Países asiáticos, encabezados por China, suelen recurrir a la pena de muerte

China encabeza la macabra lista de países que aplican la pena capital en el mundo y en particular en Asia, donde se utiliza con frecuencia la ejecución como castigo en sus diversas formas: pelotón de fusilamiento, inyección de sustancias mortales o ahorcamiento.

En Singapur, donde un narcotraficante australiano fue ahorcado el viernes por la mañana, el índice de ejecuciones capitales por habitante es el más elevado del mundo, según la organización defensora de los derechos humanos Amnistía Internacional (AI).

Unos 420 presos fueron ahorcados entre 1991 y 2004 de entre una población de 4,2 millones de habitantes, asegura AI.

Pero en cifras absolutas, China lidera este siniestro récord. El gobierno no difunde cifras pero se calcula que unas 10.000 personas son ejecutadas cada año, a menudo de un disparo en la nuca.

Las autoridades comunistas chinas están sustituyendo este método por las inyecciones letales, al igual que Vietnam, donde en ocasiones los pelotones de ejecución, muy nerviosos, desatinan los tiros. Ochenta y dos personas fueron ejecutadas en 2004 en este país.

Las ejecuciones capitales están extendidas en Corea del Norte, según varias organizaciones independientes.

Irán, con 159 ejecuciones, y Estados Unidos, con 59, son los únicos países no asiáticos con niveles tan altos de aplicación de penas capitales, según AI.

Afganistán también recurre a esta pena, pero su presidente Hamid Karzai solamente ha autorizado una desde 2001.

Japón es otro asiduo, muy criticado por la costumbre de avisar al condenado unas horas antes de la ejecución para evitar un indulto. Ahorcó a una persona en 2005.

En Malaisia, 229 personas fueron ahorcadas durante los últimos treinta años.

En Bangladesh, fueron ejecutadas 4 personas pero otras 700 esperan en el «corredor de la muerte». *

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