Una sola votación con objetivos contrapuestos según las comunidades
Ninguna comunidad étnica o confesional boicoteó las elecciones legislativas que se celebró este jueves para supuestamente consolidar la unidad de Irak, pero cada una de ellas participa con la intención de reforzarse, en detrimento de las otras.
Globalmente, los chiítas quieren mantener su supremacía en el poder, los kurdos desean afianzar su autonomía y los árabes sunitas están decididos a implicarse en el proceso político para hacerse un sitio en el Irak de la era posterior al derrocado presidente Saddam Hussein.
«Sin voto por la lista 555, no hay futuro para los chiítas en Irak», comentaba uno de los votantes partidario de la lista chiíta de los jefes religiosos de Nayaf. «Con nuestro voto, debemos expresar nuestro apoyo a nuestros jefes religiosos en señal de reconocimiento por el que ellos nos dan», declaró Lifta Mahmud, un funcionario jubilado de 65 años, tras depositar su papeleta en un centro de Basora, la segunda ciudad del país situada a 550 km al sur de Bagdad.
Su discurso explica las motivaciones de los chiítas para votar masivamente. Y es que quieren conservar el poder que consiguieron tras la caída del régimen de mayoría sunita de Saddam Hussein en abril de 2003.
El primer ministro, el chiíta Ibrahim Jaafari, afirmó al votar que está dispuesto a respetar el veredicto de las urnas, aunque desea mantener su alianza con los kurdos. En su campaña por la hegemonía, los chiítas religiosos expresaron su aversión por sus adversarios, entre los que están incluidos los chiítas laicos.
En las norteñas provincias del Kurdistán, donde escasean las listas que no sean kurdas, las legislativas son consideradas como una ocasión para reafirmar la autonomía de la región, como ya había ocurrido en las dos consultas anteriores: los comicios generales de enero y el referéndum constitucional de octubre.
Algunos votantes incluso quieren, con su voto, exorcizar los demonios del pasado y evitar caer bajo el dominio del poder central.
«Estas elecciones son esenciales para nuestro futuro», declaró Izad Mohamed, un profesor de 63 años que votó en Suleimaniya, feudo del presidente Jalal Talabani.
«Votamos para no tener nunca más un Anfal y una Halabja», dijo refiriéndose a operaciones del régimen de Saddam Hussein contra los kurdos en estas ciudades mártires.
El tono es muy diferente entre los árabes sunitas, marginados desde su decisión de boicotear las elecciones de enero. Quieren regresar a la escena política e imponer su enfoque, opuesto a la presencia de tropas extranjeras. «Voto por la lista de Saleh Motlak porque reconoce el derecho a la resistencia y no ha llegado a Bagdad a bordo de un tanque estadounidense», comentó un elector de Uja, aldea natal de Saddam Hussein cerca de Tikrit, a 180 km al norte de Bagdad. *
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