Irak está inmerso en una "guerra de mezquitas"
El atentado contra el mausoleo de Samara, al norte de Bagdad, desencadenó represalias antisunitas sin precedentes desde la caída del dictador Saddam Hussein en abril de 2003, que se saldaron con ocho muertos, según fuentes de la seguridad. Además, un imán fue secuestrado en Bagdad.
El flanco derecho del mausoleo, obra maestra de la arquitectura islámica cuya construcción se remonta a 1.200 años atrás y está situada en el corazón de la localidad sunita de Samara, quedó destrozado por una doble explosión.
Su magnífica cúpula dorada fue destruida y su revestimiento de mosaicos turquesas se hizo añicos.
En el templo destruido, lugar de peregrinación muy venerado, están enterrados los dos últimos imanes de los chiítas duodecimanos: Alí al Hadi (827-868) y Hasán al Askari (845-872). Por ahora se ha detenido a tres sospechosos, afirmó a la AFP un importante responsable del gabinete del primer ministro iraquí, Ibrahim Jaafari. En represalia, veintisiete mezquitas sunitas fueron atacadas en Bagdad, de las que una se quemó completamente, y seis sunitas fueron asesinados, entre ellos tres imanes y tres fieles, señaló la policía.
En Basora (sur), murió una persona y otras 14 sufrieron lesiones en un ataque contra una sede del Partido Islámico y un muecín que se encontraba en su mezquita fue asesinado. Enseguida, decenas de miles de chiítas enfurecidos se echaron a las calles iraquíes para expresar su indignación.
Once egipcios y saudíes detenidos en una cárcel de Basora por acciones terroristas fueron secuestrados el miércoles por la noche por un grupo armado y diez de ellos fueron asesinados, señaló la policía local, sin que de momento se sepa si sus muertes están relacionadas con las represalias. El atentado contra uno de los lugares santos chiítas más importantes del mundo suscitó una ola de condenas y llamamientos a la calma.
«Estados Unidos condena este acto cobarde en los términos más fuertes», declaró a la prensa el portavoz de la Casa Blanca, Soct McClellan, mientras el departamento de Estado veía signos que podrían implicar a Al Qaida en el ataque.
Por su parte, el primer ministro británico, Tony Blair, advertía de un intento de «provocar conflictos y actos violentos entre sunitas y chiítas».
Londres y Washington se comprometieron en las tareas de reconstrucción del mausoleo.
«Este crimen odioso es un intento deliberado de fomentar la cizaña confesional en Irak y en la región», señalaron el embajador norteamericano en Irak, Zalmay Jalilzad, y el jefe de la Fuerza multinacional, general George Casey.
De forma completamente excepcional, Irán ha decretado siete días de duelo nacional.
En cuanto a la ONU, su secretario general Kofi Annan «llamó a todas las comunidades a demostrar un máximo de moderación».
En Irak, la principal autoridad chiíta, el gran ayatolá Alí Sistani, llamó a la calma y emitió «una serie de recomendaciones entre las que se incluyen las protestas «a través de medios pacíficos» y la prohibición de atacar a las mezquitas».
El jefe del Estado, Jalal Talabani, llamó a la población a «mantener la sangre fría» y el primer ministro anunció un duelo nacional de tres días y pidió que «se impida a los terroristas romper la unidad nacional». *
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