México: anunciaron que los 65 mineros están muertos
El director de la mina Ruben Escudero «nos informó que todos los mineros están muertos. No hay nada que hacer», declaró a los periodistas Juan Hernandez, sobrino de Margarito Zamoran uno de los 65 mineros que se encontraban al interior de la mina cuando se produjo una explosión.
El ministro de Trabajo de México, Francisco Salazar había adelantado el viernes que las chances de encontrar a los mineros con vida disminuían con el correr de las horas.
Luego de la explosión de grisú – metano desprendido de las minas de carbón que al mezclarse con el aire se hace inflamable- el trabajo de los equipos de rescate se complicó por numerosos derrumbes, por la fragilidad de las galerías y por la atmósfera irrespirable.
Un centenar de personas -mineros supervisores y técnicos- participaron en las operaciones de socorro. Los mineros trabajaban para la empresa Industrial Minera México y la sociedad de construcción General de Hulla.
Horas antes, las operaciones de salvamento de 65 trabajadores atrapados desde hace una semana en una mina de carbón al norte de México habían sido suspendidas temporalmente por las altas concentraciones de metano al interior del filón, desatando el llanto y la desesperación de los familiares.
«Tienes que regresar ‘chaparrito’, prometiste volver», se repetía entre lágrimas la madre de uno de los mineros que quedaron a 150 metros de profundidad, luego de que el domingo 19 de febrero se registrara una explosión de gas grisú (mezcla gaseosa de gas metano y aire).
El murmullo de las oraciones -que desde hace seis días podía escucharse a pocos metros del ingreso del yacimiento- desapareció cuando las autoridades anunciaron que se suspendían temporalmente las labores de rescate ante el riesgo de un nuevo accidente.
Más sola que nunca, María del Rosario Nieto, una mujer de 65 años cuyo hijo está entre los atrapados, escuchó incrédula lo que decían los ejecutivos de la mina.
«Vamos a frenar temporalmente las búsquedas para proteger a los rescatistas», declaró Arturo Bermea, director de minas del Grupo México, propietario del yacimiento.
Ante las altas concentraciones de gas metano, que hacen irrespirable el aire de la veta, no se puede «arriesgar la vida de los rescatistas», agregó.
María del Rosario es viuda, su esposo falleció hace dos años en un accidente automovilístico. Pese a conocer la amargura de la muerte, esta vez en el ejido de San Juan Sabinas susurra que ya no puede más.
«Yo creo ya no aguantar tanto, tengo 65 años», dice llorando. «Usted se ve muy fuerte ‘buelita», le dice uno de sus nietos. «Pues sí, pero no», responde la mujer.
De acuerdo con las mediciones realizadas a través de barrenos en la superficie del filón, «el análisis de gases del diagonal 23, a unos 1.200 metros de la boca, ratifica los resultados» obtenidos desde el jueves, «es decir que el aire en esta zona es totalmente irrespirable y no puede sustentar la vida», dijo el ministro del Trabajo mexicano, Francisco Salazar.
En esa área se presumía que podría encontrarse un grupo de entre 15 y 26 mineros.
Resistiéndose a la información que dieron Salazar y Bermea, otra mujer cayó en crisis mientras se aferraba a los barrotes de la puerta de entrada a la veta.
Su cabello teñido de rojo sobresalía entre las decenas de cámaras fotográficas, mientras personal de un cuerpo de socorros intentaba abrirse paso entre el tumulto de familiares y periodistas. *
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