David Cameron: el conservador de izquierda
El firmamento político de Inglaterra está cambiando, mejor dicho, explotando.
Acaba de aparecer en escena el nuevo líder del partido Conservador británico, el juvenil David Cameron, quien logró ese objetivo ubicándose políticamente a la izquierda del primer ministro Tony Blair.
Es la primera vez en más de 100 años de política británica, en que el retador conservador está a la izquierda de un campeón laborista.
Muchos conservadores a ultranza están despistados. No saben quién es quién.
De pronto, la sonrisa pícara y las actitudes informales de Cameron, parecen dejar expuestos a los dos gigantes del actual poder inglés, Blair y el ministro de Economía Brown, como dos dinosaurios políticos en vías de rápida extinción.
La envergadura de ambos es ahora contraproducente: los hace más visibles en un mundo que ya no es el mismo.
Los carcamanes de la tradicional derecha conservadora inglesa precisaban aire fresco.
Cada uno de los trajeados caminaban por los corredores del parlamento inglés como escondiendo una tabla de planchar en la espalda.
Al frente, exponían al público su tradicional mueca bucal snob.
Nadie los quería por amigos. La gente les escapaba en las calles. Hasta a sus propios guardaespaldas oficiales parecían incomodarles su presencia.
David Cameron es una incógnita. Tal vez sea solamente un globo inflado que esta esperando que Brown lo pinche, para salir volando a todos lados con un «whoosh» tan superficial como molesto. Pero por ahora parece hacer todo bien: toca todos los timbres, responde bien todas las preguntas, anda en bicicleta y usa trajes sencillos y modernos. Mr. Cameron, de 39 años de edad, no es exactamente un político de estirpe «populista». Simplemente tiene una personalidad, fabricada o real, de ese tipo.
Sus antecedentes no son muy auspiciantes para una «nueva Inglaterra»: es ex alumno de uno de las instituciones educacionales más privadas y elitistas del mundo: el colegio inglés Eton, ubicado en Windsor, al oeste de Londres, donde los alumnos todavía deambulan durante el recreo vestidos de smoking al estilo James Bond. Hace poco, los príncipes herederos William y Harry, hijos de Charles y Diana, se graduaron del mismo colegio. Los hermanos reales siguen sus estudios en la academia militar tradicional de Sandhurst.
Cameron, una década y media antes, prefirio la vida universitaria de Oxford y las huestes del partido conservador inglés. Nada nuevo, realmente. Pero con sus movimientos corporales, en sus actitudes sociales y a través de algunas de sus opiniones informales, Cameron se presenta con un fuerte retador contra el poder monolítico de la dupla hasta ahora imbatible Blair-Brown.
El miércoles mismo podria verse la primer contienda verbal cara a cara entre «el inexperiente» Cameron y el ducho «monstruo politico» Blair en la ruidosa Cámara de los Comunes del Parlamento inglés.
Pero para el nuevo líder conservador, en la mira no esta Blair. Este es ahora solo un señuelo, una táctica divergente. Blair ya tiene un pie en el retiro político. El verdadero blanco móvil es el otro: el huidizo, el agazapado, el solitario, el maquiavélico Brown, la otra «bestia parda» del nuevo laborismo, aunque más a la izquierda de Blair, que se sepa.
Cameron ya desarticuló la estrategia política que viene manteniendo en el poder a los laboristas durante los últimos casi 8 años.
Lo hizo de la forma mas sencilla posible: señaló su intención de votar. A favor de las medidas conservadoras que Tony Blair desde hace tiempo no logra pasar por el parlamento inglés debido a la insurrección activa de algunos de sus propios colegas. De pronto, Blair se quedó sin libreto.
Cameron puede erigirse ahora como el líder que haría gobierno desde su banca en el Parlamento, sin necesidad de mudarse al número 10 de la calle Downing. Si hoy arrancamos la «era Cameron» lo sabremos muy pronto.
Por ahora los Conservadores siguen teniendo un problema tremendo: según las encuestas, el 60% votaría medidas propuestas por ellos, pero solo si las ejecuta otro partido político. El apoyo a esas medidas cae a un 30% si las proponen los Conservadores. Se trata del «factor Thatcher».
El recuerdo político negativo de la primer ministro inglesa, está todavía demasiado fresco en la memoria de los votantes británicos.
Nadie quiere un regreso a la época negra de «la dama de hierro». Solo algunos dicen que fue realmente necesaria en toda su crudeza. *
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