Corea del Norte: la ayuda perpetúa la dependencia
El mes pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución, propuesta por Estados Unidos y la Unión Europea (UE), de condena a Corea del Norte por sus violaciones de los derechos humanos. Corea del Norte debe enfrentar acusaciones de practicar torturas y de la existencia de campos de prisioneros políticos, pero impedir su desarrollo no mejorará la situación de los derechos humanos de 22 millones de norcoreanos.
El gobierno norcoreano debió vérselas frente a la oposición de Estados Unidos y de muchas naciones occidentales cuando solicitó a la ONU que se pasara de la ayuda alimentaria a la financiación de proyectos de desarrollo. Afirmó que tiene suficientes alimentos para su población, pero que en cambio necesita un respaldo concreto para desarrollar sus sectores agrícola e industrial, ambos todavía tambaleantes luego de los impactos externos de hace una década. De acuerdo con la FAO Corea del Norte necesita 4.500.000 toneladas de cereales para suministrar una ración básica a través de su Sistema Público de Distribución (SPD) para alimentar a toda su población. La producción se incrementó significativamente en los años recientes y en 2005 se cosecharon, según estimaciones, 6.000.000 de toneladas de arroz. Como resultado de ello, el gobierno anunció recientemente que el SPD ha vuelto a distribuir raciones similares a las de la época previa a la crisis alimentaria de mediados de los años 90. Sin embargo, Estados Unidos y muchas naciones occidentales se oponen al cambio de tipo de asistencia, o sea pasar de la ayuda alimentaria a proyectos de desarrollo, y afirman que la verdadera razón por la que Corea del Norte quiere ayuda para el desarrollo es porque ésta es más difícil de monitorear que la ayuda alimentaria.
Tenga o no Corea del Norte suficientes alimentos, el Departamento de Estado norteamericano aboga a favor de la ayuda alimentaria porque con ella beneficia a las corporaciones agrícolas estadounidenses.
Estados Unidos, el principal donante al Programa Mundial de Alimentos (PMA), suministra su ayuda con alimentos producidos en su propio país. En cambio, la UE procura localmente si es posible en la misma nación afectada- el 90% de su ayuda alimentaria, ya que ello requiere menos gastos de transporte, es más rápida, más barata y apoya a la agricultura y al desarrollo del país receptor. En contraste, sólo el 1% de la ayuda alimentaria de Estados Unidos es obtenido fuera de la superpotencia, que de este modo sirve a los intereses de sus corporaciones agrícolas, que así acceden a otros mercados.
La cuestión es que la asistencia humanitaria actual no hace avanzar la seguridad en Corea del Norte. La diferencia entre la ayuda en forma de alimentos y la asistencia para el desarrollo es la misma diferencia que entre mandar un kilo de cereales y enviar un kilo de semillas de maíz, que pueden producir 180 kilos del alimento.
El deslizamiento de Corea del Norte hacia la hambruna comenzó con una disminución de la producción de alimentos a fines de los años 80 debido al agotamiento de los suelos a causa de su fuerte dependencia de productos importados tales como los fertilizantes y los pesticidas. Asimismo, los norcoreanos sufrieron una grave carestía de alimentos porque desarrollaron uno de los más sofisticados sistemas de monocultivo intensivo del mundo y fueron afectados por el súbito corte de insumos y de combustibles para la agricultura luego de la caída del mercado común de los países socialistas. Los progresos científicos enseñan ahora que ese sistema destruye el suelo, lo que induce a crear sistemas alternativos de cultivo de la tierra que preserven la fertilidad de la tierra y permitan una producción sustentable. La solución a la crisis alimentaria de Corea del Norte consiste en ayudar a los agricultores y a las instituciones a aplicar estos nuevos métodos, basados en los recursos y en la infraestructura existentes.
El gobierno norcoreano reconoce que sólo con darles a los campesinos arroz o tractores no se hace sino reforzar la dependencia que creó la crisis. Y países como Suecia y Suiza y las agencias de la ONU que se ocupan de cuestiones del desarrollo han variado su enfoque y priorizan la producción ecológicamente sustentable de alimentos, además de cortar sustancialmente la ayuda en alimentos desde 1998. Los norcoreanos, por su parte, están prontos para cambiar, pero ¿no comprenden Estados Unidos y el mundo occidental que para hacer progresar los derechos humanos en Corea del Norte es necesario lograr primero una genuina seguridad a través de los alimentos, la salud, el desarrollo y, fundamentalmente, la paz?
Al mismo tiempo que gana impulso el movimiento por los derechos humanos en Corea del Norte, debemos abogar por la ayuda al desarrollo, porque ella lleva al camino adecuado para promover la seguridad del pueblo. La otra ruta, articulada en 2003 en un llamamiento de la ONU, es la que señala que ìLa ausencia de una solución aceptable del conflicto de 1950-53 en la península coreana sigue siendo el principal problema que enfrenta el pueblo en Corea del Norte.
El desarrollo y la paz son, por lo tanto, pasos vitales para consolidar la seguridad y los derechos humanos de todos los norcoreanos. *
(*) Christine Ahn, investigadora del Oakland Institute y autora del Informe 2005 sobre El Hambre y el Futuro de la Seguridad Alimentaria en Corea del Norte. (COPYRIGHT IPS)
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