Contener a China
Se advierten, sin embargo, elementos comunes que permiten una conclusión tentativa: 2005 puede ser el año en que actores clave de la comunidad internacional coincidieron en que, al tratar con China, debe buscarse contenerla más que continuar integrándola en la globalidad.
Si esta hipótesis resulta cierta -lo que sólo podrá saberse de cierto después de 10 o 15 años-, se habrá perdido la mayor oportunidad de avanzar, en la primera mitad de este siglo, hacia un mundo multipolar y hacia un esquema global de relaciones de poder más equilibrado, y por lo tanto, menos arbitrario.
El ascenso
Es probable que uno de los subgéneros más socorridos en la literatura sobre asuntos contemporáneos sea el dedicado a examinar la irrupción de China en el mundo.
Los buscadores de información en internet rinden casi siempre el mayor número de resultados cuando se les pide localizar textos referidos a China. Literalmente, todo el mundo habla de China, Algunos de los temas centrales de atención y preocupación se resumen como sigue:
Magnitud. Según se la mida, China es la quinta o la segunda economía del mundo.
Es, en todo caso, una de las diez cuyo PIB real excede del billón de dólares anuales: una de las 10 economías billonarias. En 1980 era una sexta parte de la de Estados Unidos, en 2004 equivalía a así dos tercios.
Expansión: Su historial de crecimiento económico es impresionante. En el último cuarto de siglo, la tasa media de crecimiento real fue de 9.4% por annum. Con ello, cuadriplicó su participación en la economía mundial.
Comercio. Es también la economía más globalizada: quinto exportador y sexto importador mundial, su comercio exterior aporta dos tercios del PIB. En otras grandes economías: Brasil, India y Japón, no supera 30%. La inundación de mercancías chinas que experimentan muchos muchos países es el mayor motivo de queja. Se habla menos de contribución de éstas al alivio de las presiones inflacionarias en los mercados importadores y del también muy rápido crecimiento de las importaciones chinas, sobre todo de productos agrícolas, minerales, hidrocarburos y otras materias primas industriales. El comercio exterior de China está básicamente en equilibrio: compra casi tanto como vende.
Inversión. China es ahora el principal receptor de inversión extranjera directa, pues absorbe casi la décima parte de los flujos mundiales. Sólo en 2004 recibió más de los 60 millones de dólares. Entre los mayores países emergentes, tiene el stock de inversión extranjera más importante. Como inversionista en el exterior gana importancia y despierta resistencias.
Reservas. Las reservas internacionales de China son las segundas entre las 10 economías billonarias, inferiores sólo a las de Japón. Invertidas en valores de Estados Unidos, se han convertido en factor clave de la estabilidad del sistema monetario y financiero mundiales.
Todas estas manifestaciones del ascenso de China -considerado como el cambio más importante de la economía global en 50 o, quizá, 100 años- han sido resultado de dos conjuntos de factores: por una parte, los esfuerzos nacionales de desarrollo, con reorientaciones sucesivas del rumbo económico: desde el sueño de la rápida industrialización con el gran salto adelante y la destructiva autarquía de la revolución cultural, hasta el «socialismo de mercado» y la apertura e integración de la economía mundial.
Por otra, la existencia de un ambiente internacional propicio que ha ofrecido acceso creciente a mercados para mercancías y servicios; suministros oportunos y suficientes de materias primas y energía; disponibilidad de recursos de inversión y de tecnologías productivas modernas, e inclusión en los organismos multilaterales de cooperación comercial, industrial y financiera.
A lo largo del cuarto de siglo de rápida expansión, China ha creado vínculos de interdependencia recíproca con sus principales socios comerciales y financieros, con los que ahora trata de igual a igual. Ha ganado poder de negociación y capacidad de represalia.
El fin de la tolerancia
No es arriesgado trabajar sobre la hipótesis que conviene el resto del mundo , y desde luego a ella misma, que China continúe por la senda del crecimiento y desarrolle relaciones internacionales de entendimiento y cooperación. La fortaleza económica y el peso político y demográfico de China pueden constituir factores dinámicos en la evolución de las estructuras de poder mundial.
Es palpable, así mismo, que esa continuidad depende en gran medida de que se conserve y amplié un ambiente internacional favorable que ofrezca a China, además de los factores ya enumerados, una mayor participación efectiva en la discusión e instrumentación de la agenda global.
Sin embargo, 2005 quizá sea visto en el futuro como el año en el que comenzó a agotarse la tolerancia internacional hacia China y su creciente influencia global. Los indicios en este sentido han aparecido en los ámbitos comercial, financiero, político, militar y de relaciones internacionales. Un recuento sumario de las principales manifestaciones de esta intolerancia, subrayaría las siguientes:
El reflejo proteccionista. Aunque se pactó una transición de 10 años, que debería haber permitido preparar a las industrias nacionales para hacer frente a los competidores de bajo costo, China es especial, la terminación del régimen especial para el sector textil y del vestido, el 1º de enero de 2005, parece haber tomado a todos por sorpresa. Liberadas de cuotas las exportaciones chinas crecieron en forma casi exponencial, sobre todo en los mercados europeo y estadounidense. La reacción proteccionista no se hizo esperar. Estados Unidos invocó el acuerdo de ingreso de China a la OMC para imponer un tope de 7.5% al crecimiento de estas importaciones. Europa consiguió un acuerdo de recorte voluntario de exportaciones que pronto se reveló insuficiente e ineficaz. La oleada proteccionista alcanzó a otros países: Brasil, por ejemplo, anunció a mediados de octubre que impondrá los topes autorizados. Más allá del caso específico de este sector, importa dilucidar si la restricción de mercado va a ser en el futuro la respuesta estándar ante los éxitos chinos de exportación. Hay indicios de que así puede ocurrir. Los costos serían elevados para la eficiencia productiva y los intereses de los consumidores.
