La contribución de Cuba a la independencia de Angola
El embajador de la República Popular de Angola en La Habana, José Condesse de Carvalho, dijo que los cubanos ayudaron a conquistar la independencia de su país. La embajadora de Sudáfrica, Thenjiwe Mtintso, afirmó que la victoria de Cuito Cuanavale marcó el comienzo del fin del apartheid. La embajadora de Namibia, Claudia Grace Vushoma, dijo haber vivido en carne propia los horrores de la guerra y se solidarizó con las luchas de Cuba.
Antecedentes en Argelia y Guinea-Bissau
Fidel Castro se refirió a la solidaridad cubana con los pueblos de Africa, que comenzó en Argelia. En 1961, recién amanecida su revolución, Cuba llevó armas a los patriotas argelinos y a su regreso trajo a un centenar de niños huérfanos y heridos de guerra a la isla. Dos años después, cuando la recién conquistada independencia de Argelia se vio amenazada por la agresión exterior, tropas cubanas acudieron al llamado de ese pueblo, así como varias decenas de médicos. » Se iniciaba de ese modo, hace 44 años, dice Fidel- lo que hoy constituye la más extraordinaria colaboración médica a los pueblos del Tercer Mundo que ha conocido la humanidad».
En ese contexto comenzó desde 1965 (tras la revolución de los claveles», que marcó el inicio de la disgregación del imperio colonial portugués) la colaboración cubana con la brega independentista en Guinea-Bissau y Angola, consistente en la preparación de cuadros, envío de instructores y ayuda material. En Guinea-Bissau, que logró la independencia en 1974, había un núcleo de 60 internacionalistas cubanos, entre ellos varios médicos, combatiendo junto a las guerrillas. Al año siguiente se independizó Mozambique gracias a la lucha del Frelimo encabezado por Samora Machel, y enseguida las islas de Cabo Verde y Sâo Tomé.
En Angola, la más extensa y rica colonia portuguesa, el proceso fue mucho más complejo.
EEUU y el fascismo sudafricano contra Angola
Dice Fidel Castro que el gobierno de EEUU puso en acción un plan encubierto para aplastar los legítimos intereses del pueblo angolano utilizando las fuerzas del corrupto Mobutu, del Zaire, y del régimen fascista de Sudáfrica, cuyas tropas invadieron Angola. Dictadores, terroristas, ladrones y racistas confesos se incluían en las filas de los que Reagan bautizó como «combatientes de la libertad». En octubre 1975, el ejército del Zaire y fuerzas mercenarias reforzadas lanzaban nuevos ataques en el norte de Angola y se acercaban a Luanda, mientras por el sur penetraban columnas blindadas sudafricanas para ocupar la capital antes de la proclamación de la independencia el 11 de noviembre (lo que finalmente aconteció). Era un momento decisivo. Entonces sólo había en Angola 480 instructores militares cubanos, por solicitud de esa gran figura de la emancipación africana que era Agostinho Neto, presidente del MPLA (y después de la República). De común acuerdo, Cuba resuelve enviar tropas por aire y mar. «A diez mil kilómetros de distancia, dice Fidel, tropas cubanas herederas del glorioso Ejército Rebelde entraban en combate con los ejércitos de Sudáfrica, la mayor y más rica potencia en ese continente, y contra Zaire, el más rico y bien armado títere de Europa y Estados Unidos. Se iniciaba la operación Carlota, nombre en clave de la más justa, prolongada, masiva y exitosa campaña militar internacionalista de nuestro país (…) Nunca un país del Tercer Mundo había actuado en apoyo de otro pueblo en un conflicto militar más allá de su vecindad geográfica».
La fulminante ofensiva de 36 mil soldados cubanos hizo retroceder al ejército sudafricano a la frontera entre Angola y Namibia, enclave colonial del régimen de Pretoria, y a las tropas de Mobutu y los mercenarios del otro lado de la frontera con Zaire. Por presión de los soviéticos, dice Fidel, Cuba resuelve entonces un plan para la retirada gradual de sus tropas, que comenzó a cumplirse. Cuando visita el país, en marzo de 1977, ya se habían retirado 12.000 hombres. Pero las maniobras agresivas de Pretoria y Washington prosiguieron. Fue lo que se llamó el «linkage» de Reagan. El régimen racista sudafricano continuó su política criminal contra los pueblos de Angola, Namibia y Zimbabwe.
A fines de 1987 se produjo la última gran invasión sudafricana a Angola, poniendo en peligro la supervivencia de la nación. Los sudafricanos avanzaban en profundidad hacia Cuito Cuanavale, antigua base aérea de la OTAN. Entonces Cuba resolvió reunir todas las fuerzas para asestar el golpe definitivo.
Concentró 55 mil hombres, que se sumaron a los efectivos preparados en esos años del ejército angolano, dotados de tanques mientras los Migs aseguraban el dominio aéreo. La victoria de Cuito Cuanavale quedó en la historia. Después vinieron las conversaciones de paz.
Las desavenencias cubano-soviéticas
Al revelar muchos aspectos hasta ahora no divulgados, Fidel Castro anuncia su propósito de abrir los archivos a los investigadores para reconstruir plenamente la historia del período. Adelanta algunos elementos, respecto a las debatidas desavenencias cubano-soviéticas. Por una parte, dice que después de la Operación Carlota, «el gobierno soviético nos presionaba fuertemente solicitando nuestra rápida retirada». A renglón seguido señala que «los soviéticos habían decidido suministrar armamento para la creación del ejército angolano y habían respondido positivamente a determinadas solicitudes nuestras de recursos a lo largo de la guerra. Más adelante, tras aludir a «las diferencias de concepciones de estrategia y táctica entre cubanos y soviéticos», especifica: «Nosotros formamos a decenas de miles de soldados angolanos y asesoramos en la instrucción y los combates a las tropas de ese país. Los soviéticos asesoraban a la alta fuerza militar y suministraban generosamente a las Fuerzas Armadas angolanas las armas necesarias. Acciones originadas en el asesoramiento superior nos ocasionaron no pocos dolores de cabeza. No obstante, siempre prevaleció entre militares cubanos y soviéticos un gran respeto y profundos sentimientos de solidaridad y comprensión».
El noble internacionalismo
La conclusión es aleccionadora: «La misión internacionalista estaba cabalmente cumplida. Nuestros combatientes iniciaron el regreso a la patria con la frente en alto (…) Su aporte resultó decisivo para consolidar la independencia de Angola y alcanzar la de Namibia. Fue además una contribución significativa a la liberación de Zimbabwe y la desaparición del odioso régimen del apartheid en Sudáfrica». *
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