Un dolor de cabeza para su esposo, el primer ministro de Gran Bretaña Tony Blair

Abusos de la Primera Dama… británica

Londres – El Comité de Estándares de la Vida Pública, organismo que regula los códigos de conducta de los miembros del gobierno en Gran Bretaña, analiza la posible modificación de las normas sobre el comportamiento de las esposas de los primeros ministros.

La razón: los excesos y el abuso de poder en que ha incurrido Cherie Booth, cónyuge de Tony Blair.

La eventual modificación de estas reglas –que Proceso conoció por una fuente cercana a Alistair Graham, presidente del Comité de Estándares de la Vida Pública– llega en un mal momento para Blair, quien recientemente ha visto caer sus niveles de popularidad debido sobre todo a su apoyo a la guerra en Irak y a sus planes para privatizar parcialmente algunos servicios públicos.

También varios influyentes organismos académicos han pedido que se modifiquen los códigos de conducta de los cónyuges del premier británico. Sin embargo, las solicitudes han sido rechazadas por la oficina ministerial de Downing Street.

 

Esposa incómoda

Cherie Booth es una abogada de 51 años especializada en temas sobre la mujer y derechos humanos. Trabaja con la firma londinense Matrix Chambers. Utiliza para ello su apelllido de soltera. Su comportamiento ha sido motivo de polémica. Han sido públicos sus enfrentamientos con la familia real británica –por ejemplo, ha desairado a la princesa Ana, hija de la reina Isabel II–, con la oposición conservadora y hasta con ex gobernantes, como Margaret Tatcher.

El más reciente escándalo en el que se ha visto involucrada rebasó las fronteras británicas: las autoridades judiciales australianas investigan a la asociación Smith Clark & Co, que en febrero pasado organizó una cena en Melbourne con el objetivo de recaudar fondos para el Instituto de Investigación de Cáncer Infantil. Cherie Blair cobró unos 30 mil dólares por pronunciar un discurso en dicha cena, en el que  como ha sucedido en los recientes meses– habló sobre su posición como mujer dentro del círculo de poder del gobierno, ofreció detalles y secretos de su vida privada dentro del número 10 de Downing Street e hizo comentarios sobre los lazos que –como abogada de renombre– mantiene con la elite judicial de Londres.

El problema, empero, no fue su discurso, sino que la asociación que organizó la cena sólo entregó 12 mil dólares (8% de lo recaudado) a la entidad de beneficencia y se quedó con el resto, cuando la ley local de Melbourne obliga a entregar al menos 60%. Esto motivó una investigación de las autoridades judiciales australianas.

Fue por esta razón que Grayuling lanzó una batalla sin precedentes en los medios británicos para impedir que la oficina del primer ministro «sea mancillada».

Grayling consideró que las actividades lucrativas de la señora Blair la dejaron expuesta a una investigación de las autoridades judiciales de Australia. según él, esta situación confirma la necesidad de que el Parlamento intervenga para evitar que Cherie siga lucrando con el nombre de Tony Blair en su beneficio personal, ya sea económico, de propaganda o de «relaciones públicas» para atraer clientes hacia el bufete en el que trabaja.

Esta no es la primera vez que Cherie provoca controversia en Gran Bretaña y mete en aprietos a su esposo.

En octubre de 2004, por ejemplo, Cherie declaró en una cena de gala en Londres que los palestinos tenían razón en realizar atentados suicidas para exigir sus derechos, sin importar las muertes de personas inocentes.

Esos comentarios no tardaron en causar virulencia en el país. La comunidad judía en Gran Bretaña y el embajador de Israel le solicitaron explicaciones a la abogada, quien se vio obligada a retractarse en público por sus declaraciones.

Cherie –madre de cuatro hijos y asidua compradora de ropa de segunda mano en Internet– también fue acusada de lucrar con su posición al ofrecer una charla en junio pasado en Washington, por la cual recibió unos 50 mil dólares. Cherie acompañaba a su esposo en una gira oficial por la capital de Estados Unidos, durante la cual el primer ministro británico se reunió con el presidente estadounidense George W. Bush para tratar, entre toros temas, la alarmante situación de seguridad en Irak.

Aunque todas las miradas estaban concentradas en la apretada agenda de Blair, su esposa logró reunir a poco más de mil espectadores, y cada uno de ellos pagó cerca de 100 dólares pro escucharla. La charla se tituló «Conversaciones con la esposa de Tony Blair» y en ella la abogada habló durante 45 minutos sobre aspectos de su vida privada en Downing Street, tales como la forma de freír huevos con tocino o acerca de cómo plancha la ropa de su esposo.

Investigaciones recientes revelaron que la esposa del primer ministro utiliza un Opel Omega blindado con chofer para ir al gimnasio y salir de compras con sus amigas. Esto es inaudito para la esposa de un primer ministro ya que en el pasado ningún cónyuge de un premier había gozado de semejantes privilegios.

