La pobreza sustituyó al libre comercio en la agenda de la Cumbre americana
El 43% de los 512 millones de habitantes de América Latina y el Caribe viven en la pobreza y de ellos un 18,6% tienen ingresos que no alcanzan para su alimentación básica, según cifras de junio pasado de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Este escenario transforma a la región en la más desigual del mundo, en un continente donde contrasta el norte rico y desarrollado de Estados Unidos y Canadá.
Por eso, el Gobierno argentino propuso discutir sobre la marginación social y el empleo en la Cumbre de las Américas que tendrá lugar en la ciudad bonaerense de Mar del Plata (400 km al sur), en la que participarán 33 jefes de Estado y de Gobierno.
Se trata de la cuarta reunión de este tipo, luego de la fundacional realizada en Miami en 1994, en la cual el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush (padre del actual mandatario George W.Bush) lanzó la idea de crear un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Desde entonces, el libre comercio fue un puntal en las discusiones en los sucesivos encuentros de Bolivia (Cumbre sobre Desarrollo Sostenible), Chile (II Cumbre), Canadá (III Cumbre) y México (Cumbre Extraordinaria de las Américas). Pero no lo será en Argentina.
«Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática» fue el lema elegido por Buenos Aires para debatir cómo vencer las desigualdades y mejorar la distribución de la riqueza, en el marco de las recurrentes crisis socio-económicas de la región, que pueden poner en riesgo la institucionalidad.
«Durante el pasado reciente muchos países de la región han vivido periodos de alto crecimiento con bajas tasas de generación de empleo, alta concentración del ingreso y un significativo aumento en los índices de pobreza e indigencia», señala un documento de la Cancillería argentina preparativo de la Cumbre.
Ello demuestra que «el crecimiento económico es una condición indispensable y necesaria pero no suficiente para enfrentar las elevadas tasas de desocupación, informalidad y precariedad laboral», afirma.
Añade que la desigualdad y la pobreza no podrán resolverse solo con políticas asistenciales y advierte sobre el riesgo de generar sociedades divididas entre quienes tienen trabajo y quienes son asistidos.
«Es preciso otorgar al trabajo un lugar central en la agenda hemisférica, vinculándolo con los atributos de libertad, justicia, seguridad y protección, habida cuenta de su carácter de principal vehículo de integración social», dice.
Argentina, que fue un laboratorio para las recetas neoliberales de los ’90, es un ejemplo de crecimiento económico sin equidad social.
El país sudamericano registró un relevante repunte económico luego de una caída en la actividad de 10,9% en 2002. En 2003 el Producto Interno Bruto (PIB) creció 8,7%, en 2004 un 9,0% y hasta agosto pasado un 8,9%.
Sin embargo, los índices de pobreza e indigencia continúan siendo altos, luego de alcanzar picos históricos en medio de la debacle económica y social de fines de 2001 que terminaron con la caída del presidente Fernando de la Rúa y la sucesión de cinco presidentes en el término de una semana.
La pobreza alcanza al 38,5% de los argentinos, unos 15 millones de personas, de los cuales un 13,6% vive en la indigencia.
El desempleo golpea al 12,1% de la población económicamente activa (15,3 millones de personas) y el índice trepa al 15,5% si se tiene en cuenta a quienes reciben planes sociales del Estado.
Por otro lado, la ‘flexibilización laboral’ impuesta en los ’90 ha empeorado las condiciones de trabajo y empujado al 48,3% de la masa laboral a aceptar el denominado trabajo ‘en negro’, es decir, no están registrados, no hacen aportes jubilatorios y no reciben ningún beneficio social. *
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