ANALISIS INTERNACIONAL

El ejército colombiano tortura a sus soldados

Veintiún soldados colombianos fueron sometidos a torturas y tratos inhumanos y degradantes en el Centro de Instrucción y Entrenamiento (CIE) de la compañía del Batallón Patriotas del Ejército en Piedras, departamento de Tolima. Un informe de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) con sede en París documenta y amplía las denuncias primarias sobre el tema, recogidas en nuestra nota del día 23 («La barbarie sin límites del imperio y sus acólitos») en su apartado final sobre «Los torturadores del Plan Colombia».

 

Con hierros de marcar ganado

Del mismo modo que el gobierno de Bush ocultó las torturas perpetradas por sus tropas contra prisioneros iraquíes, el gobierno de Uribe tardó casi un mes en reconocer estos hechos aberrantes. El comandante del ejército, general Reynaldo Castellanos, declaró ante las pantallas el domingo 19 sentirse «avergonzado» de lo ocurrido en el centro mencionado el 25 de enero. Ese día, 65 soldados del CIE participaron en una prueba obligatoria llamada «pista de evasión y escape», destinada a aprender cómo escapar de la guerrilla y qué hacer en caso de ser atrapados. De ellos, 44 lograron huir en el simulacro y 21 fueron capturados por los supuestos miembros de la guerrilla, que eran sus superiores. Estos 21 soldados (de 18 a 20 años, provenientes de humildes familias campesinas) fueron golpeados a puñetazos y patadas, con palos y piedras, y varios de ellos quemados en el pecho y otras partes con hierros de marcar ganado. Según los certificados del Instituto de Medicina Legal presentaron quemaduras de segundo grado. Además fueron sometidos a prueba de asfixia y ahogamiento (submarino) y a violencias y humillaciones sexuales.

La FIDH manifiesta su preocupación por la forma en que los soldados formados en estos moldes tratarán a sus prisioneros y a la población civil que según sus mandos «colabore con el enemigo». Y más allá, solicita al Estado colombiano que conforme una Comisión independiente para investigar el tipo de formación física, psicológica y académica que recibe la fuerza pública para la proclamada «lucha contrainsurgente». Señala asimismo el incremento de las violaciones de DDHH atribuibles en particular al ejército, que vulneran el Pacto internacional de derechos civiles y políticos así como la Convención contra la tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, ratificados por Colombia, y sobre todo el artículo 3 según el cual frente a casos de tortura los responsables no pueden invocar el cumplimiento de la orden de un superior como justificación.

 

El gobierno de Uribe oculta

El 20 de enero se dio a publicidad el informe de la Alta Comisionada de la ONU para los DDHH en Colombia, en el que se resalta el incremento de las denuncias de violaciones a los derechos humanos por parte del ejército, las torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes que involucran a miembros del ejército, la policía y personal de los centros de detención, además de la práctica de la tortura en interrogatorios a personas capturadas o detenidas. Ahora se agregan estos episodios de torturas en el interior del ejército. Sin embargo, al dar a conocer su opinión sobre dicho informe el día 20 de febrero, el vicepresidente de la República (Santos) no hizo la menor alusión a estos últimos, y afirmó que las fuerzas militares respetan plenamente el derecho internacional humanitario. O sea, el ocultamiento en toda la línea.

Estos hechos no pueden separarse de la política del presidente Uribe. Jugado en cuerpo y alma a la reelección en mayo tras las parlamentarias de marzo, impulsa un vasto operativo mediático sobre un presunto desarme de las bandas paramilitares. Es una farsa. Dichas bandas son parte del ejército regular, actúan en combinación con el mismo contra la guerrilla, tienen su gente en el Parlamento, integran el engranaje del narcotráfico en las zonas bajo su dominio. Además, Uribe siempre rechazó el intercambio humanitario propuesto por el principal movimiento armado. Ayer se cumplieron cuatro años de la captura de Ingrid Betancourt, pero Uribe sigue desoyendo los llamados nacionales (también de familiares de policías y militares) e internacionales (Francia) para negociar un intercambio de prisioneros.

 

Punta de lanza contra Venezuela

Según la prestigiosa escritora colombiana Laura Restrepo, Uribe es la punta de lanza de Bush en América Latina. Por el Plan Colombia (incluido en el presupuesto de EEUU), militares norteamericanos actúan en el país, con centro de operaciones en la base de Tres Esquinas. Los paramilitares maniobran en las fronteras, protagonizaron graves incidentes armados contra Ecuador. Pero sobre todo se infiltran y provocan en la frontera común con Venezuela, blanco del ataque concentrado de Bush. *

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