Una inyección letal para Boyd en la prisión central de Raleigh, en Carolina del Norte

Ejecución en plena noche del milésimo condenado

Boyd, de 57 años, fue declarado muerto a las 02h15 (07H15 GMT), unos quince minutos después de que le hubieran inyectado una sustancia letal, anunció la administración penitenciaria.

Los periodistas que asistieron a la ejecución vieron como aminoraba la respiración del condenado un minuto despúes de la inyección; luego su rostro palideció súbitamente a las 02h05, 10 minutos antes de ser declarado muerto.

Unos momentos antes, Boyd había pedido a su nuera, que estaba presente durante la ejecución, que cuidara de su hijo y sus nietos.

«Que Dios bendiga a todos los presentes», fueron sus últimas palabras.

Kenneth Boyd había sido condenado en 1994 por el asesinato, seis años antes, de su esposa y su suegro.

«Como cristianos, nosotros lo hemos perdonado», indicó la familia de las víctimas en un comunicado. «Este no es, en ningún caso, un día glorioso o de victoria para nosotros, pero la justicia tuvo la última palabra y él ha sido castigado según las leyes vigentes», indicaron.

«Se ha hecho justicia», dijo por su parte el sherif Sam Page ante la prensa.

Los pedidos de clemencia de última hora fueron rechazados por los tribunales y por el gobernador de Carolina del Norte.

Unos 200 manifestantes permanecieron más de cinco horas en la acera frente a la prisión, bajo un frío mordaz, llevando velas, recitando los nombres de los mil ejecutados hasta la fecha y reclamando la derogación de la pena de muerte. Entre ellos se encontraba un monje franciscano y alumnos de secundaria miembros de Amnistía Internacional.

«Querría que se acordaran de Kenny, no solamente de un número», dijo con emoción Alan Gell, un ex recluso que pasó cuatro años en los ‘corredores de la muerte’ junto a Boyd antes de ser declarado inocente y liberado en 2004.

Dieciseis militantes fueron detenidos por la policía luego de que penetraran algunos metros dentro del recinto carcelario, donde se pusieron de rodillas o sentados, rezando en voz alta antes de ser rápidamente desalojados, esposados y conducidos al puesto policial.

La pena de muerte fue restablecida en 1976 tras una moratoria de 10 años.

Desde entonces, 832 condenados fueron ejecutados por inyección letal, 152 por electrocución, 11 en cámaras de gas, tres ahorcados y dos fusilados.

La pena capital es legal en 38 de los 50 Estados norteamericanos.

Boyd, un hombre blanco, de cabellos canos y bigote, se encontró repentinamente en el centro de la atención de los medios de comunicación debido a que su ejecución fue la número mil desde 1976 a la fecha.

Un condenado en Virginia debería haber sido quien alcanzara el miércoles pasado esa cifra simbólica, pero el gobernador de ese Estado decidió salvarle la vida, conmutando su pena de muerte por prisión perpetua.

Antes de su ejecución, Boyd había pedido un bistec con ensalada como su última comida. Su familia pasó toda la jornada del jueves a su lado en la prisión.

Sus allegados lo habían encontrado sereno y «tan preparado como se puede estar en una situación como esta», dijo su nuera Cheril Boyd.

Varios de sus nietos, que esperaron hasta avanzada la noche su ejecución, se retiraron sollozando de la prisión.

Pese al gran número de ejecuciones recientes, la pena de muerte tiende a reducirse estos últimos años en Estados Unidos. Las estadísticas señalan un notorio declive de 50% en el número de condenas a muerte y una baja de 40% en el número de ejecuciones desde fines de la década de 1990. *

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