ANALISIS INTERNACIONAL

La guerra de las caricaturas de Mahoma

A LOS RIOS de tinta que corren en relación al polémico tema de las caricaturas de Mahoma y sus gravísimas repercusiones en varios países de Asia, Africa y Europa por parte de multitudes de musulmanes indignados (y que incluso llegó a América, con manifestaciones en Caracas), quiero agregar una visión desde este rincón alejado de las turbulencias. En el caso no hay nada inocente ni casual, tampoco se trata de un debate académico sobre la libertad de expresión y el respeto a las convicciones religiosas. En su trasfondo hay una situación internacional erizada de agudizadas tensiones.

 

Los rostros del profeta

Un primer hecho llama la atención. La docena de caricaturas reunidas bajo el título «Los rostros de Mahoma» fueron publicadas el 30 de setiembre del año pasado, hace más de cuatro meses, en el diario danés Jyllands-Posten, un periódico reaccionario, de derecha. (De paso sea dicho, tal como las vimos en informativos y periódicos, son de una factura mediocre, desmonetizan un género que tuvo cultores formidables, baste recordar a Daumier). La caricatura más difundida mostraba a Mahoma con un turbante en forma de bomba. En otra, desde el paraíso se dirige a presuntos militantes suicidas y les dice, según la leyenda en inglés: «Stop, stop, we ran out of virgins» (paren, nos quedamos sin vírgenes). El mensaje, nada sutil, establece un signo de identidad entre musulmanes y terroristas. O sea, resulta funcional a la campaña mundial emprendida por Bush y consortes después del 11 de setiembre.

Las caricaturas pasaron al olvido. Se archivaron, sin pena ni gloria. Pero en enero, transcurridos tres meses, otra publicación noruega las reprodujo. Y luego, en cadena, lo hicieron diarios de Alemania, Italia, Francia, España. Ahí ardió Troya. La pregunta es: ¿qué bicho le picó a la revista noruega para resucitar sin razón aparente un asunto muerto, lo que habría de engendrar trágicas consecuencias? ¿O es eso precisamente lo que se buscaba?

Veamos el contexto internacional. En un primer momento el presidente Bush no quiso enemistarse con los países musulmanes, formuló llamados conciliatorios mientras ardían las embajadas danesas y noruegas en una serie de países y los soldados de esas naciones involucrados en misiones internacionales se veían cercados por multitudes enfurecidas. Pero el tono cambió rápidamente.

 

Irán y Siria en la mira de EEUU

La Casa Blanca y la secretaria de Estado Condoleezza Rice pasaron a acusar directamente a los gobiernos de Irán y de Siria de ser los responsables de la ola de violencias, advirtiéndoles que deberían atenerse a las consecuencias. Bush declaró tajantemente que Siria e Irán eran los culpables de exacerbar la situación. Ya se sabe qué significan estas palabras en boca del mandante del imperio. El publicista árabe Bassam Saleh se pregunta desde Roma: «¿Será éste el verdadero motivo de la publicación de las viñetas y la consecuente violencia?». Agrega que todo induce a pensar que estos hechos «fueron instrumentalizados por la derecha conservadora europea y occidental para demostrar que la tolerancia y la convivencia con los musulmanes es imposible».

Por una parte, ello da pie a la legislación represiva contra los inmigrantes que campea en Europa y en el mundo occidental, asentada en la tesis de que cada inmigrante musulmán es un terrorista, por lo menos en potencia.

Pero hay algo más. Se apunta precisamente contra Irán, en momentos en que el conflicto con este país está al rojo vivo. EEUU ha presionado ferozmente para llevar al Consejo de Seguridad el tema del enriquecimiento del uranio que dicho país lleva adelante en ejercicio de sus derechos soberanos, y amenaza con la invasión como lo hizo con Irak (donde se entierra cada vez más en el pantano, con más de 2.255 muertos, lo que fortalece el movimiento antibelicista que jaquea a Bush). También se coloca en la picota a Siria, blanco de la retórica agresiva de EEUU desde tiempo atrás. O sea que los blancos de la campaña están perfectamente elegidos.

 

Una provocación calculada

Y para la provocación se eligió una figura venerada sin excepción por todos los musulmanes. Robert Fisk dice que si se hubiera exhibido a un rabino con una bomba en el sombrero, el hecho habría sido catalogado de inmediato como atentado antisemita. The Guardian de Londres informó (según da cuenta una nota de Brecha) que en abril 2003 un caricaturista entregó al mismo diario danés una serie de viñetas sobre la resurrección de Cristo, y que el editor las rechazó de plano, alegando que ellas «provocarían un clamor» por parte de los lectores. Con Mahoma se procedió al revés.

En suma: todo estaba meticulosamente calculado. Fue una provocación internacional para justificar nuevas medidas intervencio- nistas en Oriente Medio. *

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