Materias primas y energía. La búsqueda de abastos oportunos y suficientes ha llevado a China a plantear amplios programas de inversión en el exterior, en especial en Africa y Sudamérica. Se han expresado temores de que se desordenen los mercados y se eleven demasiado las cotizaciones.
Cuando esa búsqueda llevó a China a tratar de adquirir una firma petrolera estadounidense. Unocal, surgió la reacción política: la operación fue evitada con el argumento de la seguridad nacional. Una motivación similar parece haber llevado a Rusia a trazar hacia su propio litoral en el Pacífico norte el oleoducto transiberiano, a pesar del interés chino de llevarlo a Daquing. China ha sido acusada de, con sus compras de petróleo y materiales, sostener a regímenes parias, como el de Sudán. Por la magnitud de su demanda y el alcance de sus acuerdos, China ha revolucionado el mercado petrolero, con las reacciones consecuentes.
Revaluación y apertura financiera. Ha sido tan persistente cuanto errónea la noción de que la paridad fija yuan-dólar explicaba los déficit de la balanza comercial de Estados Unidos con China. El Congreso estadounidense llegó al extremo de aprobar represalias comerciales si China no revaluaba su moneda. En julio, China abandonó la paridad fija,
admitiendo una revaluación de 2.1%, y procedió a establecer el tipo de cambio en relación con una cesta de monedas, abriendo la expectativa de una revaluación gradual, del orden de 5% en 12 meses.
Es indudable la trascendencia en el largo plazo de que China haya abandonado el refugio de la paridad fija. Las repercusiones pueden ser muy considerables. Por el momento es difícil responder a la pregunta de si actuó convencida de que había llegado el momento de modificar su régimen cambiario, en función de sus necesidades de desarrollo, o si quiso aliviar las presiones que, como se ha visto, han venido reforzándose unas a otras en diversos ámbitos.
Gasto y suministros militares. La controversia internacional sobre las ventas de armas a China se reanimó desde 2004, a raíz de la intención de varios países europeos de levantar el embargo de ventas de armamento establecido por la Unión Europea desde 1989, tras el llamado, en forma eufemística, «incidente de Tiananmen». La clara oposición estadounidense llevó a diferir el levantamiento. Ya en 2005, el debate se ha agudizado. Estados Unidos ha elevado el tono de sus denuncias de lo que considera un desmedido crecimiento del armamentismo chino, que amenaza con alterar los equilibrios de seguridad en cuenca del Pacífico y más allá.
No parece haber nada excepcional en el desarrollo de las capacidades bélicas de China, habida cuenta de su posición internacional.
Es claro que China persigue convertirse, en los próximos decenios, en una potencia mundial de primera línea y que le basta ver del ejemplo estadounidense para advertir que uno de los requisitos para ello es el desarrollo de la capacidad militar. China se ha mostrado dispuesta a entrar en compromisos de renunciar al primer uso de armamentos nucleares y parece claro que, aunque prefiera una evolución pacífica y cooperativa en el entorno mundial, se prepara para la otra eventualidad.
Evolución política interna. Como muchos otros países, China suele ser objeto de presión con el objetivo declarado de que «democratice» su sistema político. Nadie parece esperar un cambio de rumbo en la orientación económica. La especulación se refiere, más bien, al rumbo político. Hay autores que sostienen que, en los primeros decenios del siglo, China va a incorporarse a la tendencia mundial hacia la democratización, impulsada por factores internacionales, pero sobre todo por factores internos: una exigencia creciente de participación y apertura políticas por parte de una población cada vez más urbanizada, instruida y demandante.
Esta es, por cierto, la evolución deseable y a la que se debería tratar de contribuir. Puede tenerse la seguridad, sin embargo, de que en la medida en que se ejerzan presiones se provocarán reacciones negativas en la dirigencia china, que pueden afectar la evolución esperada. China no debe escapar el escrutinio internacional en materia de derechos humanos, incluyendo los derechos políticos, pero éste debe ejercerse con objetividad y equilibrio que, por desgracia, no siempre están presentes.
En suma, como muestran estos ejemplos, a lo largo de 2005 se ha creado un ambiente externo desfavorable para la continuada consolidación de China como potencia global. En diversos terrenos, se ha procurado contenerla.
Las tareas de China
Para reconstruir un ambiente internacional propicio a la expansión pacífica de China, ella misma tiene que introducir correcciones de fondo en varias orientaciones de su desarrollo nacional. Escapa al tema de esta nota un exámen detallado de estas reformas. Baste señalar que abarcan cuestiones tales como detener y revertir el rápido aumento de las disparidades de ingreso urbano-rural; evitar el grava deterioro ambiental asociado a los actuales patrones de uso de recursos; procurar un mejoramiento rápido de las condiciones de los mercados laborales, que ofrezcan condiciones de trabajo decentes a la fuerza de trabajo proveniente de las zonas rurales y las generalicen entre los obreros urbanos: evitar los cambios depredadores de usos de la tierra y mantener espacios suficientes para el desarrollo de la agricultura y otras actividades tradicionales, y reconocer que, como antes se dijo , una sociedad dinámica reclama no sólo mejores condiciones materiales de vida, sino opciones plurales de expresión y decisión políticas.
Importa al conjunto de la comunidad internacional que China sea un asociado efectivo en la búsqueda de un esquema más incluyente y menos desequilibrado de relacionen económicas y políticas internacionales. China debe ser uno de los protagonistas del futuro. *
Pubicado en acuerdo con la revista nexicana Proceso.
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