Haití: el pueblo exige elecciones, no una selección

Un año y ocho meses después del golpe de Estado en Haití, el sufrimiento humano continúa en aumento. La resistencia pacífica a la opresión es respondida con la violencia. La estabilidad en Haití se ha convertido en sinónimo de represión. Los pobres, despojados de su humanidad, son sacrificados por quienes se han arrogado la autoridad en el país.

Bajo la mirada de las fuerzas de pacificación, un pacífico encuentro deportivo fue transformado en un encuentro con la muerte. Mientras que en todo el mundo el número de refugiados ha disminuido, en Haití ese número ha aumentado. Miles de personas están ilegalmente encarceladas: entre ellas abuelas, madres, padres, hijos e hijas, familias enteras. La voz de una enorme mayoría del pueblo a favor del retorno del presidente elegido legalmente y del gobierno constitucional es sofocada sistemáticamente. Periodistas nacionales, así como extranjeros, son sometidos a detenciones arbitrarias. Todo esto ocurre mientras la privación de derechos de la entera nación se está preparando a través de un proceso electoral.

Toda vez que se le dio una oportunidad para expresar libre y democráticamente su voluntad política, el pueblo haitiano ha elegido consecuentemente el voto en lugar de las balas. Una elección sin exclusiones es indispensable y el proceso en sí mismo debe ser libre, justo y democrático. Estamos en una encrucijada similar a la enfrentada por Sudáfrica en 1994: ¿quién hubiera esperado elecciones libres, justas y democráticas en Sudáfrica, con Nelson Mandela, Govan Mbeki, Oliver Tambo y otros líderes y miembros del Congreso Nacional Africano encarcelados, en el exilio o en la clandestinidad? Para que en Haití tengamos elecciones y no una selección hemos sostenido que:

1) Los miles de miembros de mi partido Lavalas que están encarcelados deben ser liberados y debe permitirse el retorno de aquellos que están en el exilio;

2) La represión que ya ha matado a más de 10.000 personas debe cesar de inmediato;

3) Acto seguido, tiene que haber un diálogo nacional.

El espíritu de diálogo está imbuido en la conciencia colectiva del pueblo haitiano, siempre dispuesto a la inclusión y no a la exclusión. Quienes optan por la exclusión han promovido 34 golpes de Estado en los últimos 200 años. La mayoría continúa haciendo llamados a favor de la paz, del retorno del gobierno constitucional, del diálogo y de elecciones libres y justas. El diálogo verdadero es la única solución para Haití. Con las vidas de millones de personas en juego, los líderes golpistas y sus aliados extranjeros deben actuar con responsabilidad.

El racismo no debería seguir siendo una obsesión patológica entre quienes persisten en castigar a Haití por ser la primera república negra independiente en el mundo.

Como hemos declarado repetidamente, la violencia y el asesinato no son la respuesta. Tampoco la solución para nuestro país puede residir en la exclusión sistemática y en la continua represión. Es claro que el pueblo haitiano quiere la paz y un retorno al estado de derecho. Trabajemos para traer esta deseada paz con una duradera solución política imprescindible para el futuro de nuestra nación. *

 

(*) Jean-Bertrand Aristide fue designado Presidente de Haití en dos elecciones democráticas, fue derrocado por un golpe de Estado el 29 de febrero de 2004, y hoy está exiliado en Sudáfrica. (COPYRIGHT IPS)

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