Cada año, 400.000 aztecas cruzan el río Bravo

Muro fronterizo de Estados Unidos irrita el orgullo mexicano

La aprobación en diciembre por la Cámara de Representantes estadounidense de un proyecto de ley que penaliza a los migrantes indocumentados, así como a sus contratistas, y que pretende extender la valla que ya separa en algunos tramos a ambos países, ha provocado el rechazo unánime de la sociedad mexicana.

La iniciativa todavía tiene que ser ratificada por el Senado de Estados Unidos para convertirse en ley.

Sin embargo, su sola presencia en el debate político estadounidense es vista por México como una ofensa más a sumar a la lista de agravios sufridos por parte de su vecino del norte, y como una amenaza a los derechos humanos e integridad física de los miles de migrantes mexicanos que cada año intentan cruzar la frontera de manera ilegal.

Cada año, 400.000 mexicanos emigran a Estados Unidos huyendo de la pobreza y la precariedad, la mayor parte de forma ilegal, con el riesgo que implica para su seguridad y su vida, que se ven amenazadas por los traficantes de personas, los asaltantes, un implacable desierto o las aguas del río Bravo.

Hasta el 1 de diciembre de 2005, los consulados mexicanos en el sur de Estados Unidos habían registrado 441 de sus connacionales muertos en el intento de introducirse de manera ilegal en el país del norte en ese año, un 19,5% más que en todo 2004.

El muro, denuncian en México, no hará más que incrementar esta cifra negra, ya que los migrantes buscarán caminos más peligrosos, pues el flujo migratorio es considerado imparable.

México tiene desde 1994 un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (TLCAN), y muchos mexicanos ven con desagrado que mientras las mercancías se mueven cada vez con mayor libertad entre los dos países, a las personas se les ponen cada vez más trabas.

El gobierno mexicano, que normalmente es acusado de contestar con docilidad las decisiones de Washington que perjudican a sus migrantes, se ha visto obligado a reaccionar enérgicamente por la denominada ley Sensenbrenner (por el apellido del congresista que la redactó).

De «vergüenza» calificó el muro el presidente Vicente Fox, quien lo comparó con el de Berlín: «Los muros se derribaron en el siglo pasado, se derribaron por la propia ciudadanía».

Esta ley podría echar por tierra cinco años de esfuerzos diplomáticos, ya que desde que llegó al poder en diciembre de 2000, la política exterior del gobierno de Fox ha pivotado sobre la negociación de un acuerdo migratorio con Estados Unidos que beneficie a los cerca de 6,3 millones de mexicanos indocumentados que hay en ese país.

La iniciativa ha provocado también resquemores entre los países centroamericanos, cuyos migrantes cruzan por miles cada año el territorio mexicano para intentar llegar a Estados Unidos, en un viaje lleno de peligros y abusos.

La reacción más contundente hasta el momento ha sido la de Guatemala, cuyo vicepresidente, Eduardo Stein, llegó a amenazar con buscar «en otras latitudes oportunidades de asociación que sean más respetuosas que ésta», en referencia al tratado de libre comercio que negocia Estados Unidos con Centroamérica.

El lunes, los cancilleres centroamericanos y de México, se reunirán en este país para adoptar una posición común frente a la amenaza de la ley Sensenbrenner.

El encuentro tendrá lugar en un ambiente enrarecido por la reciente muerte de un migrante mexicano por disparos de un miembro de la Patrulla Fronteriza estadounidense. *

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