Abrumado, Bielsa no va a Francia y queda como legislador nacional
El caso más notorio es el del ex canciller Rafael Bielsa que debió jurar el martes como diputado nacional por el distrito porteño y horas antes de poner su mano sobre los Santos Evangelios, anunció que el presidente Néstor Kirchner le ofreció el cargo de embajador en París y que él, con sacrificio, había aceptado el pedido.
No es un delito, dicen todos, pero Bielsa encabezó la nómina de pretendientes para conseguir 13 escaños en este distrito, elección que ganó la Propuesta Republicana del empresario Mauricio Macri quien se alzó con seis, le siguió Elisa Carrió del ARI con cuatro y las restantes fueron para el kirchnerista Frente para la Victoria.
Las transferencias son varias. El primero en desertar a ser senador nacional por La Rioja fue el gobernador Angel Mazza, que aceptó pelearle a Carlos Menem la mayoría en esas elecciones de octubre. Menem perdió, pero sacó un escaño por la minoría. Logrado el objetivo, Masa le dejó su lugar a su hermana, que iba como suplente. Todo pensado de antemano, pero no contado a los electores, pero no es ilegal.
A Bielsa lo suplantó en la conducción de los negocios exteriores, su ex vice Jorge Taiana, que había sido elegido diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Renunció a la banca y quedó como canciller. La pregunta obligada es por qué Bielsa no volvió a su antiguo cargo. Va de suyo porque el Presidente quiso un cambio en la implementación de su política internacional.
Como estaban las cosas a Bielsa no le iban a dar la presidencia de la comisión de relaciones exteriores de la cámara baja y así su destino era la soledad, acaso la titularidad de la comisión de biblioteca. Está deprimido el ex canciller y Kirchner le tiró una soga, pero no inopinadamente. En círculos informados se hablaba hacía días de que el Presidente le ofrecería un trabajo internacional. Lo único nuevo había sido el destino: la Ciudad Luz.
¿Exilio dorado para Bielsa?
Allí el actual embajador, Archibaldo Lanús, se enteró de la novedad por un papel que le pasó un colaborador mientras atendía asuntos de rutina. Lanús es diplomático de carrera, por eso pudo pasar casi sin solución de continuidad en la capital de Francia con Carlos Menem, más tarde con Eduardo Duhalde y actualmente con Kirchner.
Para dorar la píldora de este cambio de promesas y juramento de lealtad con el electorado que votó a Bielsa, el oficialismo esgrime el argumento de que las relaciones franco-argentinas no atraviesan por un buen momento. Por lo pronto, el presidente Jaques Chirac que vendrá próximamente a Sudamérica, salteó a la Argentina y eso alarmó a la Rosada.
Es que Chirac supo ser un aliado de fierro dentro del Grupo de los 7 en lo que concierne con el FMI. Pero varias empresas de capital galo han tenido problemas aquí sobre todo la que controla el servicio de aguas corrientes que sumados a otros diferentes de companías de servicios públicos y la anulación de una muy discutida licitación sobre frecuencias radiales, alejó a París de Buenos Aires. Atención: en general el gobierno argentino actuó en defensa del interés general. Si la irritación de El Elíseo es por estos diferendos o por el tono crítico con que Kirchner y su esposa, la senadora Cristina llevaron a la opinión pública la controversia no está muy precisado por la voces galas.
Lo real es que hoy las relaciones están dañadas y Kirchner suponía que Bielsa podía hacer más que Lanús para recomponerla, a pesar de que su desalojo de la cartera externa fue vista como un castigo al estilo de más independencia que el futuro embajador hizo, en alguna ocasión, gala. Y a costa de entregar su destino político-electoral.
Ayer Bielsa sintió que la calle, la calle de la gente, estaba furiosa con lo que hicieron él y el Presidente y por eso lo fue a ver y le dijo que no va a París, que se queda como legislador y de hecho, retiró su renuncia. Veremos cómo reaccionan sus pares.
Aunque estos tres casos puntuales fueron calificados como «travestismo» político, homologándolo al imprevisto pase al kirchnerismo del médico pediatra Ricardo Lorenzo «Borocotó» que había sido elegido en octubre por el Pro de centro-derecha si uno es benevolente, resulta algo exagerado.
Argentina no tiene un sistema parlamentario donde los ministros pueden salir de las bancas. Y como desde el oficialismo el discurso es el de la renovación política, de las costumbres dudosas, lo ocurrido le hace escaso favor al prestigio político del Presidente, sobre todo en el distrito porteño donde el Frente para la Victoria es minoría.
El caso Patti
Como se sabe, arropado por el oficialismo, las impugnaciones de la bancada de Pro contra Borocotó no tuvieron eco y el médico mediático juró como diputado nacional. Se sabe también que en cambio prosperaron por mayoría abrumadora las impugnaciones contra el ex comisario Luis Patti, que no pudo jurar el martes. Su diploma quedó retenido en la Comisión que atiende estas cuestiones donde el acusado de torturador durante los años de plomo y de duro entre los duros en sus ideas de cómo enfrentar la delincuencia, tendrá derecho a defenderse.
Patti ya dijo que irá hasta la Corte Suprema de Justicia en defensa de su curul, porque cerca de 400 mil ciudadanos que lo votaron, «han sido estafados».
Como en la Cámara baja no hubo una discusión a fondo sobre el derecho de los diputados de juzgar la idoneidad moral del ex policía, ha quedado abierto el debate. Es interesante lo que plantea el especialista en derecho del diario La Nación, Adrián Ventura, que supone que los legisladores sólo pueden ser jueces de sus pares una vez que éstos están en funciones. No hubo impugnaciones a su candidatura, que era, cree, el momento de hacerlas.
En rigor, el argumento mayor de los que le pusieron una tapia al ex policía, que digamos amenazó con un hipotético golpe de Estado que aplicaría nuevamente lo que se hizo en los ´70, escenario no previsible por nadie, es que la carta magna, que obliga a juzgar a los violadores de derechos humanos, está por encima de la soberanía popular.
Por eso hay que esperar qué ocurre con los bloques de derecha y centristas cuando el diploma se discuta primero en comisión y luego en el plenario donde la expulsión requiere los dos tercios de los miembros. Sin duda, será una ocasión para el reagrupamiento de fuerzas, con el peor de los casos, pero aprovechando errores del Presidente y en medio de una campaña queriendo hacer creer que se va a un esquema de poder semejante al de Hugo Chávez. Se verá. *
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