Las reformas al Consejo de la Magistratura dividen aguas

Duro embate de Kirchner contra Frente Opositor

Kirchner, visiblemente enojado, fustigó a la líder del ARI, Elisa Carrió y al de Propuesta Republicana (PRO) el empresario Mauricio Macri, como ejemplo de cómo los distintos abismos pueden unirse para formar «una máquina de impedir gobernar», al que sólo le falta la incorporación de Fernando de la Rúa, el presidente de la Alianza que debió abandonar su cargo en 2001, en medio de un ventarrón económico, político y social si precedentes, y que hace poco fue producto de chanzas en un programa de TV donde participó el actual primer mandatario.

Si por el oficialismo fuera, ayer las reformas al Consejo deberían haber sido debatidas sobre tablas en la Cámara baja. Precisamente la integración del Frente Opositor los disuadió, pero en dos comisiones el Frente para la Victoria impuso su número para hacer aprobar el texto tal cual llegó de la Cámara alta.

Kirchner puede llamar a sesiones extraordinarias para enero e incluir el asunto entre las preferencias. Ya para entonces con despacho, puede ser debatido por los diputados. La cuestión es que el kirchnerismo tiene 117 diputados nacionales y el quórum requiere 129 para poder debatir. El oficialismo confía poder alcanzar ese número con lo que queda de los adherentes a Eduardo Duhalde (nadie de esa tropa estuvo en el cónclave contestatario), los del ex presidente Adolfo Rodríguez Saá y otros, entre los que, ya ocurrió, podría sumarse el diputado Hugo Franco que responde al ex comisario Luis Patti, que tiene congelado su diploma como diputado nacional por acusaciones de violador de los derechos humanos.

Como se ve, extrañas coincidencias en la oposición y en el oficialismo. Pero el bloque resistente al proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura no es homogéneo. Para comenzar, sólo coinciden en oponerse a los cambios propuestos y no a otros, pero han propuesto reformas de modo tal que el oficialismo no tenga la posibilidad de manejarlo.

El kirchnerismo reivindica su condición de partido de gobierno, con control del Senado y de tener la primera minoría en Diputados, como para hacer imponer sus criterios. No acepta consensuar otra iniciativa, se ha dado una meta y avanza con sus mayorías o coaliciones ad hoc, como ocurrió la semana pasada al hacer aprobar una prórroga muy controvertible del Estado de Necesidad y Urgencia, que otorga amplio poder al Presidente.

En el arco opositor, unidos por el espanto, como decía Jorge Luis Borges, hay criterios encontrados. Elisa Carrió, muy movediza para reunir a los distintos, cree que el país se encamina hacia el fascismo, idea que no aceptan, entre otros, los socialistas.

Estas diferencias permiten pensar que en este Frente Opositor no hay un embrión de coalición electoral para 2007, tiempos de renovación presidencial. Pero tampoco parece que habrá uniformidad de cómo actuar en la Cámara baja. ¿Dar o no quórum y votar en contra? ¿No permitir el quórum para imponer cambios al proyecto oficial? En el trámite parlamentario, si la Cámara baja cambia el texto del Senado Nacional, en este lugar con los 2/3 de los legisladores, pueden insistir en el escrito original y convertirlo en ley.

En este cuadro de situación, la lógica opositora los llevaría a resistir cualquier debate o tratamiento de los despachos de comisión, si pueden hacer capitular al oficialismo.

Hay dos obstáculos para ello. Uno, que el kirchnerismo tiene herramientas para lograr número, y dos, que esa política de resistencia, es vista con cara de pocos amigos en sectores de la Unión Cívica Radical y en el socialismo. *

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