Reformaron el Consejo de la Magistratura

Un contundente triunfo de Kirchner sobre la oposición

Kirchner aseguró ayer horas después de conocerse el resultado de la votación en la Cámara abaja, 148 a 89, que se «rompió el Pacto de Olivos», ese acuerdo de 1993 entre Carlos Menem con Raúl Alfonsín por el cual se reformaba la carta magna para permitir la reelección del entonces presidente, a cambio de algunas reformas que fueron interpretadas de avanzada como la creación del Consejo de la Magistratura.

El Presidente fue constituyente justicialista de esa reforma de 1994 y votó a libro cerrado el llamado «núcleo de coincidencias básicas» que incluía darle categoría constitucional al Consejo. Entonces ponerlo en funcionamiento y reglamentar el número de sus integrantes fue una faena penosa. Se acordó un número de 20 con la idea de equilibrar la representación legislativa, académica, de jueces, asociaciones de abogados y del Poder Ejecutivo. Aunque no funcionó como se aguardaba, un sector de la oposición culpó al oficialismo de cada momento, de haber trabado su funcionamiento o de proteger a jueces cuestionados, impidiendo su juicio político.

El Consejo fue un avance porque de su seno salían las ternas al Presidente de la Nación que enviaba un nombre al Senado Nacional para que se designen jueces. Antes del Consejo, el Presidente elegía a su gusto que enviaba o no al Senado Nacional para que se designaran jueces. Pero la práctica exhibió enorme morosidad. Se acumulan las ternas sin que se cubran juzgados clave que están acéfalos.

No pareciera que la rebaja de consejeros le dé más agilidad, pero de todas maneras, las críticas académicas y de la oposición se detienen en el peso que tendrá el oficialismo ahora que en lugar de 20 integrantes serán 13. En rigor de verdad, el número de representantes leales al gobierno, que tiene mayoría en las dos cámaras del Parlamento y, además, uno que representa al Poder Ejecutivo, será del 38% del total, lo que en cierto modo lo obligará a consensuar con los restantes. Pero, como para designar o remover jueces se requiere de los dos tercios, el oficialismo de turno tendrá la llave del veto de hecho.

El debate parlamentario exhibió numerosas fallas en el funcionamiento del organismo, pero también del poder que tendrán los jueces sobre el Consejo que, precisamente, es el que los designa y sigue sus pasos.

Kirchner inició en mayo de 2003 su actual mandato y entre las primeras decisiones fue poner todo su peso político para que el Parlamento le hiciera juicio político a lo que se conocía como mayoría automática menemista. Y la renovó, con amplia participación pública, con jueces muy probos e independientes. Según «La Nación», hay sectores del oficialismo que hoy se «arrepienten» de tener una Corte realmente autónoma. Si es cierto o no, es difícil comprobarlo. Lo único cierto es que hay dos vacantes que Kirchner no cubre y que de alguna manera traba el funcionamiento del más alto tribunal.

A la Corte, con todo, la reforma de la madrugada de ayer le da el manejo de los fondos del Consejo de la Magistratura con lo que debilita su independencia.

Kirchner ayer criticó, como se dijo, aquel famoso Pacto de Olivos, como indicando que se terminaron los tiempos en que los jueces se elegían entre el oficialismo y el radicalismo, cosa que ocurrió realmente por mucho tiempo.

El elevado número de diputados que se alineó detrás de Kirchner suma a la propia tropa, unos 117 legisladores, casi todo el remanente del duhaldismo sus viejos enemigos y retazos radicales (amenazados con ser expulsados) y de partidos del interior, más bien conservetas. El ex canciller Rafael Bielsa se abstuvo.

Al rengo se lo reconoce cuando camina. Se verá la nueva integración del Consejo. *

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