La derecha busca agruparse contra el presidente Kirchner
El antecedente ha sido el encuentro en la Cámara baja días atrás cuando a iniciativa de Elisa Carrió, la líder del Ari, casi todos los bloques no kirchneristas dieron el grito de alerta por las modificaciones aprobadas en el Senado Nacional al Consejo de la Magistratura que según esa entente otorga al oficialismo el futuro control del Poder Judicial.
En esta oportunidad, la convocatoria atrajo al arco de centro-izquierda, que es difícil, mas bien imposible, que se sume al llamado del ex ministro de economía aliado del empresario Mauricio Macri, uno de los adherentes junto al gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, muy conservadores todos ellos. Aquello sí que tuvo impacto, al punto que al oficialismo se le está haciendo cuesta arriba lograr número cuando se trate en febrero en Diputados.
El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, hizo como que la iniciativa de la derecha republicana le molestara, pero nada mejor para el proyecto Kirchner que tener en ese espacio de poca capacidad de penetración, ahora al menos, en el electorado, como la posible alternativa para el 2007, tiempos de renovación presidencial, y por eso ya sé está moviendo el avispero.
Es por eso, sobre todo en estos días de verano, no hay que tomar a pie juntillas todo lo que dicen los funcionarios que saben de todas maneras que la reforma al Consejo de la Magistratura es rechazada por un espacio tan amplio como que deja casi solo al oficialismo en su defensa. Incluso en el seno de la Suprema Corte de Justicia hay malestar por la iniciativa a la que vinculan con el silencio oficial sobre cubrir dos vacantes de los nueve integrantes del más alto tribunal.
Silencio quiere decir que no se designan los candidatos de un supremo renunciado y otro expulsado por la vía del Juicio Político lo que hace que la Corte este virtualmente paralizada en ciertos asuntos, por incapacidad de reunir una mayoría legal para definir varios asuntos clave, sobre todo en materia económica.
Para que quede más claro: el número de siete miembros, que en general es el que tiene apoyo generalizado, es ficticio, porque para que haya una mayoría se computan como si fuera nueve. Dada la división existente es difícil conseguir número necesario para por caso fallar sobre la constitucionalidad o no de la pesificación de la economía, que es la que funciona desde 2002 pero que necesita de una decisión del más Alto Tribunal frente a los juicios de los que se sintieron afectados por esa medida.
Algo pasa con la Suprema Corte
¿Busca Kirchner acotar a la Corte a la que contribuyó a darle prestigio con una renovación de integrantes que dejó para la (mala) historia la que fuera mayoría menemista o está preparando el camino para reducir efectivamente el número de integrantes del máximo tribunal? Entre los Supremos hay partidarios de las dos opciones, pero cualquiera sea la especulación lo real es que hay un vacío que necesita ser cubierto o esclarecido antes que se convierta en otro punto de irritación.
Ya se dijo aquí en alguna ocasión que el Presidente en muchos asuntos camina por el borde de lo legal, que si bien no viola la carta magna, no alcanza en términos de sociedad avanzada, que requiere de consensos en asuntos clave como los dos mencionados ahora. El diálogo no es el fuerte del oficialismo, acaso porque crea de entrada que sus opiniones no serían compartidas por opositores de todo tipo y deja que sea el Parlamento el escenario de los debates que es donde puede imponer su mayoría.
La seguridad presidencial sobre respaldo mayoritario en la sociedad, que en gran medida tienen sustento en el crecimiento de la economía y en no pocas decisiones claves como la salida del default, como se encara la relación con el FMI o la persistencia en buscar castigos para los violadores a los derechos humanos, tiene como contexto el ciclo internacional.
El propio López Murphy comenta en privado que la economía internacional vivirá más de una década de crecimiento, impulsada por el Asia en general, China Popular en particular, que le permite al gobierno actuar sobre bases muy sólidas para su proyecto político. Es cierto que hay economistas como Joseph Stiglitz que son menos optimistas, pero en todo caso, el viento a favor del kirchnerismo soplaría (siempre que no ocurran catástrofes como las conocidas en 2005 en varios lados del planeta y aquí la seca) por el tiempo suficiente como para enfrentar la renovación presidencial de 2007, sin apremios.
Esta realidad hace que la derecha no pueda actuar críticamente sobre la política económica, y que su oposición al pago anticipado al FMI sea «populista» que es lo peor que se les puede decir a ese sector. No son lo mismo las observaciones que en economía hace el progresismo o la izquierda dura, que quiere ver con razones una mejor distribución de la riqueza, que no es la obsesión de los conservadores.
En todo caso, la severa critica de esos sectores a la decisión de Kirchner de anticipar el pago al FMI no advierte el sentido político de la medida, no solamente que permite mayor autonomía en el manejo de la economía sino que deja de tener que «pagarle favores» a Washington para que hiciera de abogado de Argentina dentro del G7 cuando hubo cruces con el Fondo. Entre esos «favores», Washington tenía en su agenda el papel de Argentina y Brasil de contención de Hugo Chávez y ahora a Evo Morales, como sería mañana frenar al peruano Ollanta Humala, tareas que de todas maneras ninguno de los dos países cumplió en la medida que EEUU quería.
