Jaque a George W. Bush
El presidente Bush ha caído al punto más bajo en el apoyo a su gestión. Por una parte, por el número creciente de muertos norteamericanos en Irak, lo que suscita la protesta creciente del movimiento por el retorno de los soldados. Los efectos de estos hechos no se borran con las elecciones efectuadas en ese país, que aparecen a todas luces como fraudulentas. A la vez, personajes del más alto nivel del gobierno y de la propia Casa Blanca, así como de la máxima dirección del Partido Republicano, están envueltos en grandes actos de corrupción política y económica, a varias puntas.
Los muertos en Irak y la votación fraudulenta
Se sobrepasó la cifra de los 2.000 soldados norteamericanos muertos en Irak, lo que adquiere un significado simbólico. Se agregan por lo menos 16 mil heridos, la mitad de ellos de gravedad, según cifras oficiales que se difunden con extrema reticencia. El Pentágono prohíbe rigurosamente la publicación de las fotos de los que vuelven en el ataúd, y los medios norteamericanos tampoco difunden las tomas de los soldados yankis muertos en Irak. Pero ello no impide el impacto de estos hechos en la conciencia pública, en particular entre los familiares de los muertos, como es el caso emblemático de Cindy Sheehan, y entre los movimientos que exigen la vuelta de los soldados a casa.
Se dijo de fuente oficial que las elecciones en Irak habrían de acelerar la repatriación de las tropas, pero son promesas a futuro (2006 en adelante) en las que pocos creen. Por otra parte, la percepción del carácter fraudulento de estas elecciones no se ha disipado con la tardía proclamación de sus resultados oficiales. Para que el amañado proyecto de Constitución fuera rechazado, tenía que cumplir con la insólita exigencia de que tres provincias votaran en contra por más del 75% de los electores. Esto se logró en dos provincias de mayoría sunita, Salaheddin y Al Anbar. En una tercera, Nínive, cuya capital es Mosul, en el norte, donde votan sunitas y kurdos, también se rechazó el proyecto. Pero las cifras oficiales dan 55% de votos en contra, mientras los líderes sunitas sostienen que se sobrepasó el 75% y la red Al Jazeera difundió que el porcentaje de rechazo orillaba el 80%. Todo hace pensar en fraudes en la región, facilitadas por la actuación descarada de las tropas de ocupación, incluso por el secuestro de urnas con las papeletas como se denunciara en su oportunidad.
Veamos ahora los casos de la política interna de Estados Unidos. Donde menos se espera, salta la liebre. El propio vicepresidente Dick Cheney está directamente involucrado en el caso de la divulgación a la prensa de la identidad de una agente secreta de la CIA (Valerie Plame), lo que es un crimen en EEUU.
El CIAgate de Cheney y Rove
Esto lo informó el martes pasado The New York Times, en base a las notas del jefe de gabinete del vicepresidente, Lewis «Scooter» Libby. Se recordará que por negarse a revelar las fuentes de su información sobre este caso estuvo presa durante casi tres meses (85 días) la periodista de ese diario, Judith Miller. (No sé si la SIP dijo algo al respecto). La revelación de la identidad de la agente apunta en realidad al esposo de ésta, el ex embajador estadounidense Joseph Wilson, quien en julio de 2003 señaló que las presuntas denuncias de posesión de armas de destrucción masiva por parte de Saddam Hussein eran falsas. El embajador analizó in situ la presunta compra de uranio enriquecido en Níger por Irak y demostró que no había existido. La venganza de la Casa Blanca consistió en hacerlo saltar, arruinando su carrera, mediante la denuncia a su esposa. En el caso está igualmente involucrado Karl Rove, un asesor privilegiado de Bush, muy próximo a la Casa Blanca, quien también está sometido a interrogatorios por el fiscal Patrick Fitzgerald y podría verse forzado a dimitir. Los demócratas dicen que el verdadero responsable es Bush, quien ha mentido a la nación sobre la invasión a Irak.
El presidente ha salido también debilitado por investigaciones judiciales a dos altos responsables de su partido. El ex líder republicano en la Cámara de Representantes, Tom DeLay, ha perdido ese cargo y está en libertad condicional, siendo investigado por cuarta vez por casos de financiamiento electoral. El líder republicano del Senado, Bill Frist, también está en la mira de las investigaciones judiciales y debe responder a la Bolsa por manejo de información privilegiada para beneficiar transacciones.
En la Corte Suprema
Para completar el cuadro, la designación por parte de Bush de Harriet Miers, abogada de la Casa Blanca, para presidir la Corte Suprema de Justicia, desató un vendaval de críticas por su vinculación con la extrema derecha, y ayer debió renunciar a su investidura, sin pena ni gloria. *
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