Elecciones haitianas: un paso positivo
Las elecciones presidenciales y legislativas realizadas en Haití el martes 7 constituyen a todas luces un paso positivo para normalizar la situación prevaleciente en el país más pobre y sufrido del continente. Muy fácil resulta señalar los errores, insuficiencias, retrasos, expresiones de impaciencia y legítima protesta, defectos en la confección de los padrones y algunas escenas de violencia. Todo esto después de cuatro postergaciones sucesivas a partir de noviembre. Pero los árboles no nos deben tapar el bosque.
El buen papel de la Minustah
Haití, que ingresó a la historia como primer país independiente de América y primer república negra del mundo, y por sus vínculos con Bolívar, había llegado a fines de 2005 a una situación caótica, de virtual desintegración como Estado, con descaecimiento (o inexistencia) de los poderes constitucionales, con un presidente interino (Boniface Alexandre) y un primer ministro provisional (Gérard Latortue) traído desde Miami. El 29 de febrero de 2004 un golpe de Estado ejecutado por marines yankis, con el concurso de Francia, secuestró al presidente Jean-Bertrand Aristide y lo llevó incomunicado en avión a la República Centroafricana. Aclaremos que Aristide había sido electo y estaba ejerciendo su mandato; otra cosa es que actuaba contra el movimiento popular, traicionando sus orígenes en el Lavalas, y había montado su propia guardia pretoriana, los «chimères». Cuando el presidente depuesto se acercó a Jamaica (ya que los países del Caricom no aceptaron el golpe de Estado ni reconocieron al nuevo gobierno), la presión yanki lo alejó de la escena y forzó su exilio a Africa del Sur, donde permanece, ya que tampoco se le permitió participar en la elección. Es probable que buena parte de sus seguidores haya votado por René Préval, que concitó en su torno las distintas corrientes de Lavalas. Importa recordar esta historia reciente porque han proliferado versiones falsificadas, como la de que Aristide fue derrocado por un movimiento popular, cuando ello fue obra de las tropas de EEUU, las mismas que invadieron y ocuparon el país de 1915 a 1929 e intervinieron luego en todas las formas, particularmente a través de los 20 años de dictadura de Duvalier padre e hijo.
El primer signo positivo de la votación fue su masividad. De 4 millones de electores potenciales se logró inscribir 3.2 millones Mucha gente tiene ahora un documento de identidad, del que antes carecía. La votación abarcó, a pesar de todos los inconvenientes, un 50% aproximado. Las crónicas subrayan el entusiasmo por votar, en muchos casos con enorme sacrificio. En esto la misión de estabilización de la ONU, Minustah, desempeñó un buen papel, lo que nos toca muy de cerca por la participación militar uruguaya en el contingente de fuerzas de 20 países (entre ellas Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Paraguay, Perú por América Latina), comandado por Brasil y con mando civil a cargo de Chile.
Probable prevalencia de Préval
Los testimonios coinciden en que las fuerzas uruguayas contribuyeron al proceso de pacificación, a crear el clima de seguridad, a encarrilar por la vía civil una situación enrarecida por los choques de facciones armadas rivales; e incluso de que ayudaron a cubrir necesidades acuciantes de la población pobre en su radio de acción. Actuaron con comprensión, paciencia y humanismo en un país en el cual la desocupación ronda el 80%, la mitad de los habitantes no tienen acceso al agua potable y las tres cuartas partes de la población rural vegeta en la pobreza absoluta.
Las cifras preliminares parecen favorecer a René Préval (presidente en 1996-2001, antes primer ministro en 1991) frente al industrial blanco Carlos Henry Baker y el ex presidente Leslie Maragat (febrero a junio 1988). The Independent de Londres señala que «los pobres se lanzaron a votar a Préval», quien recogió del orden de 93% de los votos en Cité Soleil de Port-au-Prince, la capital, pero también alrededor del 70% en zonas más acomodadas como Pétion-ville. Entre las decenas de candidatos figuraba también Guy Philippe, jefe de los ex tontons-macoutes que se refugiaron en la Dominicana y pretendieron asaltar el poder en el período previo, empezando por la jefatura de policía de Port-au-Prince.
Andar con las propias piernas
Se ha cubierto una etapa auspiciosa, en el camino de que Haití se institucionalice, y de que entren en funciones el presidente y el poder legislativo de 130 miembros electos por el pueblo, para superar el estado latente de desintegración institucional, de desorden social y sobre todo las condiciones pavorosas de subsistencia de la gran mayoría de la población. En suma, para que el pueblo haitiano comience a caminar con sus propias piernas. *
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