La Unión Europea enfrentada a Austria

La Unión Europea, mayoritariamente gobernada por socialistas, acaba de sentar un precedente interfiriendo por primera vez en la política interna de un país miembro –Austria– al que amenazó con sanciones si la derecha conservadora formaba un gobierno con la extrema derecha.

El primer ministro socialista de Portugal, Antonio Guterres, cuyo país ejerce la presidencia de la Unión Europea (UE) advirtió que si el partido liderado por Joerg Haider entraba al gobierno austríaco, los gobiernos de los 14 otros miembros suspenderían los contactos políticos oficiales con este país y no apoyarían las candidaturas de candidatos austríacos a cargos en organizaciones internacionales.

El primer ministro socialista de Francia, Lionel Jospin, confirmó ayer en la Asamblea Nacional que «la presión» que se ejerce sobre Austria «es absolutamente necesaria» y tiene como «objetivo que haya una toma de conciencia en Austria y que este proyecto sea interrumpido».

El presidente del consejo italiano, Massimo d’Alema –primer ex dirigente comunista que ejerce la dirección de un gobierno de la Unión Europea– declaró que Europa tiene «el deber de injerencia» en los asuntos internos de Austria, que debe ser puesta en cuarentena si fructifican las negociaciones de Viena.

También los conservadores europeos se movilizan, como José María Aznar, jefe del gobierno español y como el presidente francés neogaullista, Jacques Chirac.

El jueves pasado, el primer ministro de Israel, Ehud Barak, preconizó la constitución de un «frente europeo» para impedir la llegada al gobierno del partido de Joerg Haider y llamó por teléfono a varios jefes de estado de la Unión Europea, según uno de sus voceros en Jerusalén. El partido populista FPOE liderado por Haider –quien propicia una política xenófoba, antieuropeísta y que no oculta sus simpatías con el nazismo– se convirtió en la segunda fuerza política de Austria en las elecciones de octubre de 1999 y su victoria tuvo por efecto descartar a los socialistas que compartían el poder con los conservadores.

El caso austríaco podría marcar un giro en la construcción política de la Unión Europea, que se prepara a abrir sus puertas a varios países de la ex Europa del Este liberados por el derrumbe de la Unión Soviética, estiman observadores.

Nuestro mensaje «se dirige a todos los que quieren participar en la aventura europea», advirtió este martes el ministerio de Relaciones Exteriores francés.

La amenaza de aislamiento lanzada contra Austria se basa en la moral, no tiene ninguna base jurídica y es de naturaleza política porque Austria no ha violado la legalidad europea, señalan los comentaristas.

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