La derrota de Duhalde hace pensar sobre su futuro

Kirchner, afianzado tras comicios

Afianzado el proyecto político del presidente Néstor Kirchner después de las legislativas del domingo, comenzaron ya las especulaciones sobre sus posibilidades de reelección por cuatro años en 2007, así como sus perspectivas solidificadas de liderar el universo del peronismo como sostén de su idea de forjar una fuerza de poder de centro-izquierda.

Escrito por: ISIDORO GILBERT

Martes 25 de octubre de 2005 | 7:43
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Sobre el lejano 2007, bucean los analistas, suponiendo que Kirchner será su continuación. Antes, deberá definir si avanza, él o su esposa, sobre el control del Partido Justicialista, para no darle margen a sus adversarios que van desde Eduardo Duhalde a Carlos Menem, devaluado hasta la médula, pasando por Adolfo Rodríguez Saá, quien ya reclamó elecciones internas. El PJ está intervenido judicialmente por acefalía

Kirchner ha quedado como la figura central del peronismo, pero bien valdrá preguntarse sobre de qué peronismo hablamos, habida cuenta que junto a nuevos cuadros que ya lo acompañan desde que inició su camino hacia la Rosada, están a su lado, justicialistas más ladeados hacia la ortodoxia que al centro-izquierda, como por caso el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota. O el de Salta, Juan Carlos Romero, aunque este jamás ha hecho fe de kirchnerismo.

En marzo de 2004, hubo un intento de congreso partidario que estalló en pedazos precisamente porque el duhaldismo y la ortodoxia, hasta le dijeron infiltrada a Cristina Fernández quien creyó que podría darle al PJ, entonces, la impronta ideológica que ella y su marido, defienden.

La lista de ortodoxos es lunga sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde se libró realmente la madre de todas las batallas y donde Kirchner con su esposa, Cristina Fernández como espada, casi decapitó al duhaldismo con Hilda “Chiche” González de Duhalde como madrina de las huestes de Eduardo Duhalde, el caudillo camino al ocaso.

Lo hizo en companía de intendentes de distritos sensibles que no pueden ser considerados ni remotamente como progresistas o adalides de otra manera de hacer política a la clientelar que se le achacaba al duhaldismo.

 

“Chiche” Duhalde con menos votos a los previstos

Si se hurgan bien los números finales, en rigor, “Chiche”, solo sacó el 13,3% de los sufragios porque lo que resta al 19,3% que fueron a su boleta como pretendiente a un curul en el Senado Nacional, llegaron desde el derechista PauFe, del comisario ultraconservador Luis Patti, quien reunió el 5,8% de los votos, o casi 300 mil.

Los hombres de Duhalde capotaron en su bastión, Lomas de Zamora y la caída no es únicamente nacional, sino provincial. Y en La Matanza, que es tan grande como cinco provincias juntas, la luz de Cristina sobre Chiche fue ominosa: 38 puntos. Algo parecido ocurrió en distritos claves del Gran Buenos Aires profundo, el tercer cordón, como Merlo o Moreno.

No solo eso: la señora de Duhalde fue superada en varios distritos, como el de San Martín o en Mar del Plata, por la docente Marta Meffei, del ARI; tercera en la jornada.

Digamos que en el Gran Buenos Aires no le fue bien al duhaldismo visto que ese espacio era su baluarte, pero tampoco la Unión Cívica Radical recogió sufragios importantes. Ni el líder del Pro, Ricardo López Murphy, el socio del empresario Mauricio Macri, ganador de la Capital Federal.

Bien en cambio por el conurbano le fue al ARI. Y en pocos pero significativos sitio, para diputados nacionales, la suerte le fue favorable a Patti con su Partido de Unidad Federalista.

Con guarismos todavía más amplios en diferencia para legisladores provinciales quedó fortalecido el gobernador Felipe Solá, que fue quien primero enfrentó al duhaldismo, una especie de punta de lanza a guisa de medir la temperatura y le irá mejor en el futuro, ya que se modificó favorablemente la relación de fuerzas en las dos cámaras de la Legislatura bonaerense que estaba bajo control del duhaldismo.

Pero no la controlará, solo ­y es un avance­ será primer minoría en la cámara baja y si bien en teoría podría acordar con radicales, el gobernador los ve demasiado atados a viejos compromisos con Duhalde. Puede que la paliza del domingo hagan meditar algo a los radicales bonaerenses.

 

El ocaso de algunos dioses

Cristina Fernández la noche del domingo hizo un llamado para que los grandes bonetes de la política den un paso al costado. Algunos lo interpretaron como un mensaje al caudillo aunque ella habló con mayor alcance, en primer lugar, a Carlos Menem, uno de los grandes derrotados.

Que el ex presidente haya perdido en su provincia donde jamás dejó de ganar comicios y hasta al tute cabrero, es una afrenta que no podrá lavársela fácilmente. Kirchner usó para vencerlo a Angel Maza, que fue un incondicional de Menem y ahora, ¿por cuánto tiempo?, lo será del empleado de mayor rango en este país.

El kirchnerismo tendrá mayoría en el Senado nacional y creció bien en Diputados donde gracias a un juego de alianzas, orillará los 115 legisladores, 14 por debajo de los necesarios para el quórum que podrá conseguir con una política de alianzas para asuntos puntuales.

El duhaldismo perdió mucho poder en las dos cámaras.

Un estudio de Clarín otorga a Kirchner el 38,9% de los sufragios en todo el país, porcentaje importante comparado con el 22% que logró en abril de 2003 para llegar a la Rosada. No es un número arrollador, pero si se mira lo desperdigado que queda el resto, lo es.

Por caso, el Partido Justicialista no kirchnerista, que no es un bloque homogéneo, tuvo el 9,5%. La UCR, logró el 15,2%, el ARI, el 7,7%, los partidos de centro-derecha incluido el Pro de Mauricio Macri, el ganador en la Capital Federal, el 8,7%, los socialistas, el 5,7%, la izquierda el 5,2% y otros, 9,1%.

Ahora apagados los ecos del domingo, llegan los tiempos para que el Presidente diga cómo seguirá la agenda prometida de mejorar el ingreso, batir el desempleo a un dígito en serio, hacer caer más rápidamente la miseria.

Y cómo se resuelve eso que el FMI quiere introducir como agenda: el incremento de las tarifas de los servicios públicos.

Algo hay que esperar de los descontentos sociales. Hay una serie de grandes huelgas previsibles porque la vida continúa. *

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