Desatadas las críticas, el gobierno británico indicó que debió otorgarle un automóvil especial a Cherie «por razones de seguridad antiterrorista».

Y es que, después de los atentados de julio en Londres, todos los ministros gozan de excepcionales medidas de seguridad, un tema que no le gusta a la oposición, que mira con desagrado todos los privilegios que Blair le otorga a su «corte» laborista, como suelen llamar los editorialistas británicos al círculo de spin doctors (expertos en imagen) y a los ministros del gobierno.

 

El «Cheriegate»

Previamente, en 2002, la señora Blair fue el blanco de otro escándalo que los medios británicos bautizaron como el Cheriegate.

Esto ocurrió cuando Cherie compró dos apartamentos en la ciudad de Bristol (al sur de Inglaterra), ambos por casi 750 mil dólares. La mujer de Blair realizó la compra con la ayuda del abogado Peter Foster, un australiano que había estado preso en su país por estafa y fraude al fisco.

Foster era pareja de Carole Chaplin, la asesora de imagen de la señora Blair, y hoy columnista del diario conservador Daily Mail y del semanario Mail on Sunday. Cherie y Carole suelen tomar juntas el té en los salones del Ritz, en Harrod’s o en la cocina de Downing Street.

La abogada justificó la compra de los departamentos –de dos habitaciones y una pequeña cocina– como una inversión para su hijo mayor, Euan, quien necesitaba un lugar donde quedarse mientras estudiaba Ciencias de la Comunicación en la universidad local. Pero al salir a flote la conexión con Foster, Cherie se vio obligada a ofrecer disculpas públicamente.

El Cheriegate volvió a escena el año pasado cuando la señora Blair le alquiló una casa, propiedad de ella y su esposo, en el exclusivo barrio londinense de Mayfair, a la empresa de seguridad francesa Thales que, casualmente, había firmado contratos con el Ministerio de Defensa Británico (MoD) y el Ejército.

Al principio de este año, Cherie se vio obligada a cancelar un viaje a Malasia, donde tenía previsto inaugurar un centro comercial propiedad de su amigo Malcolm P. Jhonson, a cambio de unas lujosas vacaciones en el Lejano Oriente. Pero, según fuentes de Whitehall, el propio Tony Blair debió explicarle a su esposa que debía suspender todas sus actividades comerciales hasta que el código ministerial «clarificara su situación».

El verano pasado, los Blair aceptaron invitaciones para pasar vacaciones gratuitamente en la mansión del músico Cliff Richard en Barbados, así como en el palacio del príncipe Girolomo Strozzi en el pueblo de la Toscana italiana de San Geminiano, y en la exclusiva mansión sarda del primer ministro italiano Silvio Berlusconi.

En el
Parlamento, conservadores y liberales demócratas criticaron a Blair y a sus esposa por haber aceptado estas invitaciones pues el Código de Conducta Ministerial prohibe que los altos funcionarios del gobierno y sus familias acepten estas prebendas, ya que podría prestarse a tráfico de influencias o a conflictos de intereses.

Los voceros de Downing Street salieron rápidamente en defensa de Cherie para evitar una crisis por violaciones de las leyes británicas. Fue un golpe más para Blair, quien había recibido duras críticas por el escaso margen con el que ganó las elecciones generales.

En agosto pasado, Blair –cuyo gobierno atraviesa una crisis de liderazgo debido al rechazo que sufrieron en el Parlamento su ley antiterrorista y sus planes de reforma del Estado– se vio obligado a informar al Registro de Intereses (RI) sobre los ingresos de su esposa y sus actividades, en las cuales, admitió. Cherie utilizó su posición para obtener beneficios personales.

En el informe confidencial al RI –y al que la prensa británica pudo acceder de forma parcial–, el mandatario británico confirmó que él y su familia estuvieron durante 26 días en la mansión de Cliff Richard en Barbados, pero señaló que no había sido de manera gratuita pues, aseguró, realizó una «donación», aunque omitió revelar el monto.

Blair reveló también que Cherie cobro varios miles de dólares de regalías por su polémico libro «The Goldfish Bowl: Married to the Prime Minister 1955-1997″, en el que hace referencias a su vida en la residencia oficial y cuenta detalles sobre algunas esposas de otros premiers británicos. Además, Blair informó que su esposa cobró otros miles de dólares por ofrecer conferencias en Australia, Nueva Zelanda, y en Washington y Florida, en Estados Unidos. «Estas conferencias incluían detalles de la vida de Cherie como mi esposa en el número 10 de Downing Street», explicó Blair.

Sin embargo, el RI indicó que, en caso de que el Partido Conservador lo requiera, se podría investigar a Cherie por sus ganancias.

Según el Comité de Estándares de la Vida Pública, en las próximas semanas informará si avanza con el proceso para reformar los códigos ministeriales de conducta a fin de evitar lo que los conservadores en el Parlamento consideraron «abuso de poder y de posición» de parte de Cherie. *

 

* En acuerdo con la revista mexicana Proceso.

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