Bush sufre otro revés al retirar su candidata a Corte Suprema
A pesar de que lo niega, al aceptar el retiro de su candidata a la Corte Suprema, Harriet Miers, el presidente da la impresión de haber cedido a su base electoral conservadora y ultrarreligiosa, que se resistió virulentamente a la propuesta de Bush.
Esos grupos, artesanos de la «revolución conservadora» cuyo denominador común es a menudo una firme oposición al derecho al aborto, militan desde hace años para que la Corte Suprema, donde hay nueve jueces vitalicios, se incline definitivamente por sus posiciones. Tras haberse movilizado masivamente en favor de la reelección de Bush en 2004, estiman que se les «debe» tal desplazamiento.
Dado que en la división de poderes de la democracia estadounidense, la Corte Suprema tiene la última palabra en los debates sociales, desde el aborto a la eutanasia pasando por el derecho de las minorías, los magistrados de la Corte Suprema modelan de alguna manera la sociedad durante una generación o más, mientras que el mandato presidencial es a lo sumo de ocho años.
Algunos expertos estiman que el momento en que se anunció el retiro de Harriet Miers está vinculado a otros «casos» en curso en Washington, que de alguna manera ejercen presión sobre la presidencia.
«El hecho de que hoy o mañana (jueves o viernes) puedan presentarse inculpaciones» en un caso de fuga de información a la prensa que cuestiona a la Casa Blanca, «tiene mucho que ver» con el hecho de que el gobierno «quisiera agradar a los conservadores», estimó este jueves el experto Jeff Greenfield ante la cadena CNN.
El llamado escándalo «Plamegate» tiene en vilo a Washington desde hace varias semanas. Según la prensa, el principal asesor político de Bush, Karl Rove, podría ser acusado por la justicia. Rove está acusado de haber sido el responsable de una filtración a la prensa que bordearía la legalidad, con el objetivo de silenciar a un crítico de la guerra en Irak en 2003.
Pero el «desastre» y «la complicación para la Casa Blanca», provocados el jueves por el retiro de Miers «no tendrá efecto» a largo plazo, estima Larry Sabato, experto en ciencias políticas de la Universidad de Virginia.
«Sería mejor perforar el absceso ahora», agrega Barbara Kellerman, docente en Harvard, quien estima que es «prematuro (…) firmar la sentencia de muerte de la segunda administración Bush».
«No es infrecuente que los presidentes tengan problemas durante su segundo mandato», agrega.
Según Kellerman, esta derrota se inscribe en «una historia más amplia».
«Hay que pensar en ella como en un rompecabezas», dice en referencia a todos los demás casos que pesan sobre la presidencia de Bush: la incapacidad de reacción del gobierno federal tras el pasaje del huracán Katrina, que provocó más de 1.200 muertos a fines de agosto, la superación del umbral de los 2.000 soldados muertos en Irak y los problemas de varios altos dirigentes republicanos con la justicia.
Mientras los últimos sondeos le otorgan menos de 40% de popularidad al presidente, el nivel más bajo desde su llegada a la Casa Blanca en enero de 2001, son cada vez más los expertos que establecen un paralelo con el segundo mandato de Ronald Reagan. *
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