los grandes relatos de las historias revolucionarias. Pero no hay nada que cuente que, por caso, la paz de Brest Litovsk entre la Rusia Revolucionaria y Alemania haya sido puesta a debate por los soviets de entonces. La dirimieron Lenin con Trotsky y éste perdió.

 

Llega la definición para Ibarra y el papel del Presidente

Puesta en la agenda política, la controversia con Uruguay se mantendrá en un primer plano hasta que se encuentre una solución que no humille a nadie. ¿Hay luz al final del camino?. El secreto encuentro aquí entre el ex tupamaro José Mujica con el canciller Jorge Taiana aunque no pasó nada, y no fue una negociación, reafirmó con otros datos que no están cerrados los caminos.

En tanto, la semana tendrá el martes un día especial: se conocerá entonces si la Sala Juzgadora de la Legislatura porteña, desaloja de su cargo al jefe de gobierno, Aníbal Ibarra, o lo repone si no se alcanzan los 10 votos para condenarlo.

El alcalde remontó en pocos meses de su aislamiento visible a contar con el respaldo (al menos de los sondeos y de las movilizaciones) de una mayoría de los ciudadanos. Es cierto que Kirchner dio luz verde para que los suyos participen activamente de las movilizaciones, pero también es verdad que no siempre es claro es sus posturas. Una vez más, como con el asambleismo, el temor es costo político. En este caso, con un sector de los dolidos familiares que sólo creen mitigar su dolor con un chivo expiatorio.

Ibarra puede o no vencer en esta pulseada en un juicio que nada sirvió para aclarar la tragedia de la disco Cromagnon y sus 194 víctimas fatales. Y no valió porque el objetivo era, para la derecha, desbrozar el camino hacia el control de la Ciudad y cobrar viejas facturas con una figura comprometida con los derechos humanos.

Para la izquierda de prosapia leninista, el descabezamiento constituiría una victoria popular, una lectura casi delirante.

Pero a Kirchner el desalojo de su aliado no lo dejará, aunque quiere exhibirse como prescindente, sin huellas. *

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