Matices en la relaciones con Washington
La semana pasada, el embajador norteamericano Lino Gutiérrez presentó sus saludos a la flamante ministra de Defensa, Nilda Garre, quien para su sorpresa no oyó reclamos como fijar fecha para la realización de maniobras militares conjuntas con inmunidades para los efectivos norteamericanos, lo que era habitual con otros funcionarios del área, una de las terminales sensibles en la relación bilateral.
Ya se sabe que después de la Cumbre de Mar del Plata los vínculos se enfriaron, incluso el Departamento de Estado cambió la calificación de «excelentes» a «positivas» las relaciones, achicando cordialidad o calor, pero que no sugiere confrontación algo que Kirchner no quiere. En todo caso hay que saber que desde hace rato que el Presidente ordenó bajar los decibles con Washington y buscar atajos para mejorarlas con Francia, donde hubo chisporroteos por la situación de una empresa gala.
Sé vera pronto si es entendido su mensaje al Norte porque el jueves llegará a Buenos Aires el subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Tom Shannon, que es el hombre de George Bush para America Latina quien desea hablar y mucho de los cambios geopolíticos que ocurren en la región y el papel de los grandes actores. Viene con su fracaso personal sobre sus espaldas por el final que tuvo la Cumbre de Presidentes.
Va de suyo que las novedades bolivianas estarán en las charlas que el visitante mantendrá con el canciller; por ahora no hay audiencia en la Rosada. Bolivia fue tema prioritario estos días por desencuentros en torno a la escala porteña que Morales no previó por culpa de la burocracia argentina que «omitió» remitirle una invitación como hicieron todos los gobiernos donde el presidente electo ha viajado en su gira mundial.
Hay discrepancias sobre el precio del gas que Bolivia suministra a la Argentina que pondrá a prueba a Kirchner en su relación con las empresas porque deberían ser ellas las que absorban los mayores costos y no la Argentina, pero esta por verse. Políticamente los vínculos, que no son nuevos, siguen firmes según cuentan de un lado y del otro de la frontera. Si bien la victoria de Evo era aguardada, la carencia de cosas a ofrec
er como ayuda a Bolivia quedó al descubierto cuando la semana que pasó se reunió un comité especial para analizar como encarar de ahora en más la relación con su vecino: no había casi nada como proyectos concretos.
Evo estará el 17, en días de febril movimiento diplomático sudamericano, con encuentros en la cumbre ente Lula y Kirchner en visita oficial a Brasil, entre los dos con Chávez y bilaterales. No se sabe si Morales participará de estos menesteres, en todo caso estará esta semana en Brasilia y luego en la Reina del Plata. En la agenda no sólo figuran temas sudamericanos sino el nuevo empuje para el Mercosur en su discusión con la Unión Europea.
El destino del Mercosur
Si antes los temas sudamericanos de hecho lo decidían dos, el ingreso de Caracas no resolvió las fallas de funcionamiento del proceso de integración donde quedan muchas veces como convidados de piedra Uruguay y Paraguay.
Las cosas en el Río de la Plata no están del todo bien y allí está lo que ocurre alrededor de las papeleras que no encuentra un cauce diplomático apropiado. Apropiado puede ser que un mediador apoyado por las partes dictamine pro y contra del emprendimiento y si hay que modificar la traza, sea Argentina quien pague la diferencia. De esto se habla en esta parte del estuario.
Pero las declaraciones del ministro de Economía, Danilo Astori, a favor de un acuerdo de libre comercio con EEUU sacudieron al Mercosur. Astori no ignora que ningún miembro del Mercosur puede negociar o firmar acuerdos de libre comercio con terceros países o con bloques por separado y entonces ¿por qué el anuncio?
En el Palacio San Martín lo atribuyen a la puja interna dentro del Frente Amplio y basta para ello, dicen, observar como el canciller Reinaldo Gargano, lo cruzó con una desmentida al ministro de Economía. Esto es objetivo, pero podría ocurrir que Astori no habló por las suyas y quiso decir algo más, como manifestar su fastidio (o el de Tabaré Vázquez) en la manera que los dos grandes de la región se comportan con los más pequeños, malestar o bronca que no es novedosa y que Montevideo y Asunción arrastran desde hace rato.
Es que un acuerdo de libre comercio con EEUU es como un ALCA en pequeña escala, y Tabaré fue el vocero del Mercosur en Mar del Plata en su oposición al modelo de integración que impulsa Bush y que colocó en un nuevo momento el proceso por mayor autonomía de los países del sur y que tanto molesta a los EEUU.
Más vale que los presidentes sudamericanos pongan las barbas en remojo porque sin democratización en la toma de decisiones, el Mercosur puede entrar en crisis, la mejor noticias que pueden tener los norteamericanos en el peor momento en mucho tiempo en su relación con esta parte del planeta.
Argentina, Brasil y Venezuela deberían encarar un plan de ayuda e inversiones a sus socios donde podría ingresar Bolivia. Como Alemania y Francia hicieron con Portugal, Grecia e incluso España que aún ahora recibe subvenciones. Sino, cualquiera puede ceder al canto de sirenas. *
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