Saddam exige zapatos nuevos
«Lo atrapamos», anunció triunfalmente el ex procónsul norteamericano en Irak, Paul Bremer, al referirse a la captura de Saddam Hussein el 13 de diciembre de 2003, después de nueve meses de permanecer prófugo.
Los iraquíes tuvieron dificultades para reconocer al hombre que los hizo temblar durante 33 años, al ver en un vídeo difundido por el ejército estadounidense a un hombre que parecía un vagabundo, con el rostro cubierto por una espesa barba, la mirada errante, que se dejaba examinar dócilmente por un médico.
Saddam Hussein, que había jurado preferir la muerte a una captura infamante, se rindió sin presentar resistencia a los soldados de la 4ª división de infantería que lo encontraron en un hueco cavado en la tierra de siete metros de profundidad.
Pero el ex hombre fuerte de Irak, de 68 años, reapareció en pleno uso de sus facultades a partir del 19 de octubre, cuando se inició su primer proceso, en el cual está acusado de la masacre de 148 chiítas en Dujail después de un atentado contra su convoy en 1982.
Saddam Hussein, con la barba gris cuidadosamente cortada, un elegante traje negro y camisa blanca abierta, había recuperado su prestancia y su seguridad de antaño.
En esa oportunidad se negó a responder al tribunal, cuya autoridad cuestionó, destacando sus «derechos de jefe de Estado», y proclamó su inocencia.
Hussein también insultó al presidente del tribunal, el juez kurdo Rizkar Amin, y le pidió que «ordenase a esos extranjeros criminales y conquistadores», refiriéndose a los guardias norteamericanos, que tratasen mejor a los prisioneros.
El 7 de diciembre, Saddam Hussein se negó a presentarse ante el Alto Tribunal Penal iraquí para una tercera jornada de audiencia consecutiva, alegando que ya no tenía ropa limpia.
El presidente derrocado también reclamó zapatos nuevos, «pues sigue poniéndose los mismos zapatos desde que fue arrestado, hace dos años», dijo el martes a la AFP uno de sus abogados, el qatarí Nejib Al Nuaimi, quien considera que ese pedido será satisfecho.
De acuerdo con este abogado, en su celda, que se encuentra en una base norteamericana cerca del aeropuerto internacional de Bagdad, Saddam Hussein lee un libro del poeta iraquí del siglo X Al Mutanabbi y escribe poemas. *
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